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El Confucio y la Universidad

OPINIÓNACTUALIZADA 21/01/2021 A LAS 01:00
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'El Confucio y la Universidad'
POL

Los actuales estatutos de la Universidad de Zaragoza se refieren en dos ocasiones a los Derechos Humanos. En concreto el artículo 2.d y en el artículo 3.i, ambos en el capítulo I, "De la naturaleza y fines…". Podríamos decir que ocupan un lugar primordial. Son parte de los pilares que definen a nuestra institución. No es para menos en un ‘estado social y democrático de derecho’, como el nuestro. Una España que en el primer artículo de su Constitución dice "que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político".

Merece la pena reproducir al menos parte de ambos. En el primero, cuando se describen los "Fundamentos básicos", se declara —para quien quiera leer— que "la Universidad de Zaragoza, en virtud de su autonomía y mediante los presentes Estatutos, establece su organización y sus funciones, que se fundamentan en los principios de […] (d) Defensa de los Derechos Humanos y las libertades públicas". Y luego, en el siguiente, en los once puntos donde se enumeran "los fines de la Universidad de Zaragoza, al servicio de la sociedad y en el ejercicio de su autonomía", se destaca en el apartado (i): "El fomento de un marco de pensamiento en el que los Derechos Humanos, la solidaridad entre generaciones, el desarrollo sostenible y la paz sean objeto de investigación, formación y difusión en todos sus ámbitos". Aspecto que se refuerza con el apartado (k) "la aceptación, defensa y promoción de los principios y valores democráticos y constitucionales".

¿Por qué nuestra Universidad tiene en su seno al Instituto Confucio?

Si tenemos esto en mente y nos creemos esas palabras ¿Por qué nuestra Universidad tiene en su seno al Instituto Confucio? ¿Por qué pactamos con una institución cultural creada al servicio de la propaganda de la China totalitaria? ¿A quién interesa asociarse con una institución gubernamental de un gobierno dictatorial que no respeta los Derechos Humanos ni la libertad?

La República Popular China, dictadura al servicio del Partido Comunista Chino, gobernada por la nomenclatura del partido único, convertida en el paradigma del capitalismo totalitario, lejos de promover los valores anteriores apoyados en los Derechos Humanos, pretende lavar su imagen y extender su modo de gobernar allende sus fronteras. Para ello ha organizado desde hace varios lustros la red internacional del Instituto Confucio. La estrategia es simple. Se entra por las élites universitarias y se difunde sutilmente su modelo político. Lejos de enseñar la admirable e impresionante cultura china tradicional, con toda la riqueza lingüística, su diversidad y pluralidad, se muestra un sistema sesgado ideológicamente. E incluso, se enseña un chino simplificado que incapacita para leer y conocer los textos clásicos. Pero hay más.

En el fondo, es una vieja estrategia del arte de la guerra chino. Como explica Jason Jixuan Hu a partir de la intervención de Wei Jingsheng en un seminario sobre China en la George Washington University: "La parte más importante del antiguo pensamiento militar chino, la parte del espionaje, no ha sido entendida por la mayoría de la gente. Los espías no son sólo espías de nivel relativamente bajo que roban información. El concepto de ‘espía’ en chino se refiere principalmente a la infiltración en el enemigo para provocar la alienación y guiar al enemigo a cometer errores; seguido del robo de inteligencia de alto nivel y estratégica".

¿Por qué pactamos con una institución cultural creada al servicio
de la propaganda de la China totalitaria?

Esto lo han percibido ya en 64 universidades del mundo. Comenzó en Canadá la Universidad McMaster en el 2013. Otras próximas, como Toulouse I Capitole en 2017, han cerrado sus Institutos, siempre controlados desde Hanban, en Pekín. Donde, como aquí, ningún docente puede ser contratado sin la sumisión ideológica al partido. Si tomamos en serio nuestros propios fines y principios, ¿cómo debemos proceder en la Universidad de Zaragoza? ¿A caso no es suficiente saber cómo tratan a las gentes del Tibet, de Hong-Kong, de Falun Gong o a los uigures? ¿Podemos olvidar Tiananmen o el acoso a democracia de Taiwan? Quizá corresponda abrir el debate, con luz y taquígrafos, para saber si queremos seguir fortaleciendo al dragón de la mil cabezas ¿o hay miedo a encontrar esa verdad?

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