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tribuna

Dominio esquiable y territorios vivos

Por
  • Ramón Iglesias Castellarnau
OPINIÓNACTUALIZADA 08/06/2021 A LAS 05:00
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'Dominio esquiable y territorios vivos'
POL

La declaración del el estado de alarma por la pandemia del coronavirus el 14 de marzo de 2020 obligó al confinamiento de la población y, en consecuencia, al cierre anticipado de todas las estaciones de esquí de Aragón. 

En la actual temporada, y debido a los confinamientos sucesivos de ciudades y provincias, las estaciones de esquí de Aragón, salvo la de Astún, han tenido que permanecer de nuevo cerradas. El cierre ha supuesto el pase de cientos de trabajadores a situación de ERTE y un grave perjuicio económico para todas las actividades relacionadas con la nieve en las zonas de montaña.

El fin de las restricciones al movimiento de personas a partir del pasado 9 de mayo está favoreciendo la lenta recuperación de la actividad turística en un mes habitualmente débil, por situarse antes de los meses de verano. Casi a finales de mayo, parte de los establecimientos y negocios permanecían cerrados, si es que durante los largos quince meses de efectos de la pandemia no se habían visto obligados al cierre definitivo de unos negocios que con tanto esfuerzo se crearon y mantuvieron, o que están languideciendo en el límite de la supervivencia.

La lección de la pandemia es clara: sin actividad en los dominios esquiables, o sin el aprovechamiento del recurso nieve, la marcha económica de estas zonas resulta gravemente amenazada y sus pueblos, condenados a la despoblación y al abandono, en definitiva, al ‘Aragón vaciado’.

Y ese, precisamente, es el modelo de desarrollo sostenible actual de las zonas de montaña en los países más avanzados de la UE: una planificación, impecablemente tutelada por la Administración, que ha posibilitado fijar población al territorio siendo el paradigma de la combinación de ocio, desarrollo, naturaleza y sostenibilidad.

La ampliación de la estación de esquí de Cerler hacia el valle de Castanesa es
esencial para la recuperación de la economía de esta zona del Pirineo aragonés

Vienen estas reflexiones al hilo de la publicación, el pasado 17 de mayo, en el Boletín Oficial de Aragón, de la urgente ocupación de bienes y derechos afectados por las obras de ejecución de la ampliación de la estación de Cerler hacia el valle de Castanesa, estación por otro lado estratégica en la actividad económica de los valles orientales de nuestro Pirineo.

En dicha declaración se justifica técnica y económicamente la necesidad imperiosa de disponer de los terrenos necesarios para que el telesilla que enlazará el valle de Castanesa con el remonte del Ampriu pueda construirse en pocos meses, para su entrada en servicio a finales de este mismo año. Con esta actuación la estación de Cerler ganará en competitividad, ampliando su dominio esquiable y contando con un segundo acceso que incrementará el número de esquiadores en la estación, reactivando la maltrecha actividad económica de estos valles prácticamente hundidos en la ruina por el cierre de pistas, durante casi dos temporadas, por efecto de la pandemia del covid-19, como ya hemos indicado.

Conviene aclarar que el procedimiento de expropiación de una parte de los terrenos necesarios y la declaración de urgente ocupación es un trámite habitual de la Administración. Son cientos las actuaciones realizadas en nuestro país por este procedimiento, tanto por empresas públicas como privadas, atendiendo al interés general de la actuación como es el caso que nos ocupa. También hay que recordar que el grupo Aramón es una empresa pública, participada en un 50% por el Gobierno de Aragón, y que basa su actuación y su actividad económica en el interés público indicado, como no puede ser de otro modo.

También debe recordarse que la práctica totalidad de los vecinos entrevistados en el reportaje de la cadena 24 horas de RTVE el domingo 7 de marzo defendieron la ampliación de la estación de Cerler como complemento necesario a la actividad ganadera tradicional de la zona, cuya rentabilidad actual está, por diferentes circunstancias incluida la pandemia, muy limitada y que por sí misma no es capaz de mantener el mínimo de población necesaria en el territorio.

Y ahora ya no hablamos del macroproyecto inicial de ampliación, esto no va de ‘hormigón y ladrillos’. Se plantea un proyecto redimensionado a la baja, con tan solo un par de remontes y la mejora de la pista de acceso desde Fonchanina al frente de nieve, muy usada por los ganaderos; desde luego muy lejos del diseño inicial en un contexto socioeconómico diferente. Se trata de un proyecto viable económicamente, ambientalmente sostenible y socialmente demandado y necesario, al contrario de lo que mantienen sus detractores.

¿Alguien, con sentido común, puede entender que en la Europa del siglo XXI, paradigma de territorios vivos y de pueblos inteligentes, ‘smart villages’, sea casi una misión imposible ampliar una estación de esquí instalando tan solo un telesilla de 4 km y mejorando 7 km de pista de acceso al frente de nieve? Hagan, por favor, una lectura reflexiva del presente escrito los detractores del proyecto y dejen de poner palos en la rueda del desarrollo de estas zonas de montaña.

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