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Opinión

la tribuna

Veinte años sin Ernest Lluch

Por
  • Alfonso Sánchez Hormigo
OPINIÓNACTUALIZADA 21/11/2020 A LAS 02:00
Opinión
Ernest Lluch en la presentación de la Fundación Gaspar Torrente en Zaragoza. 1999
Oliver Duch

Hoy se cumplen veinte años desde que tres individuos, de la banda terrorista ETA, segaran a tiros la vida del profesor Ernest Lluch en el garaje de su domicilio de Barcelona. Son tantos años que las jóvenes generaciones posiblemente no saben quién es este señor; o algunos eran muy pequeños cuando se produjo el lamentable asesinato. A ellos van dedicadas estas letras para que la memoria de Ernest Lluch se mantenga viva.

Cuatro años después de su brutal asesinato, Lluís Maria de Puig (presidente de la Fundación Ernest Lluch, creada en Barcelona en 2002), para explicar la sinrazón de tan deplorable y criminal acto, plasmó en su obra sobre los últimos escritos del profesor Lluch el motivo que condujo a ETA a eliminar a una persona que se había implicado con todas sus fuerzas en resolver el problema vasco, a través del diálogo, dentro del marco constitucional: "Para los terroristas Lluch era un estorbo y por eso lo asesinaron. Les resultaba incómodo, muy incómodo, era peligroso con su discurso de diálogo y pacto: los descubría tal como eran en realidad, los desenmascaraba. Nada, pues, de contradicción, de error ni de incoherencia: Lluch fue víctima de la infernal lógica etarra contra todo arreglo de la situación vasca".

Quiero recordar que cuando lo mataron el profesor Lluch tenía que haber estado en Zaragoza presentando su último libro, editado por la Institución Fernando el Católico, con el título de ‘Aragonesismo austracista (1734-1842). Escritos del conde Juan Amor de Soria’. El cambio de fecha de su presentación al mes de diciembre propició que el 21 de noviembre se encontrase en su casa de Barcelona, y allí lo encontraron sus asesinos.

Zaragoza y Aragón fueron lugares visitados de forma permanente por el profesor Lluch; responsable de la construcción del Hospital de Calatayud, en su época de ministro de Sanidad y Consumo (1982-1986), y padre de la actual Ley General de Sanidad (1986), que instauró la sanidad universal por primera vez en España. Mantuvo relaciones constantes con las instituciones aragonesas.Mantuvo relaciones constantes con las instituciones aragonesas. Participó activamente en el mundo intelectual y universitario, promoviendo un grupo de investigación sobre Historia del Pensamiento Económico, dirigiendo la elaboración de tesis doctorales. Promovió la creación en Huesca de la Sede Pirineos de la UIMP (Universidad Internacional Menéndez y Pelayo).

En colaboración con profesores aragoneses, impulsó diversos congresos que convirtieron a Zaragoza en la Ciudad de la Paz, así bautizada por el escritor Joan Esculies, en su biografía sobre Lluch. Este apelativo se debe a que en el seno de nuestra universidad se dieron las condiciones para que los distintos grupos dedicados a la Historia del Pensamiento Económico de Barcelona y Valencia, de un lado, y, el de Madrid por otro, decidieran resolver sus diferencias científicas y comenzasen juntos a organizar congresos y ‘workshops’ en los que activar el desarrollo de los conocimientos en la materia. El año 1991 fue el punto de partida y el homenaje a su maestro, el profesor Fabián Estapé (uno de los fundadores de la Facultad de Económicas de la Universidad de Zaragoza), en 1997 consolidó los encuentros científicos en Zaragoza.

Desde 1999, a iniciativa de Lluch, surgió la Asociación Ibérica de Historia del Pensamiento Económico, que se mantiene activa y reuniéndose cada dos años con los colegas portugueses. Por sugerencia del recientemente fallecido Santiago Lanzuela, en su época de consejero de Economía, Ernest Lluch, con la ayuda de los profesores Eloy Fernández Clemente y Alfonso Sánchez Hormigo, relanzó la colección Clásicos del Pensamiento Económico Aragonés, de la Institución Fernando el Católico, que hoy, en su recuerdo, lleva su nombre.

En 2005, la Fundación Ernest Lluch creó una sección aragonesa, dedicada a conservar su memoria e impulsar diversas actividades, entre las que destaca la promoción del diálogo social que tanto amaba Lluch. Ese diálogo desde la tolerancia y el respeto por las posiciones encontradas, que tanto echamos de menos en este incierto noviembre de 2020.

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