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Cartas al director de HERALDO: La añorada Unidad de Crónicos Complejos

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Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 19/10/2021 A LAS 05:00
Fachada del hospital Miguel Servet de Zaragoza.
Fachada del hospital Miguel Servet de Zaragoza.
José Miguel Marco

La añorada Unidad de Crónicos Complejos

Quiero reiterar mi justa reivindicación de la reapertura de la Unidad de Crónicos Complejos (UCC) del Hospital Miguel Servet. Se apostó por la asistencia precoz y ágil en un hospital de día con continuidad en domicilio para evitar que al paciente pluripatológico, mayor, que ha sufrido alguna descompensación le sucedan complicaciones que requieran largos ingresos. Este dispositivo ofrecía además una atención más rápida para este tipo de enfermos con la intención de evitarles acudir a Urgencias. Se trataba de analizar el caso concreto y establecer un programa de seguimiento para cada paciente, con evaluaciones periódicas. Los enfermos siempre eran derivados desde los centros de salud, que es desde donde contactaban con la enfermera gestora de la UCC. Una vez resuelto el problema que requiere de esa atención hospitalaria, el paciente vuelve a su domicilio para recibir la asistencia desde el centro de salud. Visto que se cerró esta Unidad bajo la excusa de la covid, creí conveniente enviar un escrito a la Sra. Consejera de Sanidad, pero hasta la fecha ni la Sra. Consejera ni el Presidente de nuestra Comunidad están por la labor. Acabo de estar tres días de ‘alojamiento’ en el Miguel Servet con todos los problemas habidos. Esto mismo, de haber existido la Unidad de Crónicos Complejos lo hubieran solucionado en una mañana. Lo cierto es que esta Unidad no existe ahora y funcionó perfectamente. Ahora que parece que se está relajando el asunto de la covid-19, esperamos que no se demore demasiado tiempo su pronta rehabilitación y que tras desvestir esta Unidad se le devuelvan sus vestimentas y funcione con normalidad para beneficio de los pacientes y de la sanidad pública.

Antonio Aísa Royo. Zaragoza

Sobre el Día de la Hispanidad I

Una comunidad cultural. Un año más la celebración del Día de la Hispanidad ha servido para dividir. Una gran parte de los americanos, fundamentalmente de América Latina (como los presidentes López Obrador, Castillo y el inefable Maduro; o el propio presidente católico Joe Biden, declarando el Día de los pueblos indígenas) han salido a las calles para reivindicar los derechos de los indígenas y gritar contra el genocidio cometido por los españoles. También una parte de los europeos, españoles incluidos, que abominan del descubrimiento. Basta recordar a la alcaldesa de Barcelona, que dijo aquello de «vergüenza de Estado que celebra un genocidio»; al alcalde de Cádiz, que dijo que masacramos y sometimos un continente y sus culturas en nombre de Dios, y que no hay nada que celebrar; o al simpar Willy Toledo, que se cagaba en el descubrimiento, en la conquista genocida de América y en los conquistadores codiciosos y asesinos. Por supuesto que todos los excesos son condenables, pero no podemos perder de vista el tiempo histórico en que tienen lugar los acontecimientos, y la tozudez de la verdad histórica que nos dice que cuando llegaron los conquistadores América era un territorio donde se libraban guerras crueles, donde se adoraba a los reyes como dioses, matando, torturando y esclavizando a los enemigos, sacrificándolos a sus dioses, donde incluso se practicaba el canibalismo. En tal sentido, conviene, como hizo con acierto nuestro arzobispo, durante la misa el día del Pilar, dar altavoz a las palabras del papa emérito Benedicto XVI, pronunciadas en España en 2011, en las que expresó su admiración por un país rico de historia y cultura, por su vitalidad de fe, que fructificó en innumerables hombres y mujeres que dejando su tierra llevaron el Evangelio por todos los rincones del orbe, y en personas rectas, solidarias y bondadosas; siendo un gran tesoro que vale la pena cuidar con actitud constructiva, y algo de lo que nos podemos sentir orgullosos. Es palmario que con motivo del Día de la Hispanidad no se celebran las muertes de indígenas o las crueldades que se cometieron con ellos, sino la creación y la hermandad de una comunidad cultural y lingüística. Lo esencial es reconocer lo que nos une, el idioma, los anhelos comunes y mirar hacia adelante; sin necesidad de revisionismos sesgados, arbitrarios y anacrónicos.

Diego León Guallart Ardanuy. Zaragoza

Sobre el Día de la Hispanidad II

Pedir perdón. La crítica al papa Francisco, por parte de la señora Díaz Ayuso, por la petición de perdón "por los pecados (errores) que la Iglesia pudo cometer en la conquista y colonización de América» nos causa vergüenza ajena e indignación, así como su declaración sobre el «indigenismo como nuevo comunismo". ¿Y la declaración del Sr. Aznar de no pedir perdón por nada? ¿Ya se ha olvidado de la guerra de Iraq? ¿Tanto orgullo es cristiano? Le recordamos a la señora Díaz Ayuso que en América (‘Abya Yala’), antes de que llegaran los españoles había 65 millones de habitantes y unas florecientes culturas milenarias. La conquista fue un genocidio del 95% de la población. En México antes de la conquista su población era de 25 millones; y en el año 1600, de un millón. Más la esclavitud y el maltrato del resto y el expolio de toneladas de oro y plata y recursos naturales, que siguió toda la época colonial y sigue hoy con la globalización neoliberal. Llevar el ‘catolicismo’ no fue llevar la libertad y la civilización, sino imponer la ‘civilización’ europea y la lengua española a pueblos que tenían sus civilizaciones milenarias, sus lenguas y religiones, su cultura e identidad como pueblos. Afortunadamente, en América Latina la población indígena está viva. En algunos países es mayoría (Bolivia, Guatemala, Perú, Ecuador); y en otros, como en las mediáticamente maltratadas Venezuela y Cuba, que tanto respetan y cuidan a sus pueblos originarios, tratan de recuperar su cultura, espiritualidad –tan respetuosa con la Madre Tierra–, comunitaria y social, frente al genocida y devastador neoliberalismo e imperialismo del Primer Mundo. Nos unimos a la llamada del papa Francisco, no solo a reconocer sombras y errores del pasado, sino a instar en la Iglesia a una renovación evangélica que camine hacia una Iglesia pobre y de los pobres, samaritana y profética, denunciando la injusticia del capitalismo y promoviendo una fraternidad universal.

Demetrio Orte Jiménez. Coordinadora Estatal de las Comunidades Cristianas Populares

No ha estado mal

Para haber sido unas ‘no fiestas’, la semana cultural pilarista no ha estado nada mal. Ha habido buenos espectáculos y mucho movimiento en las calles. Pienso que lo hemos pasado bien y que la mayoría hemos sido cuidadosos en cuanto al peligro del virus. Lástima que siempre tenga que haber algunos ‘animalicos’ que la líen parda con sus acciones violentas, sobre todo por las noches. No tiene ningún sentido y me produce mucha tristeza. Pero, en general, como decía, las ‘no fiestas’ bien, casi parecían fiestas.

Maruja Ferrández Huete. Zaragoza

Las cartas al director no deben exceder de 20 líneas (1.500 caracteres) y han de incluir la identificación completa del autor (nombre, apellidos, DNI, dirección y teléfono). HERALDO se reserva el derecho de extractarlas y publicarlas debidamente firmadas.

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