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¡Atención, esto va de pasta!

OPINIÓNACTUALIZADA 06/02/2021 A LAS 01:00
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'¡Atención, esto va de pasta!'
Krisis'21

El director de la Real Academia Española (RAE), el jurista Santiago Muñoz Machado, ganó en 2013 el Premio Nacional de Ensayo con su obra ‘Informe sobre España’. Ahí incluye una explicación iluminadora de por qué perduran algunas constituciones como la española de 1978: "La clase política y las élites sociales han conseguido trenzar sus intereses de modo que las ventajas de la estabilidad y el parasitismo sobre las instituciones públicas se repartan de un modo equilibrado entre ellos o, en su caso, procurando una razonable rotación en el disfrute de prebendas".

Durante tres siglos, las élites de Madrid, procedentes del alto funcionariado y de las fuerzas económicas que se desarrollan bajo el paraguas del Estado, han pactado con otras élites relevantes, sobre todo las burguesías vasca y catalana. Todas conformaban "una pluralidad de centros de poder", como las ha denominado Daniel Innerarity.

Artur Mas impulsó el independentismo cuando Rajoy le negó un cupo similar al vasco

En el caso de Cataluña, Jordi Pujol y las élites locales dieron un apoyo decisivo a la Carta Magna en 1978 porque permitía su hegemonía en la comunidad. Durante dos décadas, grandes cantidades de dinero se invirtieron en la homogeneización identitaria, con la aquiescencia de los gobiernos de González y de Aznar, que necesitaron el apoyo parlamentario de CiU. El pujolismo consolidó así la preponderancia del catalanismo con la complicidad de las izquierdas locales. Ese esquema empezó a resquebrajarse con la investigación judicial del entramado de corrupción creado por los Pujol y Convergencia. Además, la crisis económica que comenzó en 2008 limó el bienestar social que había camuflado el pacto Madrid-Barcelona. La reacción popular a los recortes impuestos por el gobierno de Artur Mas amenazó a CiU con dejarle sin el respaldo de las clases medias. Lola García documenta este devenir en su libro ‘El naufragio’.

En 2012, el ‘president’ necesita dinero de forma urgente. ‘Tenim pressa’ (tenemos prisa), es el lema de la Generalitat. Artur Mas está a punto de sucumbir por la intensa presión de la calle. Después de tener que llegar al edificio del Parlament en un helicóptero para evitar así la protesta de los ‘indignados’, acude a la Moncloa para exigir una financiación similar a la vasca. Rajoy le dice que no. La reacción atolondrada del catalanismo moderado es subirse al carro del radicalismo. Artur Mas lo acaba de reconocer en una entrevista a ‘El País’: "Rajoy tuvo la salida en su mano y no la vio".

Ahora, Illa propone que Cataluña lidere la reforma de la financiación autonómica

A partir de ahí, comienza un ‘procés’ que el analista Enric Juliana ha definido con lucidez. Ha sido "una maniobra de gran envergadura del grupo dirigente catalán de raíz pujolista para atravesar las turbulencias y desgaste de la crisis económica" (de 2008). Es cierto que en Cataluña existe un sentimiento nacionalista, pero la Historia demuestra que estas emociones han sido frenadas o alentadas por las élites a su conveniencia. De este modo, pactaron la Constitución del 78 con el mismo entusiasmo con el que desde 2012 han animado la secesión. ¿Qué han buscado siempre? Sencillamente, alcanzar poder y riqueza. Lo ha dicho repetidamente el lúcido escritor Javier Cercas: "Lo que sucede en Cataluña no es cuestión de lenguas, sino de poder".

El próximo domingo, las elecciones autonómicas dejarán un nuevo reparto de escaños. Sectores muy influyentes de Cataluña quieren aprovechar la ocasión para que la comunidad salga del atolladero en el que se encuentra. Abogan por reconducir el ‘procés’ a un escenario ‘win-win’: vosotros ganáis nuestra renuncia a la independencia y, a cambio, nos dais una financiación ventajosa.

¿Pretenden cerrar así el círculo? El ‘procés’ empezó por dinero, ¿terminará con dinero?

En sintonía con este ideario, el candidato socialista Salvador Illa ha prometido esta semana que si logra ser ‘president’ (sería con el imprescindible apoyo de ERC) liderará la reforma de la financiación autonómica, que está bloqueada con una guerra abierta entra las comunidades que rebajan impuestos y las que los aumentan. ¿Volvemos a la casilla de salida? ¿Regresarán las élites catalanas, como hizo Artur Mas en 2012, a chantajear al inquilino de la Moncloa con la exigencia de un concierto financiero ventajoso (como el cupo vasco) a cambio de poner fin al ‘procés’?

A todos los españoles nos va mucho en este envite. 

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