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Opinión

la rotonda

Por las empresas... y por los trabajadores

ACTUALIZADA 19/06/2020 A LAS 02:00
El presidente de Mercadona, Juan Roig, ha presentado hoy los datos económicos de la compañía correspondientes a 2019.
El presidente de Mercadona, Juan Roig, ha presentado hoy los datos económicos de la compañía correspondientes a 2019.
Manuel Bruque/Efe

La celebración de la macrocumbre de CEOE ‘Las empresas españolas liderando el futuro’ no puede ser más oportuna. Tras semanas dramáticas, visualizar la potencia de las empresas españolas ayuda a afrontar el futuro con templanza. A lo largo de diez días, 130 líderes de compañías señeras están haciendo una necesaria labor de pedagogía, de contar qué son, qué hacen y qué necesitan ahora las empresas españolas. De paso, tomamos conciencia de cuánto nos conviene cuidarlas, porque ahí se originan los recursos que sostienen nuestro valioso y apreciado Estado de bienestar.

Como acostumbra a decir Manuel Pizarro, "hasta que tú no te empiezas a aburrir, el otro no se empieza a enterar". Una reflexión que invita a que cada uno asuma la responsabilidad de hacer lo que debe, lo que implica explicar qué hace, sin esperar a que los demás lo hagan por uno.

Por eso, ha sido muy apropiado el foro de CEOE, en el que se están mostrando ‘los estados generales’ de la empresa española en esta grave coyuntura y exponiendo qué conviene hacer para sacar el país adelante. Entre otros argumentos, algunos tan elementales, pero que hay que recordar, como que el empleo lo crean las empresas y que solo desde la previsibilidad y la seguridad jurídica es posible fomentarlo.

Antes de la pandemia, según la EPA, había en el sector privado 13,5 millones de asalariados. Mientras, medio millón más, 14 millones de personas, recibían retribución pública (8,8 millones de pensionistas, 3,2 millones de empleados públicos y 2 millones de desempleados). En estas semanas, el número de parados se ha duplicado y han entrado en ERTE más de tres millones. Hasta cinco millones de personas que en un momento han cambiado de platillo en la balanza, en un entorno de caída de la actividad de la economía española de hasta el 34%.

Ante este escenario, prorrogar los ERTE, crear el ingreso mínimo vital y facilitar la financiación con las líneas ICO para las empresas o las moratorias hipotecarias para las familias son medidas más que necesarias para poder superar los estragos económicos de la covid-19. Como dicen los expertos, esta crisis no se ha generado por un comportamiento inadecuado de algún sector económico, sino por una amenaza para la salud global que ha obligado a parar.

Ahora, además de mantener el virus a raya, el combate incluye revertir el parón. Si el sistema de salud es la caballería de la primera misión, en el segundo objetivo están las empresas españolas y sus trabajadores. Ya en momentos cruciales de la pandemia mostraron sus capacidades manteniendo los suministros básicos o servicios bancarios, o transformando sus líneas de producción para fabricar respiradores. En estos momentos, como parece que la mayoría de los 47 millones de españoles no tenemos vocación de eremitas, toca empujar la rueda de la actividad económica que mueve nuestra forma de vida. Y eso incluye escuchar y considerar lo que dicen las empresas. También, a esos dos millones de autónomos que, además de las dificultades e incertidumbres de siempre, sufren en soledad esta coyuntura.

Tuiter, ¡cómo no!, ha destilado bilis contra empresarios como Juan Roig, el fundador y propietario de Mercadona, tras su intervención en la cumbre, en la que reivindicaba el orgullo de ser empresario y la necesidad de que la sociedad vea que las empresas son generadoras de riqueza y bienestar. 90.000 trabajadores en su plantilla y 500.000 en toda su cadena alimentaria que han llenado la cesta de la compra en los días más negros de esta dolorosa primavera. Contribuyentes además que estos días presentan su declaración de la renta con la que pagamos salud, educación, seguridad o infraestructuras.

El Gobierno y sus portavoces harían bien en tener muy en cuenta las reflexiones de los ponentes de la cumbre y no demonizarlos ni alimentar estereotipos. Cada uno sabe mucho de su sector y de las soluciones posibles. Como debe ser, también escucharán a los sindicatos. Pero defender a las empresas es defender a sus trabajadores y, en última instancia, defender los ingresos en las arcas públicas. En resumen, defender el país

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