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La Administración y la maldita cita previa

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 28/02/2022 A LAS 05:00
Oficinas del SEPE en Zaragoza.
La Administración y la maldita cita previa
Toni Galán / HERALDO

Puede que se trate de la resistencia al cambio que los individuos y las sociedades suelen oponer a las alteraciones que se producen en su entorno y que afectan a su estatus de confort, pero lo cierto es que en la sociedad española, y en particular en los grupos de población de mayor edad, se está registrando una cierta rebelión en contra del fenómeno de la digitalización; mejor dicho, contra la forma en que se está haciendo, imprevista, precipitada, urgente y marginando a numerosos colectivos.

Una de estas manifestaciones ha sido la hazaña del médico Carlos San Juan, que ha logrado reunir 600.000 firmas de gente cabreada con la banca en general y que ha tenido como conclusión la firma de una serie de acuerdos que favorecen al grupo de mayores y la recuperación del servicio bancario tradicional, ampliación de horarios, presencialidad, etc. La propia ministra de Economía presidió la firma.

La banca ha sido el objetivo de las críticas por su intransigencia a la hora de recortar servicios; pero hay otro gigantesco leviatán instalado en la sociedad del que no debemos olvidarnos y al que hay que reclamar también una actuación mucho más moderada y ajustada a su función de servicio público: el conjunto de las administraciones públicas.

Desde que Mariano José de Larra fustigara con ácido humor a la administración española en su famoso artículo ‘Vuelva usted mañana’ hace doscientos años hasta la ‘componente 11’ del pomposo plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia que ha elaborado el actual Gobierno ha habido muchos intentos de reformar nuestra Administración, por lo general arrinconados y fracasados, imposibles de llevar a cabo por el lastre que representa una estructura compleja, oscura, intransitable salvo para expertos, arcaica en sus orígenes y laberíntica e impenetrable, defensora de su misma mismidad antes que del ciudadano a quien sirve y que es quien le paga.

Porque la desconexión entre administradores y administrados es cada vez mayor y supone una enorme falta de respeto y un desconocimiento de los derechos de la ciudadanía. Al ‘vuelva usted mañana’ ha sucedido el ‘llame usted mañana’, el ‘vuelva a intentarlo’, ‘hágalo por internet’, ‘utilice el certificado digital’ o ‘pida una cita previa’. Y a este paso lo siguiente será ‘ni se le ocurre a usted venir por aquí; haga el favor de no molestar, estamos muy ocupados con la resiliencia’. Antes era la falta de una póliza de unos céntimos lo que bastaba para que te excomulgaran de las ventanillas; hoy estás automáticamente excluido de un sistema gigantesco, poco amistoso y bastante inútil para ayudarte o solucionar tus pequeños o grandes problemas.

Así que vamos a ver si recogemos otras 600.000 o más firmas y conseguimos que las administraciones públicas se pongan las pilas y al verdadero servicio del ciudadano. Y deja de ser una exigencia lo de las citas previas, los diagnósticos por teléfono y las complejas páginas informáticas tras las que se blinda la función pública para relajar o dilatar sus obligaciones.

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