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el mirador

Racismo y nacionalismo

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 17/10/2021 A LAS 05:00
'Racismo y nacionalismo'
'Racismo y nacionalismo'
Lola García

¿Por qué son disonantes los cantos del sanchismo? 

Porque su partitura unce a la fuerza la unidad y el troceamiento de España, la redención de los pobres y las puertas giratorias, la prédica de la transparencia y la práctica de la ocultación, la apariencia de rigor y las leyes mal hechas. El resultado es cacofónico, estridente y, en cuanto a la unidad nacional, repleto de lo que Víctor Orcástegui llamaba aquí ‘resonancias yugoslavas’.

En el Parlamento, Sánchez ha de pagar tributo al partido heredero de Batasuna, inolvidable encarnación política de ETA; a la vieja facción egocéntrica, etnicista y democristiana que es el PNV; a la minoría separatista JpC cuya degeneración sustantiva se aprecia solo con listar sus líderes sucesivos –Pujol, Mas, Puigdemont, Borràs–; y, en fin, a Esquerra Republicana, cuyas raíces incluyen facetas sombrías y pujos fascistas que aún reaparecen en las actitudes chulescas de sus portavoces más ruidosos y retadores.

Hace no tanto, la mejor enseñanza en Literatura Española se cursaba no en Salamanca o Madrid, sino en la Universidad de Barcelona. No ha habido en España derroche mayor que el inducido por el nacionalismo (cuya droga cató el PSC) en una ciudad señera cuya aldeanización cultural contamina a Cataluña.

Allí, el revoltijo de separatistas regionales con la versión local del podemismo, la CUP antisistema y las huestes de Iceta (retoño pintoresco del último y decadente Pasqual Maragall) han dado como fruto que –es un ejemplo– una osada ignorante con vara de mando haya llamado ‘facha’ al almirante Pascual Cervera, muerto en 1909.

Es común la creencia de que el nacionalismo racista vasco creado por los Arana
precedió al nacionalismo racista catalán, pero este nació antes, aunque hoy se oculte

Nación y raza

Los jefazos penúltimos del nacionalismo vasco y Arzalluz en particular valoraban ciertos rasgos biológicos distintivos de su ‘pueblo’. Los nacionalistas catalanes incurren en lo mismo si se descuidan: evocan a los carolingios (Junqueras) o vejan a los andaluces (Pujol). Las raíces del catalanismo tienen mucho aroma racista. La fama se la llevan los incultos hermanos Arana, Sabino y el torvo Luis, su hermano mayor y eminencia gris. Pero ambos aprendieron esos despropósitos en Barcelona, donde Sabino, incapaz de aprobar Derecho, absorbió en cambio toscas ideas racistas de apariencia científica.

Un postulador de la identidad biológica catalana, médico capaz metido a antropólogo baldragas, fue el alcalde barcelonés Bartolomé Robert. En los años en que los Arana fundaban su secta, este racista, que tiene un historiado monumento, obra de Llimona, en la plaza de Tetuán, ‘demostró’ la existencia del ‘cráneo catalán’. Hijo de vasca y mejicano, su amigo y colega Cajal escribió sobre él –con amable retranca de somarda– que esa opinión era "desinteresada, pues además de gozar de un cráneo exiguo, aunque bien amueblado, había nacido en Méjico y ostentaba un apellido francés".

Otro que tal fue Pompeyo (o Pompeu, según le conviniese) Gener, regeneracionista y racista. Contra lo que dicen sus admiradores separatistas, el asunto no fue un arrebato de juventud. No a sus 47 años (1887), cuando decía: "La inferioridad de la raza castellana provendrá de los elementos étnicos, pero también del excesivo calor, las alturas yermas, los terremotos de ciertas comarcas, y sobre todo la sequedad del suelo. La atmósfera de Madrid es pobre en helio y argón, y en sus aguas faltan el kryptón, el neón y el xenón, por lo que debería dejar de ser la capital de España. En definitiva, los catalanes conocemos que somos arios europeos, y que como hombres, valemos más en el camino al superhombre". ¡Pobre Nietzsche!

Más: "Ni Madrid ni el centro de las Castillas son lugares a propósito para la capital de una nación civilizada. La inteligencia tiene que funcionar mal por la deficiente nutrición del cerebro. Todas las concepciones que de allí vienen son raquíticas". Y otra: "Los ojos negros de los catalanes no son del negro que en los demás pueblos de España".

"España está paralizada por la necrosis producida por la sangre de razas inferiores como la Semítica, la Bereber y la Mongólica, y por el espurgo que en sus razas fuertes hizo (sic) la Inquisición y el Trono (...) En Madrid la alteración morbosa es tal que casi todo su organismo es un cuerpo extraño al general organismo europeo. La enfermedad ha vadeado ya el Ebro, haciendo terrible presa en las viriles razas del norte de la Península". La obsesión del racismo viril, ese veneno de la ‘Herrenrasse’ que calcó el bruto machista y racista que era Sabino Arana.

Para quien no lo crea: la payasada, varias veces reeditada, se puede leer gratis en la red: clasicoshistoria.blogspot.com/ 2018/05/pompeyo-gener-cosas-de-espana-herejias.html.

Tan fachoso personaje tiene, lógicamente, plaza en la Barceloneta, área dieciochesca creada por decisión de Felipe V, a quien ahora los cacúmenes herederos de Gener borran del mapa.

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