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Naciones

Por
  • Pedro Rújula
OPINIÓNACTUALIZADA 30/08/2021 A LAS 05:00
La bandera de México.
La bandera de México.
Zenith LR

Los aniversarios deberían servir, aunque no siempre suceda así, para pensar los relatos cotidianos sobre la vida en común que nos sirven para sobrevivir. 

Este mes de septiembre próximo se celebra uno importante, el de la fecha en que México se declaró independiente de España y comenzó su andadura nacional en solitario. Lo que pasa es que, hace doscientos años, México era España y los mexicanos españoles, de modo que fue necesario crear una ficción histórica que permitiera eludir una pesada sombra: la de que en el origen de la nación mexicana había una guerra civil entre españoles que se disputaban una parcela de poder independiente sobre el solar de Nueva España. Existe toda una tradición historiográfica novohispana que ha explicado la nación como el proceso de recuperación de las riendas del poder por parte de los americanos frente a la opresión y los abusos españoles. Lo cierto es que no eran menos españoles los que se declararon independientes que los que fueron derrotados, pero la verdad histórica no era importante. Lo verdaderamente relevante era crear la bonita historia de un nosotros que se unía para expulsar a un los otros definido como diferente. Así, lo que era una guerra civil por el poder político se convertía, por arte de magia, en una lucha por la libertad teñida de tintes revolucionarios. Lo cuenta mejor que nadie Tomás Pérez Vejo en un libro delicioso, ‘Elegía criolla’, que hoy, más que nunca, es recomendable releer.

Pedro Rújula es profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza

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