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Opinión

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El parque de Huesca

Por
  • Víctor Juan
OPINIÓNACTUALIZADA 28/10/2020 A LAS 02:00
Paseo de las Pajaritas del parque Miguel Servet de Huesca /Foto Rafael Gobantes / 28-3-11 [[[HA ARCHIVO]]]
Paseo de las Pajaritas del parque Miguel Servet de Huesca.
Rafael Gobantes

Desde hace veintidós años atravieso diariamente el parque de Huesca, camino del hermoso edificio de la antigua Escuela Normal de Magisterio donde doy clase a chicos que quieren ser maestros. Cada día tengo un recuerdo de gratitud y cariño para los jardineros de Atades y para las brigadas municipales que lo cuidan para todos nosotros, lo mantienen limpio, recortan los arbustos de los setos, podan los árboles, barren las hojas de los plátanos, recogen las agujas que depositan en el suelo los pinos, arrancan una a una las hierbas que tienen la tentación de crecer en los parterres de flores, mantienen cristalina el agua de los estanques, pintan y restauran la casita de Blancanieves y riegan el césped para que disfruten nuestros ojos, nuestro corazón y todos nuestros sentidos.

La ciudad dedicó el parque a Miguel Servet. Para mí es el parque donde las pajaritas de Ramón Acín, esos dos pequeños caballos de Troya, tienen su paseo; el parque de los castaños de Indias; el parque de la fuente dedicada al ocho de marzo; el parque que da nombre a la escuela aneja a la Normal; el parque donde vivía, en la copa de un pino, Tordocop, el moñaco que terminó amistándose con los estorninos que debía ahuyentar y al que cesaron del cargo de espantapájaros; el parque que acoge los juegos de los niños al terminar las clases; el parque donde los abuelos toman el sol y conversan sin propósito… el parque en el que yo me hubiera enamorado si alguien me hubiera besado junto al monumento dedicado a los reyes aragoneses.

Víctor Juan es director del Museo Pedagógico de Aragón

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