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Cartas al director de HERALDO: ¿Qué ha sido de la canción protesta?

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  • Cartas al director
OPINIÓNACTUALIZADA 30/10/2021 A LAS 05:00
Concierto de La Bullonera, Joaquin Carbonell y Labordeta
'¿Qué ha sido de la canción protesta?'
JAVIER BLASCO

¿Qué ha sido de la canción protesta?

La canción protesta fue un movimiento que recorrió todo el planeta. 

La hubo en Francia, en Bélgica, en Italia, en las islas británicas, en Estados Unidos, en Sudamérica y, por supuesto, en España. Donde no la hubo tanto fue en los países con gobiernos de carácter filo-socialista-comunista. Solo Cuba exportó la nueva trova y una pléyade de grandes músicos, aunque sin protestar demasiado. La canción protesta estaba ligada al folk, con raíces en lo popular, siendo grandes exponentes Bob Dylan y Joan Baez, o Mercedes Sosa, Víctor Jara y Violeta Parra, o Fabrizio de André y otros muchos cantautores en Italia, etcétera. En España sobresalieron Paco Ibáñez, Raimon, Serrat, Julia León, Elsa Baeza o Mari Trini, sin olvidar a Labordeta, Carbonell y La Bullonera, en nuestro territorio. Aún tarareo algunas de sus canciones que pusieron música a un tiempo convulso, añadieron melodía al cambio y nos dieron un arma con la que luchar. Por eso, en estos tiempos, me parece sospechoso el silencio que hay respecto de cuanto acontece con un gobierno que deshilacha el país, donde todo lo que no comulga con la ideología imperante es tachado como fascista. Es como si a las guitarras les hubieran robado las cuerdas, a los artistas la voz y al pueblo su pequeña arma con la que luchar e identificarse. Todo aquello se ha esfumado, se lo ha tragado el nuevo tiempo. Una cultura de la que desaparecen los Quevedos de turno, por citar al mayor exponente de la sátira (él y Góngora parece que escribieran pensando en Paco Ibáñez), deja de tener futuro. Y si a eso se añade la desaparición de un humorismo crítico estamos abocados a una noche larga y muy oscura. En palabras de Ionesco, "cuando desaparece el humor aparece el campo de concentración". Añadan la música que quieran.

Juan Luis Encuentra Calvo. Sos del Rey Católico (Zaragoza)

Necesidades educativas especiales

Nuestro consejero de educación, Sr. Faci, encabezaba hace algunos días un encuentro de inspectores de Educación, en el que destacaban la búsqueda de la equidad de oportunidades para el alumnado español. Sorprendida no define exactamente cómo me sentí al leerlo. Docenas de familias con alumnos con necesidades educativas especiales en Aragón llevamos años llamando a la puerta del Sr. Faci y siendo ninguneados e ignorados sistemáticamente ante nuestras quejas y necesidades. Señores inspectores, les ruego que se dejen de vocablos y trabajen desde la realidad. Les pido que dejen de mirar al futuro para ver el presente, y dejen de hablar un poco para poder escuchar más. Como familiares con mucho trabajo, dolor y resignación a las espaldas no pedimos siquiera equidad, simplemente justicia e igualdad de derechos para nuestros hijos. La noticia suena muy bien, pero oculta una realidad que no interesa que se vea.

Blanca Baeyens de Arce. Zaragoza

‘Parole, parole, parole’, señora consejera

No se comprende que justo ahora cuando los datos de la covid-19 repuntan en nuestra Comunidad (y más que lo harán, por el efecto de las ‘fiestas-no fiestas’), el Gobierno de Aragón anuncie un alivio en las restricciones. ¿No sería más sensato esperar unos días para ver la evolución de los contagios? En la hostelería, se recuperan el consumo en barra y las pistas de baile: cualquiera que haya salido por la noche en estas ‘fiestas-no fiestas’ ha podido comprobar cómo en los establecimientos de ocio nocturno esto ya era un hecho. Es más, el señor Falo, director general de Salud Pública, tiene en su poder desde hace más de un mes una denuncia (supongo que habrá informado a la consejera…) de un local en el que se celebró una fiesta, con vídeos en los que se puede ver a la gente bailando, sin distancias y sin mascarillas, sin que se haya molestado siquiera en responder. Todo parece indicar que la presión de las patronales de la hostelería y el ocio-negocio nocturno finalmente ha podido más que el buen criterio sanitario que hasta ahora había impuesto la consejera Repollés. Apelan a nuestra responsabilidad, cuando está más que demostrado que esto por sí solo no basta para superar la pandemia. Cada vez me recuerdan más aquella canción, que Mina Mazzini puso de moda en los años 70, titulada ‘Parole, parole, parole’. A ver cuándo pasamos a los ‘fatti’.

Manuel Monterrubio Gala. Zaragoza

Ojo con la infodemia

El neologismo ‘infodemia’ sea ha popularizado. Se emplea para referirse a la abundancia de información respecto a cualquier tema. La exuberancia de datos que, desde la aparición de internet, a cualquier ciudadano del planeta se le ofrece inmediatamente mediante un solo clic –en la mayoría de los casos de forma gratuita– no debería de ser en principio algo negativo, ya que facilita el conocimiento. Pero esa avalancha informativa que casi nos inunda puede llegar a generar angustia, confusión, pánico o hasta a promover conductas contrarias a la salud. De ahí que la OMS haya salido a la palestra para alertarnos del riesgo que tiene la actual saturación informativa, por lo que debería ser debidamente contrastada cualquier información para evitar intentos deliberados de difundir bulos y falsas noticias de personas que las usan en beneficio propio.

Miguel Sánchez Trasobares. Zaragoza

La violencia, signo de los tiempos

En algunos seres humanos hay un innato deseo de violencia. Lo pienso así después de ver, en el vídeo de HERALDO, la paliza que un policía sufrió en un autobús. Tiene su explicación el éxito de series como ‘El juego del calamar’ o ‘Juego de tronos’. ¡Con qué tolerancia se ve y apasiona la violencia! Tanto espectáculo audiovisual, curiosamente cuando las salas de cine se vacían, sustituye cuanto de domesticación puede tener la enseñanza escolar, hecha mediante la reflexión de la lectura, del lenguaje escrito o de la escucha atenta al profesor. Además de la enseñanza escolar, otro sustento formador de las personas era la actitud modélica de los supuestamente ‘mejores’, pero la posverdad en la que vivimos renuncia a la tolerancia como valor, tolerar es asumir que alguien está por encima para permitir qué es y qué no es ‘lo mejor’, lo tolerable, asumible o aceptable. No hay manera ya de enlazar de forma pacífica las diferencias, y surge la radicalidad, quien no está conmigo contra mí está. Y esa división en azules y violetas, amarillos y rojos impide asumir contactos cordiales y todo queda al albur de espetar en la red afirmaciones o mentiras arbitrarias sobre cualquier cosa, pero sobre todo en contra de alguien. La posverdad con sus máquinas de información no apacigua los juicios para que se conviva, al contrario, los airea con cientos de ‘me gusta’ y los llena de beligerancia ciudadana, que se transmite como signo del tiempo que vivimos.

Javier Fatás Cebolllada. Zaragoza

Las cartas al director no deben exceder de 20 líneas (1.500 caracteres) y han de incluir la identificación completa del autor (nombre, apellidos, DNI, dirección y teléfono). HERALDO se reserva el derecho de extractarlas y publicarlas debidamente firmadas.

cartas@heraldo.es

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