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Excesiva satisfacción

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  • EDITORIAL
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 30/12/2021 A LAS 05:00
El presidente del Gobierno durante la rueda de prensa en la que presentó su balance del año.
El presidente del Gobierno durante la rueda de prensa en la que presentó su balance del año.
Eduardo Parra / Europa Press

Múltiples incertidumbres económicas, contagios que se disparan, sanitarios que aseguran estar desbordados, nada de eso impidió que ayer el presidente del Gobierno presentase un balance de su gestión en 2021 teñido de excesiva satisfacción.

Es cierto que las circunstancias de España son hoy mejores que hace un año, gracias al esfuerzo y al sacrificio de muchos, pero el discurso triunfalista de Sánchez ni está justificado ni sintoniza con la inquietud que viven los españoles

Llamativo resulta que el presidente presuma de su trabajo frente a la pandemia, cuando el Ejecutivo central se ha desentendido desde hace meses transfiriendo la responsabilidad a las comunidades autónomas sin ni siquiera proporcionarles un marco de seguridad jurídica. Ayer mismo se aprobaba la reducción de los periodos de cuarentena, una medida no exenta de riesgos, pero casi obligada ante el crecimiento de las bajas laborales provocadas por el virus. Se estudia también el posible retraso de la vuelta a clase, otro índice de la preocupación y el grave trastorno que está generando la nueva ola del virus. Ante ello, además de perseverar en la vacunación, el éxito de cuya campaña se ha convertido en el fetiche del presidente, se echa de menos una verdadera capacidad de liderazgo para la toma de decisiones. En el plano económico, Sánchez esgrime una recuperación que se está quedando mucho más corta de lo previsto y que encuentra numerosas dificultades. Y una reforma laboral que cuenta, es cierto, con el mérito de haber sido acordada con los agentes sociales, pero que no tiene garantizados los apoyos parlamentarios. De otro lado, el presidente reprochó a la oposición el tono bronco que ha adquirido la pugna política y la escasa disposición para los acuerdos de Estado, pero en ese terreno su Gobierno y sus alianzas tienen también una clara responsabilidad. El discurso autosatisfecho del presidente casa mal con la realidad de una España que no acaba de salir de la crisis.

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