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tribuna

Bautizo de ibones y alerta climática

Por
  • Mariano Gállego
OPINIÓNACTUALIZADA 27/05/2021 A LAS 05:00
En verano, cuando se retiran las nieves, el glaciar del Aneto termina en este creciente ibón, hijo del deshielo.
'Bautizo de ibones y alerta climática'
Javier San Román

La Comisión Asesora de Toponimia de Aragón tiene ante sí en la sesión prevista para hoy una bonita misión: poner nombre a los diez ibones nacidos en las últimas décadas en el Pirineo debido a la fusión de los glaciares

La naturaleza se empecina en expresarse con su propia dinámica y las que hasta hace pocos años no pasaban de charcas causadas por el deshielo se han convertido ahora en masas de agua con entidad propia que merecen un nombre que las identifique. El objetivo es evitar la proliferación de bautizos espontáneos poco adecuados y consensuar un nombre oficial en aquellos que reciban denominaciones diversas. Así ocurre con el del Aneto, también llamado de la Maladeta, uno de los casos sobre el que deberán pronunciarse los expertos tras consultar la propuesta solicitada al Ayuntamiento de Benasque.

La comisión está integrada por representantes de la Universidad de Zaragoza, el Instituto de Estudios Altoaragoneses, el Instituto de Estudios Turolenses, la Institución Fernando el Católico y el Instituto Geográfico de Aragón. A pesar de ser un órgano consultivo y técnico, sus pronunciamientos ya han generado alguna controversia desde que se creara en 2016. Así, en 2017, su propuesta de denominación oficial para las 160 montañas de más de 3.000 metros de altitud que se levantan en el Pirineo aragonés provocó sonoras discrepancias en el mundo del montañismo, a favor y en contra de la defensa de los argumentos toponímicos propios y de la eliminación de algunos nombres dados a ciertas cumbres por los primeros pirineístas franceses esgrimidos por la comisión.

Confío en que el consenso se imponga hoy con las diez denominaciones sometidas al debate. De esta manera podremos sacar del anonimato y referirnos oficialmente sin diferencias, aunque intuyo que con idéntica lástima, a unos ibones neonatos que incluso innominados constituyen una palpable y preocupante consecuencia del cambio climático. Ahora nos alertarán con nombre propio de los previsibles efectos sobre nuestro medio ambiente.

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