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Cartas: "Dolores insufribles en espera de una operación"

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  • Heraldo de Aragón
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 10/01/2022 A LAS 05:00
Acceso a las Urgencias del Hospital Royo Villanova de Zaragoza.
Acceso a las Urgencias del Hospital Royo Villanova de Zaragoza.
Francisco Jiménez

No estoy recibiendo la debida atención sanitaria ante mi operación de cadera para colocar una prótesis. Mi traumatóloga observó calcificaciones de un tamaño considerable que son la causa de los fortísimos dolores que estoy sufriendo. He estado en cuatro ocasiones en las Urgencias del Royo Villanova, las tres últimas el 20 de septiembre, el 28 de noviembre y el pasado 6 de enero, cuando tras un mes con muchísimos dolores me he visto en la necesidad de acudir de nuevo y me han vuelto a tratar con goteros con calmantes. En los tres últimos meses mi deterioro ha evolucionado negativamente de manera exponencial, tiemblo entero al caminar, no tengo estabilidad, no puedo subir escaleras, en la cama no puedo mantener una postura fija y cuando me giro me duelen mucho las piernas, la cadera y la espalda. Mis huesos suenan fuertemente. Estoy sufriendo mucho. En un mes me veo postrado y soy muy joven para estar en esta situación. Mi familia depende de mí. A nadie le importa que yo esté sufriendo. Para la lista de espera, para el archivo informático, no existo. Soy conocedor del raquítico número de traumatólogos que nos corresponde en el Sector 1 respecto a por ejemplo el Sector 3 del Hospital Lozano Blesa o al Sector II del Miguel Servet, donde disponen de más del doble de traumatólogos, siendo además 80.000 personas menos que las del Sector 1. Esto es una realidad que yo como paciente no tengo que sufrir. La sanidad pública aragonesa está al servicio del ciudadano y la consejera Sira Repollés, como responsable, tiene que organizarla para que mi caso no quede ahí apartado sin ser atendido. Si no pueden operarme en mi sector, que lo hagan en otro. Le ruego encarecidamente a la consejera que intervenga y que haga que sea atendido. Me despido en la confianza de que me ayude.

Luis M.ª Catediano Oñate ZARAGOZA

Los modernos superhéroes

En los pandémicos tiempos que vivimos, cuando la ética, la educación y la religiosidad brillan por su ausencia, los jóvenes y no tan jóvenes buscan referencias y patrones en los que reflejarse, encontrándonos ante un aluvión de nuevos superhéroes y superheroínas, casi siempre pergeñados por la imaginación yanqui. En mi niñez me encantaban estos personajes y se limitaban a ocho o diez, capitaneados por Supermán (aunque yo era un fiel seguidor de la Masa, actualmente conocida como Hulk). Hoy la invasión de estos personajes moñas es total, creando la factoría del cine americano cientos de semidioses, asfixiándonos hasta el hartazgo con películas, series, videojuegos, plataformas y ‘merchandising’ especulativo, sustituyendo a los antiguos héroes clásicos y bellos ángeles antiguos. Nuestra sociedad se embelesa con estos personajes de ficción, casi siempre en mallas y marcando cachetes, olvidando a los verdaderos héroes de nuestra época, que no son otros que misioneros, militares, policías, sanitarios, que constantemente velan por nosotros, llegando en ocasiones a realizar verdaderos actos de heroicidad. Enseñemos a nuestros hijos dónde están los verdaderos héroes en este planeta azul, a veces duro, peligroso, pero siempre maravilloso, donde habita la humanidad.

Miguel Romanos Mur

ZARAGOZA

Ni una sola tos

Pude disfrutar del primer concierto del año del ciclo de iniciación a la música clásica en el Auditorio. Se ha suprimido el servicio de cafetería; y el concierto, una maravilla que combinaba música, danza, coros y arias, se efectuó sin descansos. Cumpliendo con la normativa, se controla la entrada con pasaporte covid y DNI, pero quiero resaltar algo curioso que hasta la fecha no se había producido: en las largas dos horas de duración, ni una sola tos, ni entre interludios de las piezas ni al principio ni al final. ¿Será el temor a que los vecinos de asiento nos miren como apestados, en estos tiempos en los que un simple estornudo nos hace alejarnos de cualquiera? Lo desconozco, pero desde luego se agradece escuchar un concierto sin toses después de muchos años de quejas en este sentido.

José María Navarro Duerto

ZARAGOZA

En el frío de la noche

El gato callejero mira hacia arriba las luces de las ventanas. En su instinto barrunta fiesta. El vagabundo mira sus propias pisadas cansadas, de desidia, con el pensamiento en blanco. Busca un rincón en la calle para descansar. Lleva debajo del brazo sus pocos enseres. La noche es festiva, se celebra la Navidad. El gato maúlla con desespero. El vagabundo observa al gato y se pregunta si de alguna ventana le echarán las sobras de una cena. Los maullidos resuenan como lloros de bebés. El vagabundo se acerca al gato, le habla con ternura. Miran los dos hacia las ventanas, maullando sus desconsuelos. La noche es fría. Las luces de las ventanas se van apagando. Caras sonrientes se reflejan tras los cristales. El gato sigue maullando y se aleja con el rabo entre las patas. El vagabundo busca un rincón caliente y entre cartones coloca su lecho. Se desea feliz Año Nuevo.

Pilar Valero Capilla

ZARAGOZA

Test y protección de datos

El 28 de diciembre acompañé a un amigo a hacerse un test de antígenos al centro de salud en la calle Domingo Miral de Zaragoza. Había unas cincuenta personas esperando. Tras hacer los test y pasar un tiempo, salió una persona que iba diciendo los nombres en alto y el resultado: «Fulanito, positivo; Menganita, negativo...». ¿No hay otra manera más discreta de anunciar si uno tiene o no una enfermedad? Y no creo que fuera una broma por el día que era. Viva el secreto médico.

César Ramón Carnicer

Zaragoza

Siente a un rico a su mesa

La buena costumbre navideña de sentar a un pobre a la mesa ha quedado un poco en el pasado, ahora es posible sentar a un rico a la mesa, que es más comprometido. A un pobre se le contenta con poco, a un rico hay que escogerle muy bien lo que se le ofrece. En casi todas las familias hay un pobre y hay un rico. El rico aguanta al pobre con gran esfuerzo y buena voluntad, mientras que aguantar a un rico produce vergüenza y complejo de inferioridad, porque nunca se está a su altura. Pobres y ricos juntos son incompatibles y ambos se sienten muy incómodos. El pobre teme que el rico presuma de su riqueza y el rico teme que el pobre le pida algo. Ya no se trata solo de soportar a cuñados y suegros en la mesa navideña, también de juntar a ricos con pobres. ‘Hombre rico, hombre pobre’ fue una serie de televisión; muy complicado cuando es una realidad.

Nadala Peri Rosellón

TERUEL

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