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Esta guerra

Por
  • Francisco José Serón Arbeloa
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 25/04/2022 A LAS 05:00
Local residents carry belongings past a building destroyed during Ukraine-Russia conflict in the southern port city of Mariupol, Ukraine April 19, 2022. REUTERS/Alexander Ermochenko UKRAINE-CRISIS/MARIUPOL
Esta guerra
ALEXANDER ERMOCHENKO

Los Estados establecen relaciones tanto a nivel nacional como a nivel internacional en materia política, económica y jurídica, y en ellas influyen con más o menos fuerza: las organizaciones internacionales, las no gubernamentales (ONG), las empresas multinacionales relacionadas con la defensa, la energía, la farmacia, la tecnología de altos vuelos y la del dinero, así como cualquier otro actor nacional o internacional.

Pero su influencia es de alguna manera imprevisible, lo que hace que las decisiones que los Estados toman para adaptarse al continuo cambio social que se produce se guíen por la estadística, la probabilidad y la economía.

Las relaciones entre los Estados son complejas y se ven influidas por múltiples
actores, así que es difícil prever cómo evolucionarán

De todos es conocido que el problema de organizar la sociedad es tan sumamente complejo que resulta insoluble para un cerebro humano, o incluso para muchos cerebros que trabajen en colaboración, lo que se ha demostrado durante las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, las cuatro y pico semanas de cada mes durante todos los meses de cada año y eso desde que el ‘Homo sapiens’ apareció sobre la faz de la Tierra. Entre los ‘sapiens’ que intentan organizarla destacan (por decir algo) los que se denominan ‘dirigentes’. En la actualidad los hay muy malos, malos y menos malos, que pretenden entender esa complejidad y proponer soluciones. Pero mientras nadie demuestre lo contrario, y ojalá estuviera equivocado, las típicas soluciones que podemos observar que aportan son las proporcionadas por la experiencia de partido, de gobierno y del bla, bla, bla institucional, en las que siempre se nota de forma descarada que intentan salir lo mejor parados ya sea el dirigente, su partido, su ideología, los grupos de presión que los apoyan, y de paso arrastran a la sociedad a quien dicen que representan.

En este maremágnum, la guerra es otro hecho social en el que las naciones involucradas, que atacan o se defienden, movilizan y fuerzan hasta el límite todos sus recursos disponibles, ya sean humanos, militares, industriales, agrícolas, naturales, tecnológicos, científicos o de cualquier otro tipo, para destruir la capacidad del otro. La guerra es un fracaso de la humanidad y de la política, su práctica va de la mano del hombre desde su principio, y siempre que hay guerras se producen delitos, ya que ello viene servido en el mismo plato. El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, establecido en 1998 y en vigor desde el año 2002, tipificó cuatro delitos para la competencia de la Corte relacionados con la guerra, a saber: el crimen de genocidio, los crímenes de lesa humanidad y los crímenes de guerra, que fueron definidos en los artículos 6, 7 y 8, respectivamente, y a partir de 2010 un artículo 8bis que está relacionado con el crimen de agresión.

Ahora nos vemos sorprendidos una vez más por una guerra que nos obliga a reaccionar

Ahora tenemos ante nosotros una guerra que nos impacta de forma más directa. Al parecer el causante tiene cara, nombre y unos circuitos cerebrales en los que está firmemente anclada el ansia de poder. Y la parte del mundo cercana a la zona de conflicto invadida va tomando decisiones ‘estratégicas’ entre las que se encuentran ayudar de lejos de forma humanitaria y armamentística a unos, y a los otros imponerles sanciones económicas mientras se les sigue pagando por su petróleo y su gas. ¿Ven cómo la sociedad es un lío difícil de entender?

A lo largo de la historia, cada cambio importante de avance origina una respuesta retrógrada. Por ejemplo, en el siglo XX creció la democracia y se potenciaron los organismos supranacionales como la Unión Europea; pero también crecieron el fanatismo religioso y los nacionalismos. El resultado de lo que está pasando ahora no es previsible. Puede que algunos acaben avanzando dando dos pasos hacia adelante y otro hacia atrás, y otros retrocediendo dando un paso hacia adelante y dos pasos hacia atrás.

Para situar mi posición, acudo a palabras de Ramón y Cajal: "Casi todos los males de pueblos e individuos dimanan de no haber sabido ser prudentes y enérgicos durante un momento histórico, que no volverá jamás", y Europa no lo ha sido.

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