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Opinión

la rotonda

Covid: motivos para el optimismo

Por
  • Jesús Santamaría
OPINIÓNACTUALIZADA 11/05/2020 A LAS 02:00
Reparto de mascarillas en Zaragoza en el primer día de deporte y paseos.
Primer día de deporte y paseos.
Ayto. Zaragoza

El título de este artículo puede sorprender en un momento en que todavía las cifras de muertes diarias son tan elevadas, pero es cierto que existen motivos para ser optimistas respecto a la evolución de la covid-19 en los próximos meses. Y hablo de motivos científicos.

Recordemos que para contagiarse hay que entrar en contacto con el virus, por ejemplo tocando fluidos que contienen carga viral o fómites (es decir, objetos y superficies contaminadas con el virus), o bien inhalando aerosoles (gotas finas en suspensión) provenientes de personas infectadas. Cuando estornudamos, tosemos o hablamos, gotitas de diferentes tamaños salen con el aire exhalado. Los famosos dos metros de separación reducen mucho la posibilidad de que nos alcancen gotas ‘grandes’ (de decenas o cientos de micras) emitidas por personas contagiadas ya que caen rápidamente al suelo, pero sí pueden llegar hasta nosotros gotas más pequeñas, que quedan suspendidas en el aire durante largo tiempo (una gota de 5 micras tardaría unos 20 minutos en caer al suelo en aire en calma, pero es fácil que, antes de que eso ocurra, una corriente ascendente la vuelva a dispersar). No podemos ver esos aerosoles pero están presentes y representan un medio de infección difícil de eliminar.

Mis motivos para el optimismo son de dos tipos. El primero se refiere a la actitud de la población: a estas alturas la gravedad del problema ya ha calado entre el público en general. Más allá de las imágenes de algunos incumplidores con que nos bombardean asiduamente en los telediarios, la mayor parte de la gente se cuida y hace lo posible por evitar contagios. El contacto físico con alguien con quien no se conviva resulta hoy impensable. Y ayer, a las 8 de la tarde, pude constatar que la mayoría llevaba mascarilla por la calle, a pesar de no ser obligatoria. En recintos cerrados como supermercados, el porcentaje es aún mayor. Esto es una buena noticia porque el uso de mascarillas resulta eficaz para prevenir contagios. Aunque no todo el mundo pueda utilizar mascarillas de mayor protección (las famosas FFP2 y FFP3), existe una abrumadora evidencia experimental de que incluso las simples ‘mascarillas higiénicas’ reducen fuertemente las posibilidades de propagación del virus. Esto es así porque una mascarilla bien colocada es capaz de retener la mayoría de las gotas expulsadas en la exhalación. Es decir, una mascarilla higiénica puede no protegernos de aerosoles presentes en el ambiente (tampoco lo hacen al 100% las FFP2 o FFP3, sobre todo cuando no van perfectamente ajustadas, como veo a menudo en personas con quien me cruzo en la calle), pero si la mayoría de la población las lleva estaremos todos mucho más protegidos, porque la cantidad de microgotas en el aire será mucho menor.

El segundo tipo de razones no tiene que ver con nuestra actitud, sino con la climatología, que se mueve para nosotros en la buena dirección. No, las temperaturas veraniegas no van a ser, ni de lejos, suficientes para inactivar el virus (un estudio reciente muestra supervivencia de una fracción de SARS-CoV-2 incluso tras un tratamiento a 60 grados durante una hora). Sin embargo, acercarnos al verano tiene al menos dos efectos beneficiosos. El primero afecta a los aerosoles. Subir la temperatura ambiente de 10 a 32 grados centígrados cuadruplica la presión de vapor del agua. Eso quiere decir que las gotitas en suspensión se van a evaporar casi cuatro veces más rápido, produciendo la desecación de microgotas con partículas víricas, algo que muchos investigadores creen que afecta a su estructura, contribuyendo a su pérdida de actividad. El segundo tiene que ver con el aumento de la intensidad de la radiación solar, que para nuestra latitud en verano llega a ser unas 10 veces mayor que en invierno. De esa radiación, entre un 3 y un 5% es luz ultravioleta, con suficiente energía para degradar estructuras del virus cuando está expuesto en el aire o en superficies (un estudio habla de un 50% de inactivación en dos minutos bajo radiación solar intensa, aunque otros citan tiempos bastante mayores). Bienvenido sea el verano.

Por esas razones estoy –moderadamente- optimista y dispuesto a no quejarme del calor este año. Pero recuerden: mascarilla y lavado de manos frecuente. Los contagios no sólo siguen siendo posibles, sino que serán mucho más fáciles durante la desescalada. 

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