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El asilo, una prioridad

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 26/04/2022 A LAS 22:00
Refugiados en Aragón.
El asilo, una prioridad
J. Belver/F. Jiménez/T. Galán

España ha vivido una larga historia de exilios entre el siglo XV y el siglo XX. 

Aunque a veces el último de estos grandes éxodos políticos, el provocado por la Guerra Civil de 1936-1939, haya contribuido a hacer olvidar los anteriores. Estos tuvieron una enorme importancia y trascendencia en la historia de España: judíos, moriscos, jesuitas... Así como las emigraciones de afrancesados, liberales, carlistas y republicanos, entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XX. También podemos recordar la emigración masiva desde Alemania en los años treinta de los que no estaban de acuerdo con la política de Hitler.

Ahora estamos contemplando a millones de personas, mayoritariamente mujeres y niños, que huyen de Ucrania. Ha sido el éxodo más rápido desde la Segunda Guerra Mundial. La respuesta de los países europeos está siendo muy diferente a la de la crisis de refugiados de 2015. Afortunadamente hoy Europa está desarrollando una respuesta distinta y más cercana a los valores que propugna. Con dicha respuesta la Unión Europea se muestra como garante de la democracia y el estado de derecho, frente a Rusia, cuyo modelo autocrático e iliberal es capaz de desafiar al orden de seguridad europeo e internacional. Así es como la acogida de refugiados ha vuelto a ganar valor moral.

La crisis de Ucrania y la acogida de los que huyen pueden ser el incentivo
que las instituciones europeas necesitaban para hacer de la inmigración
y el asilo una prioridad en la agenda política de la UE

Los ciudadanos europeos, solidarios en su respuesta al drama humano que acarrea una guerra como la que estamos viviendo, debemos pedir a la Unión Europea el compromiso de seguir avanzando en la configuración de una política de inmigración y asilo más ambiciosa que la actualmente vigente. El actual modelo provoca consecuencias muy gravosas para países como España, Italia, Grecia o Malta, cuyas fronteras son también fronteras exteriores de la Unión y soportan habitualmente una fuerte presión migratoria. Es necesario retomar el documento que la Comisión Europea planteó en septiembre de 2020 bajo el título ‘Nuevo pacto para la migración y el asilo’. Contenía los fundamentos de un nuevo armazón jurídico en la materia. Entonces fue rechazado por algunos Estados y el Parlamento Europeo impidió su aprobación.

Cada vez más conocemos que hay periodistas, así como artistas, cineastas, informáticos y científicos rusos que se niegan a identificarse con el régimen que está librando esta sangrienta guerra y que rechazan que las matanzas en Ucrania se lleven a cabo en su nombre. Y empezamos a saber que las vidas de muchos de ellos corren peligro si permanecen en Rusia. El Parlamento ruso ha votado las nuevas enmiendas al Código Penal que equiparan cualquier protesta contra la guerra a un caso de alta traición, por lo que los acusados podrían enfrentarse a penas de hasta 20 años de prisión. Emociona leer que ellos, en esta situación tan dura y difícil, han expresado que sus ideas y esperanzas están con el pueblo ucraniano, que sufre de una manera mucho más cruel, dado que luchan por su supervivencia y su libertad, viven bajo las bombas y se ven obligados a resistir la agresión de Putin.

De nuevo, Rusia está sufriendo la salida de exiliados, como la efectuada tras la revolución de 1917, cuando la mayoría de los rusos instruidos huían de los bolcheviques. Algunos de los que huyeron en aquel entonces se convirtieron en personalidades de fama mundial y contribuyeron en gran medida al desarrollo del arte y la ciencia en todo el mundo. Esos refugiados fueron, por ejemplo, Nabokov, Rachmaninov, Stravinsky, Diaghilev, Anna Pavlova, Chagall, Kandinski.

Como señalaba Paulo Freire en su magnífico texto de la ‘Pedagogía de la esperanza’: "Nadie llega solo a ningún lado, mucho menos al exilio... Cargamos con nosotros la memoria de muchas tramas, el cuerpo mojado de nuestra historia, de nuestra cultura".

No hay duda de que esta crisis de refugiados es distinta. Pero si queremos seguir siendo referente en lo normativo y moral, lo fundamental, es decir, el derecho al asilo sin excepción, no debería cuestionarse. La actual crisis de Ucrania y el apoyo de los ciudadanos a su acogida pueden ser el incentivo que las instituciones europeas necesitaban para retomar el tema y hacer de la inmigración y el asilo una prioridad en la agenda política de la Unión.  

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