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Opinión

el meridiano

El paisaje de las máscaras

Por
  • Miguel Gay Vitoria
OPINIÓNACTUALIZADA 29/09/2020 A LAS 01:00
USO OBLIGATORIO DE MASCARILLAS EN ARAGON / 12/07/2020 / FOTO : OLIVER DUCH [[[FOTOGRAFOS]]]
'El paisaje de las máscaras'
Oliver Duch

Si no a acomodarnos, sí hemos aprendido a convivir con las mascarillas. Que tapan la boca hasta a los muy muy reacios –seguramente, por la cuenta que les trae, como a todos–. Las más, cumplen sin estrépito su vocación sanitaria; pero hay máscaras que nos pintan la cara, alientan sentimientos y aportan una pizca de imaginación; dibujando una pincelada de personalidad exhibida con orgullo.

Hoy la desnudez se muestra en la cara. El descuido de salir sin mascarilla desasosiega, y uno busca de inmediato cómo aliviar el impúdico descuido de ese destape que promueve miradas entre atónitas y desafiantes.

La máscara es el sello de nuestro tiempo; el distintivo de una etapa tan sorprendente como inexplicable, que contribuye sobre todo a poner orden en la escala de la trascendencia.

Es complejo pensar qué se nos hubiera pasado por la cabeza meses atrás si alguien hubiera esbozado entonces el paisaje de nuestros días; al que hemos sido capaces de habituarnos con esa natural capacidad de adaptación que envuelve al ser humano.

Aunque ese panorama adquiere su dimensión en una advertencia: la del asalto de la enfermedad con la que hemos de convivir, y que se empeña en enviar mensajes inquietantes. Por más que haya quienes elijan regatearlos.

Porque una cosa es acostumbrarse, más o menos, a las mascarillas y otra no inmutarse ante una cadena de avisos con vocación de pronóstico. Como esa previsión de las funerarias, retratada en los periódicos, en la que enuncian el refuerzo de sus plantillas hasta un 30 por ciento ante la segunda ola de covid. O la profecía política que advierte de semanas "muy duras" en el nuevo escenario del avance de la pandemia.

Así que en el inmenso escaparate de la nueva realidad, el mar de mascarillas contribuye también a señalar la dimensión de esa pelea común en la que estamos inmersos; el empeño por la búsqueda imprescindible de la vacuna, y la necesidad en el intervalo de poner todos los medios para tratar de convivir de la mejor manera posible con la enfermedad. Aprendiendo o no a presumir de máscara; valorando siempre lo que merece la pena.

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