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Opinión

elecciones al rectorado de la universidad de zaragoza 

Romper la inercia

Por
  • Carmen Marcuello Servós
OPINIÓNACTUALIZADA 19/11/2020 A LAS 01:00
Carmen Marcuello. Catedrática del Departamento de Dirección y Organización de Empresas de la Universidad de Zaragoza, experta en Economía Social;miembro del patronato de la Fundación Integración y Empleo, forma parte del consejo de administración de los Centros Especiales de Empleo. Creadora de Musethica, un proyecto pionero de excelencia profesional que acerca la música allí donde nunca llega. Toni Galán
Carmen Marcuello.
Toni Galán

Hace unos días hablaba con el profesor Vicente Salas, quien fuera mi director de tesis doctoral, acerca de las inercias que suelen acompañar al funcionamiento de las grandes comunidades y organizaciones. De este modo, no es difícil que en muchas ocasiones nos sorprendamos girando sin descanso dentro de una rueda que no sabemos hacia dónde se dirige. Simplemente seguimos corriendo, seguimos girando. Para frenar esas inercias, es necesario detenerse un instante. Coger aire, buscar un sentido; en definitiva, pensar. Con esta intención nació hace dos años RedPensarUZ, queriendo repensar el modelo de gestión de la Universidad de Zaragoza y llevando a cabo una reflexión en red, es decir, estableciendo contactos con gente diversa, escuchando diferentes opiniones y actuando con un planteamiento lo más abierto posible, a los de dentro y a los de fuera.

Así es como me presento a las elecciones al Rectorado de la Universidad de Zaragoza. Esta actitud de apertura, de integración de la pluralidad y de amplia vocación participativa de toda la comunidad universitaria es con la que desde el primer día abordaré mi trabajo como rectora, si resulto elegida. Tengo la convicción de que podemos salir de la inercia, de la falta de horizontes, de la burocracia autorreferencial, haciendo que desde el edificio Paraninfo se escuchen las ideas y las propuestas de tantas personas –estudiantado, PDI, PAS– que, desde hace mucho tiempo, en su día a día, llevan a cabo su función con una entrega que no siempre se ha visto acompañada y reconocida por los órganos de gobierno. Son estos órganos los que muy especialmente deben también aspirar a deliberaciones y planteamientos de mayor calado y de más largo alcance, debates que deben afrontarse con una Universidad de Zaragoza que se mire en el espejo y decida qué quiere hacer, de qué manera y hacia dónde desea encaminarse. Lo que propongo consiste en tratar de cumplir los fines a los que nos convocan los Estatutos de nuestra Universidad, defendiendo la más alta excelencia docente e investigadora y tratando de ser una referencia indiscutible en el nivel internacional y entendiendo que, lejos de maniqueísmos y de argumentos tramposos, todo ello solo será posible si concebimos nuestra institución como un servicio público, como una garantía de derechos de la ciudadanía y como un elemento de fortalecimiento de la sociedad aragonesa.

Probablemente todas estas motivaciones no aparecían entonces en mi mente de una manera tan elaborada, pero si echo la vista atrás puedo reconocerlas entre todo el torbellino de razones que un día impulsaron a una joven estudiante de Ciencias Económicas y Empresariales a dedicar su vida a la Universidad. Por eso quizás no sea casualidad que volvieran a aflorar –ya reposadas y firmes– en una conversación con quien me guio en esos primeros pasos en la carrera académica. El trayecto hasta la cátedra y las labores desempeñadas como presidenta del OIBESCOOP, vicepresidenta de CIRIEC-España, directora del Departamento de Dirección y Organización de Empresas, del grupo de investigación GESES y de la cátedra Cooperativas y Economía Social, como miembro del patronato de la Fundación Integración y Empleo, o la posibilidad de colaborar con la empresa de inserción Mapiser y el centro especial de empleo Arapack, me han otorgado la experiencia suficiente y me han enseñado a mantener los pies en el suelo.

Con ese equipaje, te pido tu apoyo, te pido tu voto, para alcanzar el objetivo realizable de romper la inercia, repensar muchas de nuestras dinámicas y dotarlas, en definitiva, de un nuevo significado.

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