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Lecciones españolas

OPINIÓNACTUALIZADA 04/04/2021 A LAS 05:00
Algunas parejas políticas españolas han apañado su economía doméstica con gran eficacia.
Algunas parejas políticas españolas han apañado su economía doméstica con gran eficacia.
HERALDO

Ha circulado bastante la rara noticia de que un marino de guerra italiano espiaba para los rusos a cambio de recibir por la información 5.000 euros. Se ve que el rublo cotiza a la baja. El marino se llama Walter Biot y tiene 54 años. Podría pensarse que era un mero chupatintas, porque el estipendio putiniano es verdaderamente magro. Pero, no, Biot es capitán de fragata, rango equivalente a teniente coronel en los ejércitos de Tierra y Aire. En España, por ejemplo, podría mandar un submarino (si hubiera más de dos, se entiende). El hombre ha decidido no explicarse extensamente, al menos, de momento.

Pero sí lo ha hecho, con gran fogosidad, su esposa, de nombre Claudia Carbonara. Ha sido muy expresiva: «Mio marito non voleva fottere il Paese». Ni hablar de j... a la patria, eso nunca, hasta ahí podríamos llegar. Le ha faltado añadir, como en las novelas de Puzo, que «fue solo por negocio».

Lo que sucede, según las apariencias, es que la pareja tiene cuatro hijos, cuatro perros y una casa todavía sin pagar en Pomezia (una pequeña y agradable ciudad a pocos kilómetros de Roma). El pago de la hipoteca por la finca es de 1.200 euros al mes, hasta que lleguen a saldar el total de 268.000. Usted comprenderá, ha venido a decir la señora de Biot, que con una paga militar de 3.000 euros mensuales no hay modo de llegar a todo.

No he podido encontrar cuánto gana esta entregada esposa, una psicóloga especializada en problemas de sexualidad, pero indiciariamente parece que casi otro tanto. Así y todo, no les llega: «El colegio, los deportes, los gimnasios de los niños a los que no querría renunciar de ningún modo... Vivimos para los niños y siempre hemos hecho sacrificios por ellos. Sin vicios ni lujo, pero, a la larga, es un peso excesivo».

¿Quién encuentra raro que una familia tenga cuatro perros? ¿No debe cuidarse a los animales en beneficio del equilibrio biológico del planeta? ¿No son una excelente compañía, paciente y segura, para los niños? A perro por hijo, puede pensarse desde estas premisas, no es para tanto.

Por otro lado, Biot «pasó a los rusos lo mínimo que les podía dar». Quizá eso explique que la contribución moscovita al bienestar de los Biot-Carbonara no fuese más allá de lo que gana la pareja en un mes. Como que no se chupan el dedo, con lo que saben de espionaje.

Biot, según su esposa, ha servido a Italia durante treinta años, embarcado o en destinos de tierra. Lo que haya hecho ahora estará feo, pero -advierte, sagazmente- «como no es ni tonto ni irresponsable, estoy segura de que habrá pensado bien en cómo no perjudicar el interés nacional. No esningún estúpido, repito. Ha actuado por desesperación».

Su destino actual es delicado. Está en la Tercera Sección del Estado Mayor de la Defensa, que se ocupa de Política y Planificación Militar. Este departamento actúa en la confección de las políticas concretas de seguridad y defensa nacionales y elabora las directrices para su aplicación técnico-militar; y gestiona los asuntos internacionales del jefe del Estado Mayor de la Defensa: tratados de desarme, asesoría al Gobierno en negociaciones internacionales con facetas militares, contrataciones estratégicas, etc. Un manjar suculento para espías rusos. Quizá esto fuera solo un tanteo.

El hombre apenas ha querido hablar. Acompañado por su abogado (parece que el juicio será en la jurisdicción civil, no he logrado hallar una fuente de confianza sobre este particular), ha sido sumamente escueto ante el juez que tramita el comienzo del caso: «Solo les pasé cosas menores, no secretos. Y no soy un traidor, sino un hombre desesperado, lleno de deudas y con una hija enferma». Conmovedor. Los noticiarios no aclaran si el juez le dirigió frases de consuelo.

Lo que entregó a los rusos, según informaciones solventes, fueron 181 fotos hechas con un teléfono móvil (Samsung S9, un modelo superado), en principio de escritos clasificados como confidenciales o como secretos; es decir en dos de los cuatro niveles de la tabla oficial que, de menor a mayor importancia, es esta: confidencial, muy confidencial, secreto y alto secreto. Pasó las 181 tomas a un dispositivo USB (’pendrive’). Entre otros, había nueve textos confidenciales y 47 secretos, estos últimos ya no italianos, sino de la OTAN. Por cinco mil euros, un saldo.

Sufrirá una condena dolorosa y, probablemente, su familia tendrá que vivir con menos perros.

Esta pareja italiana se hubiera evitado estos engorros haciendo un cursillo de sinergias conyugales en España. Y muy barato: le hubiera bastado con estudiar por internet las andanzas de Begoña y Pedro, Ana y José María o Irene y Pablo, parejas ibéricas que han resuelto esa tipo de problemas domésticos con rara habilidad y eficiente rapidez. Y todo legal. Hay cosas en que España no tiene nada que envidiar a los países con fama de más avanzados. Pero lo que se dice nada de nada.

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