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la columna

No tirar nada

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 18/05/2022 A LAS 05:00
Adiós a las simbólicas torres de Andorra
No tirar nada
Jorge Escudero

Las torres del Pilar rinden homenaje a las torres de la prejubilada central de Andorra (Teruel, Endesa, Enel, Italia), que han sido demolidas. 

Las torres, en la distancia, guardan una simetría vertical, que es la difícil. Por eso se cayó un trocito de revoque de una torre del Pilar el otro día, como signo de respeto y despedida a las de refrigeración de la extinta central de Andorra.

Las torres siempre son de refrigeración pues administran el frescor, sobre todo a la vista, ya que en general no es fácil subir a ellas. Y menos, gratis. Las torres, como el resto, siempre son de alguien. Y cuesta mantenerlas erguidas. La vertical siempre cuesta. En Aragón, patria de la Torre Nueva y la Torre del Agua, han caído las de Endesa, y hay cierto luto en altura.

El Pilar puede tener símbolos chinos, tal como sugirió José Manuel Chamorro Navarro (Heraldo, 2017) con poco eco, aunque las franjas taoistas se aprecian desde la calle, o quizá por eso. Las torres se despiden entre sí. La Torre Nueva zaragozana (1512-1893) siempre está en vilo. Así que las tres sorores de Andorra, y la que falta por derribar, la chimenea o cheminera (343 m.) cobrarán vida extra en el limbo de los mitos. Habría que certificar con las barras de Aragón y embalsamar trozos de escombros de la central de Andorra para venderlos como si fueran cascotes de Chernobyl o tarugos del Muro de Berlín. El negocio es siempre inminente y con esos souvenirs se podría ayudar a pagar la agencia espacial turolino-aragonesa. El caso es ser sostenibles y aprovecharlo todo.

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