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El esplendor de lo sencillo

OPINIÓNACTUALIZADA 06/04/2021 A LAS 05:00
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'El esplendor de lo sencillo'
F.P.

La nominación como Árbol Europeo del Año 2021 a la carrasca de Lecina es una extraordinaria noticia. 

Las carrascas, encinas, representan buena parte de la esencia del bosque mediterráneo y su cultura anexa. Mantienen sus coriáceas hojas, pues no se pueden permitir el lujo de tirarlas cada año, desperdiciando energía y agua en entornos secos. Son pequeñas y multiformes, cumplen su misión de absorción del dióxido de carbono presente en el aire que respiramos los humanos, con la consiguiente liberación del oxígeno en su fotosíntesis. La carrasca está presente en varios de nuestros escudos. Será por su relación con lo mitológico –hasta Zeus la adoraba–, la longevidad y la sabiduría. Es un árbol tan totémico que se cita 36 veces en el Quijote. En Lecina ha resistido el dilatado paso del tiempo, a pesar de inclemencias varias.

El reconocimiento concedido a la carrasca milenaria de Lecina nos recuerda el valor de lo humilde y de lo sencillo

El merecido honor será reconocido (y algo envidiado) por un conviviente suyo, el pino carrasco, muy presente en nuestros montes. El porte de la mayoría de los ejemplares de esta especie, que comparte con la carrasca denominación pero no parentesco, es desgarbado. Sin embargo, cinco de ellos aparecen en el catálogo de especies singulares de Aragón, casi tantos como encinas. Su grandeza de especie la marca su adaptación a unas duras condiciones climáticas: el agua escasea, las temperaturas son extremas en invierno y verano; además, coloniza suelos poco agradecidos. Aun así, a pesar de su excelencia a la hora de superar retos, el ‘Pinus halepensis’ aparece en los últimos lugares de valoración de las pináceas. Nos recuerda a Alepo, en donde convivió con la arquitectura romana. Ahora la destrucción de la guerra en Siria acabó con todo: arte, naturaleza y mucha gente inocente. Los pinos que queden emitirán poco más que lamentos. "Allí cuando anochece se estremecerían los pinos, y no sería de frío", escribiría Mario Benedetti.

El pino carrasco se ha aliado con otras especies xerófilas y heliófilas para colonizar los espacios abandonados en parte de la España vaciada, allá donde se fueron las personas que los utilizaban para calentar sus hogares o cocinar sus alimentos. Pero no suscitan admiración pues no tienen la fuerza atractiva de otras especies potenciadas en documentales de la naturaleza. Otro tanto pasa un poco en la vida. Los destellos de lo grandioso, aunque sean efímeros, ocultan la fisonomía paisajística y social de lo sencillo. Lo visto insignificante puede ser bello y sentirse rico afectivamente. Por eso es raro que le otorguen el galardón europeo a un ejemplar de carrasca. Han mostrado sabiduría y tesón quienes se han empeñado en resaltar sus cualidades. Seguro que eran conscientes de que no existen valores absolutos en la naturaleza, como vino a decir Einstein. Como esa gente, todos necesitamos interpretar lo diario, bueno o dificultoso, para encaminar el impulso de vida. Incluso puede que sea un interés colectivo, sencillo como la carrasca o el pino, para llegar en condiciones más favorables a la siguiente década, y a las que van detrás. Lo cotidiano, incluso eso pequeño alojado en el corazón de los escasos habitantes de Lecina, es hermoso porque contiene guardados trazos de vida, como si la gente importara en la economía global y en la naturaleza; algo así pregonaba E.F. Schumacher.

Y, en tiempos de tanta desmesura, nos invita a aplicar esos valores en nuestra convivencia cotidiana

El pino carrasco adorna calles y plazas de pueblos y ciudades. En general pasa desapercibido, no recibe oropeles como les sucede a muchas iniciativas sociales o personas que son capaces de resistir inclemencias, de compartir experiencias que muestran la complejidad de la vida, de utilizar la excelencia de las cosas sinceras. La afable envidia del pino hacia la proclamada carrasca, con la cual podría entenderse sin estridencias y a la que deseará que la fama no la perjudique, era solamente una excusa para enramar una sociedad reflexiva y comprometida. Tal que sea capaz de apreciar la grandeza de lo sencillo, en la que el uso de los símbolos y los reconocimientos se utilice como lanzadera para el reposado pensamiento crítico. Descubramos la relevancia de lo humilde en estos tiempos de desmesura. Exijámoslo a quienes pretenden ordenar nuestra convivencia. Quizás les viniese bien conocer cómo la gente de Lecina ha cultivado la esperanza, acercarse a la sabiduría sencilla que les habrá contagiado su homenajeada carrasca.

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