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Capitalismo post-coronavírico

OPINIÓNACTUALIZADA 18/04/2020 A LAS 02:00
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El planeta con coronavirus.
Pixabay

Las bibliotecas y las hemerotecas son la prueba irrefutable de que con frecuencia las grandes profecías no han dado en la diana, incluso en momentos cruciales. Por ello, Umberto Eco escribió el ensayo ‘Nunca te enamores de tu propio zepelín’. Cuando surgió el dirigible, la gente imaginó que le seguirían modelos aún más ligeros porque lo más lógico era pensar que había que ser más livianos que el aire para poder volar; sin embargo, resultó ser lo contrario y se acabó imponiendo el avión frente al dirigible. La moraleja de la historia es que tanto con las ideas como con la ciencia uno debe ser muy cuidadoso y nunca enamorarse de sus propias teorías porque la realidad las puede refutar en cualquier momento.

Con prudencia, pues, pero es inevitable preguntarse hoy qué vendrá después del coronavirus. Está claro que la que seguramente va a ser la mayor crisis mundial de nuestra generación va a dejar muchas cicatrices. Las decisiones que se tomen estos días moldearán el planeta durante los próximos años en todos los aspectos, desde el sanitario al económico, pasando por el político y el cultural. No sabemos cuánto cambiará ni cómo será el mundo post-coronavirus. No obstante, los filósofos y pensadores más conspicuos ya están tomando posición: desde el surcoreano Byung-Chul Han al israelí Yuval Noah Harari pasando por el esloveno Slavoj Zizek o el británico John Gray.

A grandes rasgos ya se dibujan dos grandes corrientes que, por otra parte, han sido las habituales después de una guerra y de cualquier otro acontecimiento disruptivo: idealismo y pragmatismo. La Historia demuestra que primero surge el optimismo y después suele aparecer el crudo realismo. Así ocurrió tras las dos guerras mundiales. Así también después de la caída del Muro de Berlín: muchos creyeron que se alumbraba una época de libertad y prosperidad bajo el estandarte de la democracia liberal (Fukuyama); sin embargo, en los años noventa se resquebrajó el consenso social liberal que nació tras la II Guerra Mundial (Tony Judt) y surgió un ‘capitalismo de casino’ y de burbujas inmobiliarias que saltó por los aires en 2008 (Thomas Piketty).

La recesión de la segunda década del siglo XXI ha generado un empobrecimiento de las clases medias de Occidente, que se sienten menos protegidas. El resultado ha sido el auge de los populismos y el debilitamiento del modelo de democracia liberal. Y de repente ha llegado un virus que lo trastoca todo. El impacto que está teniendo en las sociedades y la profunda huella económica que generará pueden dar lugar a otro orden internacional. Cuál sea el paradigma de este nuevo orden no está predeterminado. La Historia no está escrita. Por ejemplo, dos grandes tragedias, la Gran Depresión de 1929 y la II Guerra Mundial, definieron las bases del moderno Estado de bienestar.

En el debate entre idealistas y realistas, Yuval Noah Harari es unos de los pensadores que creen que el Covid-19 es una oportunidad para construir un nuevo capitalismo basado en la cooperación mundial, la solidaridad y en compartir información y avances científicos. Junto al filósofo israelí, prestigiosos juristas como Luigi Ferrajoli reclaman que se construya un constitucionalismo planetario, una Constitución de la Tierra como herramienta de gobernanza global.

En el bando de los pragmáticos destaca la figura de John Gray, que considera que "creer que la crisis se puede resolver con un estallido de cooperación internacional es pensamiento mágico". El catedrático de la London School of Economics aporta una visión más realista para argumentar que las divisiones geopolíticas excluyen cualquier cosa que pueda guardar algún parecido con un Gobierno mundial y, si existiese, los Estados actuales competirían por controlarlo. El provocador Zizek también rechaza el utopismo, pero cree que el instinto de supervivencia alimentará la cooperación.

Utópicos y prosaicos empiezan a desgranar sus ideas para dar una nueva respuesta al viejo dilema que Thomas Hobbes, teórico del Estado moderno, abordó hace cuatro siglos: la inseguridad general de la libertad salvaje o el pacto de coexistencia pacífica sobre la base de la garantía de la vida.

El  Covid-19 intensifica el debate sobre un nuevo contrato social más verde, integrador y justo. Y lo hace con preguntas dramáticas: ¿tiene sentido que acumulemos armas para la guerra, pero no mascarillas para una pandemia?

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