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el mirador

El raro caso del bulo verdadero

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 16/01/2022 A LAS 05:00
El raro caso del bulo verdadero.
El raro caso del bulo verdadero.
Leonarte

Un manejo pobre del inglés pide atención a los llamados ‘falsos amigos’, palabras (como support, attrition, comprehensive, revolve, advise, retribution, bland, fabric, complexion, fume, insane y cien más) que no significan lo que parece.

¿Se habrá, pues, entendido bien lo que el ministro Garzón dijo, el 6 de enero, a Stephen Burgen, periodista de The Guardian o será una mala traducción? Porque Garzón, con el tajante refuerzo de Pablo Echenique, ha afirmado que se trata de un bulo, de una invención para dañarle.

Hay bulos eficaces. Son de especial recordación los que se difundieron el 11 de marzo de 2004, cuando los atentados de los trenes madrileños llenaron el país de espanto y asombraron a Europa por la magnitud de su barbarie. El 14 eran las elecciones en las que el PP de Aznar y el PSOE de Rodríguez Zapatero se jugaban el ser o no ser gobierno. Simplificando: si la gente creía que la atrocidad era cosa de ETA (Otegi estaba despavorido esa mañana), ganaría el PP. Si era obra de la yihad islamista, ganaría el PSOE. Aznar y su cohorte (Acebes, Ana Palacio en la ONU) aseguraron con vehemencia lo que les convenía: la salvajada era obra de ETA. Aznar mismo llamó a ciertos medios de comunicación como si tuviera pruebas seguras del caso. Un periodista de la principal cadena de radio, en hora de máxima audiencia, aseguró estar viendo las fotografías de nueve presuntos etarras, probables autores del gran crimen, según la Comisaría General de Información: tres mujeres y seis hombres.

La desinformación de signo contrario obró con celeridad y a las nueve y media de la noche, Zapatero llamó al director de El Mundo, Pedro Ramírez, y le dijo que entre los muertos de los trenes había uno o dos islamistas suicidas. Se lo habían dicho "desde dentro" (de la Policía). La hipótesis se abrió paso con rapidez y llegó a difundirse como certeza, agitada hábilmente por Rubalcaba. Este bulo ganó la batalla, lo que se tradujo en la derrota de Génova y el triunfo de Ferraz. Ambos asertos incluían bulos bien urdidos que, apoyados en la autoridad de sus creadores y difusores, eran casi imposibles de desmontar sobre la marcha.

En España, como en todos los países, se crean bulos, políticos o no, con diversos fines. Los hay de difícil comprobación, pero otras veces no puede ser más simple

Un bulo que no es un bulo

En cambio, es sencillo comprobar si es o no un bulo lo que ha dicho el ministro de Consumo. Como pide el buen método, fijemos primero la cuestión exacta. No se trata de si dijo obviedades ecologísticas (que las dijo), ni de si calló lo que no le convenía (que lo calló), ni de si lo que declaró perjudicó a España (que la perjudicó, dada la nacionalidad del diario). Se trata de establecer si se le atribuyen cosas que no dijo, como que España produce y exporta carne deficiente de animales enfermos; que la ingesta de carne está influida por el machismo; que si los españoles comen menos carne (vacuna, sobre todo) mejorará mucho el medio natural; y que de lo contrario, España acabará siendo un desierto.

Tampoco se trata de saber por qué exageró tanto, ni por qué omitió decir que el consumo español de vacuno es muchísimo menor (ocho veces) que el de pollo, cerdo, ovino y charcutería juntos; ni por qué calló que los españoles son los europeos más longevos, a pesar de consumir como media diaria unos 145 gramos de carne.

Se trata de saber si es un bulo imputar al ministro esas afirmaciones y omisiones y sus consecuencias negativas. ¿Las han inventado sus enemigos de dentro y fuera del Gobierno? En el nefasto marzo de 2004 no se pudo saber al momento si se trataba de bulos; pero el test de Garzón es instantáneo y fácil. Todas las declaraciones que se le atribuyen son suyas y las dijo así, machismo incluido. Según Garzón, hay hombres –se entiende que en proporción significativa– cuya masculinidad, según creen, se vería afectada si no pudieran comerse un filete o hacer una barbacoa: "...felt their masculinity would be affected by not being able to eat a piece of meat or have a barbecue". Lo dijo tal cual.

La menor ingesta de carne será nada menos que un factor decisivo (‘desempeñará un papel clave’, "will play a key role") para atenuar los efectos de la emergencia climática, frenará la desertificación y beneficiará al turismo, sector económico vital para España. Así dice el diario inglés que lo dijo y si el ministro no ha pedido rectificación es sin duda porque sabe no solo que lo dijo, sino que está grabado y bien transcrito por Burgen.

Garzón insistió en la especial significación del vacuno criado en macrogranjas  ("industrial megafarms" ) que, según la estadística especializada, es un porcentaje cercano a la insignificancia en el total español de producción de carne.

En fin: no es un bulo, aunque Garzón y Echenique aseguren con insistencia que sí lo es. Lo falso es propalar que a Garzón lo acusan con patrañas tanto derechistas como socialistas.

Nada de eso: dijo lo que se dice que dijo. Y ojalá que Garzón fuera un bulo. Pero es de verdad.

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