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en nombre propio

Mil quinientos

Por
  • Víctor Juan
OPINIÓNACTUALIZADA 28/03/2021 A LAS 05:00
Opinión
'Mil quinientos'
Pixabay

Esta es mi trigésima colaboración en la sección ‘En nombre propio’ de ‘HERALDO de Aragón’, una pasarela por la que también desfilan con sus palabras muchos amigos a quienes admiro y leo, todos los días, antes de que amanezca. 

Cada uno de nosotros somos diferentes porque son distintas nuestra formación, profesión e ideología. Miramos el mundo de un modo particular y luego lo contamos a nuestra manera, pero todos tenemos algo en común: nuestros textos no pueden extenderse más allá de las mil quinientas letras con espacios incluidos. Al repasar mis treinta colaboraciones, no puedo evitar sentirme un mediofondista del columnismo. El mil quinientos es la extensión más difícil, la más comprometida, allí donde un contador de historias se la juega. Es cierto que no es necesario ser tan brillante y contundente como en los aforismos, en las máximas, en las sentencias, en los dichos, en los refranes o en los comentarios de Twitter, pero tampoco se puede argumentar como lo haría el Fidel Castro de las ocho horas de discurso. A mí, el ‘cinquecento’ que publico el veintiocho de cada mes me exige precisión a la hora de contar, medir la dosis justa de humor, huir de adornos y circunloquios, pulir una y otra vez el texto y eliminar todo lo que no es esencial. Hay columnistas especialmente hábiles en el arte de contar grandes historias en pequeños espacios. Son los Sebastian Coe de esta sección. Nos hacen felices, en nombre propio, sirviéndose de MD caracteres con espacios incluidos. Sí, su talento tiende a infinito

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