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Opinión
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el meridiano

Complicado, como echar de menos

Por
  • Sergio Royo
OPINIÓNACTUALIZADA 28/05/2020 A LAS 02:00
El cantautor aragonés Joaquín Carbonell ha celebrado sus 50 años sobre los escenarios en el Teatro Principal de Zaragoza
Espectadores en el Teatro Principal de Zaragoza antes de la crisis sanitaria.
Guillermo Mestre

Tuvo que pararse el mundo para que echáramos en falta el parón del café a media mañana, la tranquilidad de una terraza semivacía a una hora en la que la gente, pongamos, se está echando la siesta, o para que aprendiéramos a valorar la innegociable ducha matutina antes de coger el coche, el autobús, la bici de camino al trabajo. Tuvo que pararse el mundo para que comprendiéramos que teníamos suerte de tener un lugar adonde ir, una casa a la que regresar, una familia a la que abrazar esos días en los que necesitas que alguien te quiera abrazar. Porque también podría ser que nadie nos quisiera abrazar.

Tuvieron que cerrarse los gimnasios, los clubes deportivos, las piscinas cubiertas, para que echáramos en falta la complicidad que dejamos atrás en una brazada, en un triple o en un gol, en una serie mal hecha o en la mano cómplice de ese amigo de gimnasio que te ayuda a levantar una mancuerna un día que te da por motivarte y llevar al límite a tu cuerpo.

Tuvieron que cerrarse los cines o las salas de teatro para que comprendiéramos la suerte que teníamos las tardes del sábado o del domingo de escoger un plan cultural entre tantas opciones, y disfrutáramos de realidades alternativas tan variadas como el número de salas que íbamos dejando atrás con un bol de palomitas en la mano.

Tuvieron que cerrarse los colegios para que los maestros y maestras añoráramos poder decir esa frase que nos atormenta en un día laborable normal: oh, no, hoy me toca recreo. Echamos de menos cuidar los recreos.

Fueron necesarias muchas derrotas para que nos diéramos cuenta de lo que teníamos al alcance de la mano, sin valorarlo ni saber apreciarlo. Aunque la realidad utópica de salir mejores de todo esto ya se haya confirmado como un fracaso colectivo, ojalá al menos, a nivel individual, seamos capaces de disfrutar todavía más de la suerte que tenemos de estar donde estamos y tener lo que tenemos. O, lo que es lo mismo, que disfrutar de nuestros pequeños privilegios no nos resulte tan complicado como nos ha resultado aprender a echar de menos. 

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