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¿Es guay la derecha?

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 30/04/2022 A LAS 14:36
Concentración de apoyo a Isabel Díaz Ayuso en Génova
¿Es guay la derecha?
Emilio Naranjo

Los procesos electorales y los estudios sociológicos apuntan a que en Occidente se está produciendo un avance de la derecha, bien sea en su versión liberal, bien conservadora o populista. 

Y no se trata de una tendencia ligada solo al segmento de edad más avanzada, sino también a los jóvenes. Los europeos de 18 a 24 años se autositúan ideológicamente en la derecha, según una encuesta de la fundación liberal Fondapol.

Más allá de la fluctuante tendencia electoral, hay una clara evolución ideológica que se percibe en los programas políticos, el lenguaje e incluso en las modas literarias. Por ejemplo, en Estados Unidos se ha vivido una rehabilitación entusiasta, a hombros del expresidente Trump, de Ayn Rand. Esta escritora lleva décadas inspirando el pensamiento ultraconservador desde que su novela ‘El manantial’ (1943) se convirtiera en la biblia de los defensores del individualismo. No es este un dato baladí porque el trumpismo se ha consolidado como una corriente poderosa dentro de las llamadas ‘guerras culturales’, esas batallas teóricas que el sociólogo James Davison Hunter bautizó en 1991 para explicar cómo una sociedad se polariza en torno a fracturas ideológicas como el control de las armas, el aborto, el discurso de género o el lenguaje políticamente correcto.

En una Francia en la que la ultra Marine Le Pen ya no asusta a la ciudadanía, no brilla el ingenio intelectual de la izquierda. Hoy, ningún filósofo tiene la proyección de Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Albert Camus, Michel Foucault u otras figuras que acapararon el pensamiento de la segunda mitad del siglo XX. Por el contrario, se reedita a Charles Maurras, autor reaccionario y antisemita que fue el ideólogo del ‘nacionalismo integral’.

Buena parte de los jóvenes de los años setenta y ochenta eran de izquierdas. Crecieron con el espíritu contestatario del Mayo del 68 y Vietnam. Los de hoy se identifican más con los valores de la derecha. ¿Qué hay detrás de esta evolución? En la década de los noventa, el consenso social-liberal que se implantó en Occidente tras la II Guerra Mundial se resquebrajó rompiendo la conexión entre crecimiento económico y progreso social. Poco a poco ha ido cuajando la sensación de que el Estado ya no es capaz de garantizar un porvenir digno. De ahí surge la derechización, la exaltación del individualismo y un convencimiento de que el Estado interfiere excesivamente en la actividad económica privada. Además, como ha explicado Mark Lilla en ‘El regreso liberal’ (2018), la izquierda ha diluido su proyecto político al haber abandonado la defensa de la clase media para dedicarse a las reivindicaciones identitarias de las ‘minorías’ (emigrantes, homosexuales, feminismos…).

Muchos jóvenes están sufriendo en la actualidad una postergación sin precedentes en la historia reciente: no encuentran un empleo estable y dignamente remunerado acorde con su formación, no se pueden emancipar y ni siquiera tienen expectativas de hacerlo a medio plazo. Al buscar respuestas recalan en el ideario de la derecha porque, como dice Ignacio Urquizu en su ensayo ‘¿Cómo somos?’ (2019), "si la gente corriente percibe que la izquierda no es útil para resolver sus temores y su pesimismo, prescindirán de ella".

La globalización ha hecho que en las sociedades en las que aumenta la brecha entre ganadores y perdedores, quien se siente fuera de juego se rebela votando a quienes más se oponen al sistema. Ahora, a este fenómeno se suma el atractivo del renovado discurso de la derecha ‘cool’ (tipo Isabel Díaz Ayuso) y de la ultraderecha ‘bien vista’ (Marine Le Pen). Habiéndole arrebatado a la izquierda la bandera de la indignación y la rebeldía, unen los tradicionales principios de nacionalismo, rechazo al emigrante y anti-Estado con posturas ecologistas y guiños a la comunidad LGTBI. Los ideólogos de la nueva derecha no escriben sesudos ensayos como hicieran Sartre o Foucault, sino que utilizan las omnipresentes redes sociales para conquistar también a los jóvenes. El péndulo ideológico vira en Occidente hacia la derecha.

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