Opinión
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Errores ¿de cálculo?

Errores ¿de cálculo?
Errores ¿de cálculo?
Lola García

Se habla mucho del Falcon presidencial –son cinco aparatos iguales, en realidad– y de su uso excesivo por el presidente del Gobierno. Hay meses del año en que uno de esos aparatos, cuyo gasto total por hora de vuelo se estima en 5.600 euros, hace veinticinco viajes. Añádase a ello el coste del helicóptero-taxi Super Puma que va y viene desde el palacete de la Moncloa hasta el aeropuerto.

En el recurso a estos aparatos de transporte tan caros este presidente no se diferencia demasiado de sus antecesores. Sí ha aumentado la frecuencia de uso, porque Sánchez no esconde su complacencia en comparecer como pasajero distinguido y exclusivo: se aprecia que se siente muy a gusto cuando viaja de esa guisa, que tanto subraya la relevancia del ocupante. Hace lo contrario que los millonarios poderosos, quienes usan reactores privados mucho mejores que los Falcon y procuran a toda costa que no se sepa. Elemental.

La intensificación es llamativa si se compara con el apocamiento aéreo de Rajoy. A José María Aznar le pirraba ejercer de ‘Number One’ en un avión de Estado. Y con Sánchez han trascendido detalles impropios de un mandatario ‘socialista’ y ‘obrero’: vuela en compañía de su esposa para asistir a ‘eventos’ o a recitales –los llaman ‘conciertos’–, como los de The Killers (2018, Castellón) o de Serrat (2022, Barcelona).

Pedro Sánchez tiene en esta predilección aeronáutica uno de sus puntos flacos, vinculado a su gusto obsesivo por mostrarse importante llegando a sus destinos de esa guisa. Es un error de cálculo y quizá no le saldrá gratis llegada la hora de votar.

No es error de cálculo

También llaman ahora error de cálculo a lo sucedido con esos trenes destinados a Asturias y Cantabria que no caben por los túneles. En esta ocasión, llamar a lo sucedido error de cálculo es un ejemplo característico de manipulación del lenguaje por la ministra del ramo, señora Sánchez, que aparentemente va a resultar ilesa. Habría, además, que averiguar si el caso no se remonta a su predecesor, señor Ábalos. Medir mal un objeto no es un error de cálculo. Medir mal algo tan material y comprobable como un ancho de vía o la envergadura de un gálibo es una torpeza, un paradigma de incompetencia. No es en el fondo más difícil que medir una mesa. Ni siquiera hay que proceder a la medición, porque consta desde hace decenios. Desconocer el ancho de vía o las medidas exteriores de un vagón de ferrocarril o de una locomotora no es un error de cálculo, porque el error de cálculo necesariamente implica alguna operación para calcular. Es chapucería y desfachatez ministerial.

El caso de la ‘Ley Orgánica 10/2022, de 6 de septiembre, de garantía integral de la libertad sexual’ (“Ley del solo sí es sí”), está siendo presentado también de forma torticera. La disyuntiva es –’tertium non datur– o que hay error por incompetencia o que existe una conjura de docenas de jueces y magistrados, ellas y ellos, que han decidido vulnerar conscientemente la norma para beneficiar con intención machista a más de cuatrocientos agresores sexuales y violadores de los que cuarenta ya están en libertad. "Soberbia infantil", lo llamó la ahora silenciada –por sus antiguos socios– Manuela Carmena.

Fue un caso ridículo la ley de Derechos Históricos de Aragón. Este es afrentoso, por incompetencia clamorosa del legislador. La incompetencia es una forma gravosa e ignorada de la corrupción, y no solo en política. El incompetente daña y arruina al sistema que lo contiene. En esta ley de efectos tan perniciosos (¿por error de cálculo?) la incompetencia llega al punto de que la ministra, la cual se dice paladín (¿o paladina?) de las mujeres agredidas, denomina al Código Penal de 1995 "código de la manada". Y ya.

El PP saca pecho subrayando estos despropósitos con razón. Con tal antecedente, se barrunta lo que puede acarrear la ley en ciernes acerca de la transexualidad, sobre todo en lo relativo a menores de edad. Pero no hay que fiarse: fue el PP quien dejó intactas leyes de las que reniega sin cesar, entre ellas las derivadas del pacto lingüístico entre Aznar y Pujol y las llamadas de Memoria histórica y de Violencia de género, que algunos miden solo por sus buenas intenciones, pero cuyos graves efectos imprevistos por sus autores siguen intactos. El PP no las derogó ni las alteró cuando pudo llevarlo a cabo.

Propuesta subjuntiva

Los españoles piden sensatez y competencia a sus gobernantes y legisladores, y no propuestas efectistas que se plasman en leyes defectuosas y radicales con secuelas devastadoras. Para evitar leyes así sería mejor fijarse metas de otra clase. Allá por 1900, Alphonse Allais formuló una pensando en los gobernantes incapaces: "Propagar el uso del pretérito imperfecto de subjuntivo entre las clases pobres". Claro que habría que preguntar a estos señores de ahora si saben a qué se refiere semejante cosa.

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