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la firma

Disputas mundialistas

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 30/07/2022 A LAS 22:00
El presidente de Aragón, Javier Lambán, y el alcalde de Zaragoza, Jorge Azcón, han firmado este miércoles una carta dirigida al presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales,
El presidente de Aragón, Javier Lambán, y el alcalde de Zaragoza, Jorge Azcón,
LUIS CORREAS / Gobierno de Aragon

Las diferencias entre el Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza crecen y crecerán a medida que se aproximen las elecciones municipales y autonómicas. La tensión política refleja una rivalidad que solo genera un desgaste gratuito.

La anteúltima polémica, segunda en una misma semana después del lío por la elección del interlocutor para el Mundial de fútbol de 2030, trascendió el viernes al conocerse la disputa por la concesión de la licencia de la residencia de jóvenes del Actur, pero todo sirve para explicar cuál es el clima político entre el Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza. A menos de un año para las elecciones, las cuestiones menores, que habrían de sostenerse en la irrelevancia que fija lo rutinario, se convierten en mayúsculos pataleos. La bronca por la designación del interlocutor ante la Federación Española de Fútbol (RFEF) para la defensa de la candidatura de Zaragoza del Mundial ha sido el enésimo ejemplo de una forzada discrepancia en la que el desacuerdo aparece sin reparar en el desgaste de imagen que sufre la ciudad. El aspecto público de la polémica se explica fácilmente. Las partes (Federación Aragonesa de Fútbol, Real Zaragoza, Ayuntamiento y Gobierno de Aragón) acordaron por mayoría que el concejal de Urbanismo, Víctor Serrano, sería quien asumiría el papel de representante ante la RFEF. El director general de Deportes, Javier de Diego, presente en el encuentro, manifestó su disconformidad con la designación al tiempo que aceptaba la voluntad expresada por la mayoría. Pasadas unas pocas horas, un comunicado del Gobierno rechazaba la designación del concejal considerando que, ante la proximidad de las elecciones, debía evitarse cualquier politización. La tormenta generada en un vaso de agua quedó resuelta en menos de 24 horas cuando la Federación Aragonesa insistió en la necesidad de ofrecer un perfil que contase con el imprescindible conocimiento como para defender la candidatura. No cabían cargos de representación que, pese a contar con estupendas trayectorias deportivas, fueran ajenos a cuestiones organizativas.

Elegir como representante de la ciudad de Zaragoza a quien ostenta la propiedad del campo de fútbol, que conviene recordar es el Ayuntamiento, concede cierto amparo a este acuerdo, aunque la decisión queda aún más armada cuando se cuadra con el hecho de que el futuro estadio se quedará en su actual ubicación sin que, por el momento, se conozca cuál será el grado de colaboración del Gobierno de Aragón. De la DGA se intuye lo que opina sobre la localización por lo expresado en forma de abstención por el PSOE municipal, poco más, y también que en la lucha contra el reloj se siente mucho más concernida, al igual que el resto de los partidos, por la cita de las elecciones municipales y autonómicas que por la fecha del Mundial.

Corre el tiempo para todos, tanto para el Ayuntamiento como para el Gobierno de Aragón, y mientras los días pasan, el PSOE cede incomprensiblemente el protagonismo de este gran proyecto a los populares. Si Azcón interpretó con rapidez que nada ocurría si la interlocución con la RFEF era ostentada por Víctor Serrano (Ciudadanos) –la coalición se consolida mientras se da a los naranjas una ventana de visibilidad de la que están necesitados–, el presidente Lambán renunció a conceder un favor político que, quién sabe lo que puede ocurrir, quizá pudiera haber sido cobrado en el futuro. La reacción de Lambán fue una respuesta directa enviada a Azcón que no reparó en las muchas esquinas que posee la política aragonesa.

Ciudadanos llevaba meses buscando un cierto protagonismo con La Romareda y se había ofrecido a PP y PSOE como el necesario punto intermedio que habría de evitar que tanto una como otra formación se impusiera políticamente a su contraria. Aunque nada se había cerrado con el Gobierno de Aragón, todo parecía indicar que se aceptaría el papel que demandaba Ciudadanos. Desde el Pignatelli se valoró dar esa baza a los naranjas, aunque la desconfianza se centraba, y así sigue siendo, en Serrano, a quien el PSOE ve en exceso próximo a Azcón. Los socialistas quieren de Serrano algo que este nunca les dará y que no es otra cosa que el hecho de marcar distancia e, incluso, establecer alguna polémica con el PP en el Gobierno municipal. Desde luego, este no es el perfil de Serrano, como tampoco lo es el de Ciudadanos en el Ayuntamiento ni en las Cortes, donde su condición liberal le permite mantener un intermitente respaldo al Pignatelli.

La rivalidad entre Lambán y Azcón, ahora centrada en el concejal de Urbanismo, eleva a la categoría de problema aquello que una simple llamada de teléfono podría resolver, advirtiendo, a su vez, de lo larga e intensa que va a ser la precampaña.

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