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Badaguás, una empresa de éxito

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 20/08/2022 A LAS 05:00
Badaguás.
Badaguás.
Laura Uranga / HERALDO

Hace unos años, en la época dorada del botín inmobiliario a mansalva y del aventurerismo de cuatro mal llamados empresarios, nadie daba un duro por Fadesa y menos aún por Martinsa-Fadesa, después de que el gallego y avispado Manuel Jové diera el pase de la muerte al madrileño Fernando Martín, el hombre del Real Madrid, de los 10.000 pisos vendidos y con ansias de convertirse en uno de los empresarios más poderosos de España cuando se quedó con Fadesa.

La digestión fue tan pesada que acabó por llevar a la inmobiliaria al concurso de acreedores más gigantesco de la historia de España. La segunda derivada fue dejar a miles de españoles sin su casa, en proceso de pagos de difícil y costosa recuperación y urbanizaciones fantasma sin terminar incumpliendo términos contractuales. Tal fue el caso del conjunto Las Lomas de Badaguás, una urbanización enclavada en plena naturaleza entre Jaca y Sabiñánigo, que quedó inacabada, sin los equipamientos previstos, con no pocos embrollos jurídico-administrativos pendientes y con un ayuntamiento de Jaca, a cuyo término pertenece, que hábilmente supo lavarse las manos imponiendo a los propietarios la carga de la conservación mediante la figura de convertir al conjunto en Entidad Urbanística de Colaboración. A pesar de embolsarse decenas de millones de euros por los carísimos IBI que aplica.

La situación pudo haber acabado en un desastre por el abandono a que podía haberse abocado, pero surgió entonces un fuerte movimiento ciudadano entre los adquirentes de viviendas que se empeñó en resolver las cuestiones más urgentes y poner en condiciones de habitabilidad la urbanización; se abordaría más tarde el proyecto de hacerse con la parcela destinada a zona deportiva y la construcción de un recinto equipado con bar-cafetería, piscina, pistas de tenis, baloncesto y pádel, con una amplia zona de césped.

La tenacidad, el esfuerzo, la iniciativa y el empeño de sucesivos grupos de vecinos han convertido a Badaguás hoy día en una de las urbanizaciones más completas y mejores del Pirineo; han conseguido hacer de su urbanización una empresa de éxito y olvidar la lamentable herencia de desidia y mal hacer que les legó Fadesa.

Hace unos días se celebró el décimo aniversario de la inauguración de la piscina y zona deportiva. Un Badaguás atestado por cientos de familias disfrutó del evento y honró a su patrón, San Bartolomé, anticipando unos días la fiesta. Hubo juegos, concursos varios, competiciones y trofeos con una participación masiva de unos vecinos sabedores de que la unión, verdaderamente, hace la fuerza.

Con el paso del tiempo y los cuidados que se han ido prestando se ha desarrollado una importante y frondosa vegetación, se han mantenido adecuadamente los viales y un hotel de cuatro estrellas completa la urbanización.

El prometido campo de golf, que nunca ha tenido buenos gestores, ha terminado por quedar inservible, en espera de que alguien decida ponerlo en marcha con solvencia, lo que no impide que hoy Badaguás, pese a todos los bulos interesados que han circulado, sea una auténtica empresa de éxito y un magnífico paraje natural donde disfrutar de unas relajadas vacaciones en cualquier época del año.

Esta historia es un ejemplo de cómo la unión y el compromiso de los ciudadanos y la especial dedicación de algunos a la cosa común, con la comprensión y apoyo de los demás, es la mejor garantía de que las cosas salgan bien; de que se alcance un éxito, allí donde pomposas y dudosas empresas han fracasado estrepitosamente.

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