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Opinión

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Racionero y su catalanismo

Por
  • José Luis Moreu Ballonga
ACTUALIZADA 16/03/2020 A LAS 02:00
Luis Racionero sentía gran aprecio por su novela 'Cercamón'.
Luis Racionero sentía gran aprecio por su novela 'Cercamón'.
HERALDO

Luis Racionero, persona de trayectoria zigzagueante, ‘intelectual’ famoso y defensor de la contracultura, falleció el pasado 8 de marzo. Sobre sus ideas e influencia política de su última etapa interesa mucho su libro ‘Entre dos guerras civiles’, con título tomado de una frase de Gil de Biedma. Fue publicado en 2012, meses antes de que Artur Mas iniciara el ‘procés’. Peculiar libro, se supone que de madurez y de síntesis autobiográfico-filosófico-política de un hombre, de profesión ingeniero industrial y economista, pero con obra publicada muy amplia. Autor liberal, daba un repaso rápido a los intelectuales españoles de la Generación de 1898, sobre todo a Unamuno y a Ortega y Gasset, cuyas ideas, aun mostrando respetarles, refutaba duramente, llegando a echarles en parte la culpa de la Guerra Civil. A la generación de 1898 la veía, y no sin algo de razón, lastrada por una visión centralista de España y por un concepto esencialista de ‘nación’. Pero omitía del todo la experiencia de los estatutos de autonomía otorgados en la Segunda República e inspirados por nuestro mejor liberalismo.

Aun considerándose liberal, renegaba de la Ilustración y de Kant, alegando que la sacralización de la razón nos ha impedido entender las complejas razones de las culturas orientales tradicionales. Una estancia juvenil en California le convenció de que la única revolución habida culturalmente válida fue la parisina de mayo de 1968, y daba gran importancia al pensamiento ‘hippy’. El autor se veía aún en 2012 como ‘hippy’, aunque a sus 72 años no se ponía ya, confesaba, flores en el pelo. España le parecía país cainita, cafre, envidioso y sin remedio. Despachaba asuntos como la literatura de nuestro Siglo de Oro en párrafos despectivos de pocas líneas.

Afirmaba que la nación catalana tiene mil años y que la española solo quinientos, y mostraba gran cariño por su novela titulada ‘Cercamón’ (1981), sobre los siglos XII y XIII en Occitania y la ciudad de Toulouse y sus alrededores, país que extiende del Ródano al Ebro, donde había cuajado la herejía albigense y donde afirmaba que había un feudalismo impregnado del espíritu de los trovadores y caballeresco, que hacía que en la sociedad estamental de allí todos se respetasen entre sí, sin lucha de clases ni acritud, ni opresión al campesino. Así, hasta que las armas francesas, respaldadas por la Iglesia, y dirigidas por el cruel Simón de Montfort, destruyeron esa sociedad modélica y espiritual en un grave genocidio. El rey aragonés Pedro II perdió la vida en esa guerra. Tan idílica descripción de Occitania, ciertamente impregnada de un fuerte desarrollo cultural, sugiere la mitificación romántica del pasado propia de las manipulaciones históricas del siglo XIX. Su novela ‘Cercamón’, que no he leído, ha vendido en Cataluña muchas ediciones (24 en 2012), y ninguna en el resto de España, donde se tituló ‘El país que no fue’. A que no hayamos leído su novela atribuía el autor que los españoles no entendamos, afirmaba, el problema catalán. La novela sí la leyó Jordi Pujol, quien le felicitó, le nombró para cargos en instituciones culturales y le invitó a almorzar. En ese almuerzo Racionero quedó fascinado por Pujol. Para él, Pujol es el político de más altura que ha tenido nunca España, a "años luz" de los demás; muy culto, gran economista, sobrio e inteligente y "al que nunca le interesó el dinero" (sic). A su lado todos los demás (Suárez, Felipe González, Montilla o Maragall) le parecían paletos incultos e incapaces. De González afirmaba, por ejemplo, que fue un "impostor inculto con discurso de Cantinflas".

El libro de 2012 de Racionero no carece de ideas sensatas (elogios a la Transición, a la Constitución o a la UE), pero es sectario y contiene alimento ideológico eficaz para el supremacismo de los independentistas fervorosos. Exagerando el revanchismo de la izquierda española, terminaba su libro cambiando la frase del título de Gil de Biedma por la de España como un país "entre una guerra civil y las represalias de los derrotados". No he leído, aunque existirán, reflexiones posteriores publicadas del autor sobre el disparatado ‘procés’, y sí leí algún artículo suyo de prensa contra el magistrado Pablo Llarena.

José Luis Moreu Ballonga es catedrático de Derecho jubilado

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