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Entre el OBOR y el CAI

OPINIÓNACTUALIZADA 28/01/2021 A LAS 01:00
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'Entre el OBOR y el CAI'
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OBOR y CAI suenan a baloncesto y a la extinta caja de ahorros de la Inmaculada. Pero aquí, aunque parezcan recuerdos del pasado, no se trata de eso. Esos ‘palabros’ refieren a asuntos vivos y cada vez más presentes. Por un lado, OBOR corresponde a las siglas en inglés de la expresión ‘One belt, one road’. Por otro, CAI son las del ‘Acuerdo global sobre inversiones’, que en inglés se dice ‘Comprehensive agreement on investment’, firmado entre la Unión Europea y el gobierno de China el pasado 30 de diciembre.

Las primeras, OBOR, significan literalmente ‘un cinturón, un camino’. También se traducen como la ‘nueva ruta de la seda’. Esta es una iniciativa promovida por el presidente de China, Xi Jinping, desde 2013. Y forma parte de una estrategia a largo plazo para extender un sistema de intercambio comercial y algo más. En el fondo es una pugna geoestratégica por cambiar el reparto del tablero internacional. El gobierno chino quiere recuperar lo que siempre ha creído que es: ‘el país del centro’. China, para sus élites y gobernantes, ha sido siempre la nación que está en el centro del mundo. Por eso, ‘La maratón de cien años’ –que describía Michael Pillsbury en su libro (2015)– está llamada a cumplir con su propio subtítulo: ‘La estrategia secreta de China para sustituir a Estados Unidos como superpotencia mundial’. Esa es una de las metas.

La Unión Europea negocia acuerdos comerciales con China sin tener en cuenta la violación de los derechos humanos en aquel país

Por otro lado, el CAI es un pacto soslayado por la pandemia, pero de una importancia crucial en términos geopolíticos. Como dicen, es "el acuerdo más ambicioso que China ha alcanzado con un tercer país". La nota de prensa distribuida por la Unión Europea lo dejaba claro. Y rezumaba optimismo, basta con traducir un párrafo: "China se ha comprometido a ofrecer a los inversores de la UE un nivel de acceso al mercado mayor que nunca, incluyendo algunas nuevas e importantes aperturas de mercado. China también se compromete a garantizar un trato justo a las empresas de la UE para que puedan competir en mejores condiciones en China, incluso en términos de disciplinas para las empresas estatales, transparencia de las subvenciones y normas contra la transferencia forzada de tecnologías. Por primera vez, China también ha acordado ambiciosas disposiciones en materia de desarrollo sostenible, incluidos los compromisos sobre el trabajo forzoso y la ratificación de los correspondientes convenios fundamentales de la OIT". Las cinco páginas del CAI son el resultado de unas negociaciones que se iniciaron en la cumbre entre ambas partes celebrada en febrero de 2012. La nota de prensa terminaba recordando que "trabajan ahora para ultimar el texto del acuerdo, que deberá ser revisado jurídicamente y traducido antes de someterlo a la aprobación del Consejo de la UE y el Parlamento Europeo".

Para vender las bondades del pacto se acentúan las mejoras en la relación comercial, al abrir el mercado chino a los europeos, y en el peso de nuestros valores democráticos. Pero no está nada claro que el Partido Comunista Chino abandone su visión jerarquizada, autoritaria y totalitaria de la vida. Es más, si se mantienen como base los ‘Cinco Principios de Coexistencia Pacífica’ acuñados en 1954 –i. e., respeto mutuo a la soberanía e integridad territorial; acuerdo mutuo de no agresión; acuerdo mutuo de no intervención en los asuntos internos; igualdad y el beneficio mutuo; coexistencia pacífica– no tendrán cabida los pilares europeos y la extensión de los derechos humanos como base para la convivencia. Como no han tenido en el Tíbet, ni parece que vayan a servir en Hong Kong.

Y, además, sin percatarse de que entra en el juego de la estrategia de Pekín para alcanzar el predominio geoestratégico

El gran error occidental fue –y sigue siendo– pensar que la producción barata y la deslocalización de nuestras industrias nos iba a salir gratis. Como europeos, tendremos que despertar si no nos queremos ver en unos años gobernados con la lógica del Dragón, heredera de las dinastías Qin y Han. Como la describe Jason Hu, "un núcleo de tiranía y culto generalizado al poder y a las artimañas como principales reglas del juego, recubiertas de la sopa de pollo confuciana pro-jerarquía". Donde, además, "se legitima una sociedad jerárquica en la que el ganador se lo lleva todo". Pues eso, a despertar.

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