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Defender la democracia

Por
  • José Luis Alonso Gajón
OPINIÓNACTUALIZADA 30/09/2021 A LAS 17:09
'Defender la democracia'
'Defender la democracia'
Heraldo

Muchos pensamos que el auge de la extrema derecha en España, Europa y en Estados Unidos, con su dominio de las redes y de la denominada ‘agenda política’, pone en peligro la democracia

Y aunque comparto la creencia de muchos de que la democracia se protege con más democracia, esta respuesta hay que concretarla y, para ello, es bueno releer a los clásicos como Karl Popper, un liberal que defendió la democracia frente a las sociedades cerradas como el fascismo o el comunismo. Él planteó que la libertad, la tolerancia y la democracia deben tener sus límites, porque si no es así: ¿un tirano es ‘libre’ para someternos?, ¿debemos ‘tolerar’ que nos esclavicen? o el poder de la mayoría, ¿le permite cedérsela a un déspota?

Popper, que en el fondo es un pesimista, mantiene que la esencia de la democracia son las elecciones que permiten echar del gobierno a los malos gobernantes sin necesidad de utilizar la violencia. Para él el uso de la violencia solo está justificado, y obligado moralmente, en dos supuestos: para derribar a un tirano y para defender un régimen democrático contra sus enemigos. Porque contra todo ataque o abuso a esos principios de libertad, tolerancia y democracia, los ciudadanos tenemos "la obligación de considerar delictivos estos actos y delincuentes a sus autores" y sublevarnos. Ya que, como él mismo afirma, "el principio de la política democrática consiste en la decisión de crear, desarrollar y proteger las instituciones políticas que hacen imposible el advenimiento de la tiranía".

No basta con votar cada cuatro años, la democracia hay que defenderla
contrarrestando los discursos que fomentan el odio y la división

Avancemos sobre estas tres líneas que nos plantea Popper: crear, desarrollar y proteger la democracia. En España la primera la cumplimos al crear un marco democrático, tras la dictadura de Franco, con nuestra Constitución. Por desgracia la segunda fase no la hemos cumplido al no desarrollarla suficientemente, y como muestra recordemos varios de sus artículos. Ni somos "iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión"; ni se ha materializado "el derecho al trabajo, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia"; ni tampoco el "derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada"; ni hacemos una "utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de la vida y defender y restaurar el medio ambiente". Tampoco contribuimos al sostenimiento de los gastos públicos "de acuerdo con nuestra capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad", ni el gasto publico responde a "criterios de eficiencia y economía", y aún menos, toda "la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general".

En cuanto a la última propuesta de Popper, la protección de la democracia, la mejor forma es tanto paliar y acortar las crisis económico-sociales como evitar el predominio en el espacio público de los discursos del odio y la división, ya que ambos provocan la desafección de los más débiles hacia el sistema democrático. El primero implicaría desarrollar los aspectos sociales de la Constitución, obligación, incumplida como hemos visto por los partidos democráticos y sus sucesivos gobiernos. El segundo es obligación de todos, porque la democracia no es solo el concepto pasivo de votar cada cuatro años para echar al mal gobernante, que decía Popper, sino preguntarnos cada día con Nelson Mandela, "¿he hecho todo lo que está a mi alcance para lograr una paz y una prosperidad perdurable en mi ciudad y en mi país?". Porque todas y todos debemos combatir en nuestro entorno diario las mentiras y la xenofobia que algunos grupos políticos y sociales están fomentando o tolerando. Y no debemos ignorar que, a diferencia de los movimientos totalitarios antiguos, hoy los enemigos de la democracia dicen hablar en nombre de la libertad y de la Constitución. "Cosas veredes, amigo Sancho", que dijo Don Quijote.

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