Despliega el menú
Opinión

la firma

Ministros aragoneses

ACTUALIZADA 29/01/2020 A LAS 02:00
Opinión
'Ministros aragoneses sin calle'
HERALDO

En mi libro ‘La vida de los libros’ (2009) publiqué una primera aproximación a los ministros aragoneses a lo largo de la historia. Allí recordaba que, pese a que se dice muchas veces, casi siempre con razón, que en Madrid pintamos menos que Pichorras en Pastriz, un buen número de aragoneses han sido ministros. Y ya que ahora no tenemos ninguno, vamos a recordar (sin afán de ser exhaustivos, que eso lo dejo para los historiadores académicos, que lo harán sin duda mucho mejor que yo) a algunos de ellos: Manuel de Roda (ministro de Carlos III, principal responsable de la expulsión de los jesuitas y cuya biblioteca se conserva en el zaragozano Seminario de San Carlos), Calomarde (sobre quien publicará próximamente un libro Sergio del Molino), Anselmo Blaser (cheso, de Siresa, ministro de la Guerra), el jacetano José Aznárez Navarro (que fue ministro de la Gobernación entre septiembre y diciembre de 1823), Manuel Cortés Aragón (de Sádaba y ministro interino de Hacienda en el mismo 1823), Manuel Latre Huarte (caspolino y ministro de la Guerra), Francisco Cabello Rubio (nacido en Torrijo del Campo y que también ocupó la cartera de Gobernación en 1840), Torres-Solanot, Bruil (que siempre será don Juan Bruil), Alejandro Oliván (que, habiendo nacido en pleno Valle de Tena, lo fue nada menos que de Marina), Joaquín Gil Berges, Tomás Castellano Villarroya, José-Fernando González Sánchez (jacetano, ministro con Pi y Margall y con Salmerón, que escribió en 1866 y 1867 los tomos correspondientes a Huesca y Zaragoza de la ‘Crónica General de España’ y acabaría fundando el Partido Reformista con Melquíades Álvarez y Gumersindo de Azcárate), Vicente de Piniés, Galo Ponte (al que el fiscal aragonés Galbe Loshuertos llamaba ‘Póngase Usted’, porque le tenía respeto), Gascón y Marín, Agustín Viñuales, Vicente Iranzo (de Cella, que también ocupó entre otras la cartera de Marina), Manuel Marraco, Antonio Royo Villanova (agrarista y exaltado anticatalanista, que en el último gobierno de Lerroux, para no ser menos, también fue ministro de Marina), Ramón Feced (ministro con Lerroux como Royo, que se exilió en Francia y pudo volver gracias a que había ayudado a huir a Serrano Suñer), el militar Sebastián Pozas Perea (que en la guerra civil fue nombrado durante unos pocos meses ministro de la Gobernación); los franquistas José Larraz (autor de un gran libro de memorias que me recomendó mi amigo José María Serrano Sanz, catedrático en nuestra Universidad), José Ibáñez Martín (de Valbona y cuya hija Pilar se casó con Leopoldo Calvo-Sotelo), Demetrio Carceller (fundador de CAMPSA y de CEPSA y que fue quien desenmascaró al estafador Albert von Filek ante Franco, como nos contó Ignacio Martínez de Pisón en su libro sobre aquel estrafalario personaje, inventor de un falso combustible sintético), Mariano Navarro Rubio (de Burbáguena, acusado en el caso ‘Matesa’ y casado con una Miss España, como recordaba Fabián Estapé, con la que tuvo nada menos que 11 hijos) y José María Sánchez-Ventura y Pascual (ministro de Justicia que, en su calidad de Notario Mayor del Reino, dio fe del juramento del rey Juan Carlos ante las Cortes). Y ya en época democrática Sebastián Martín-Retortillo, Jaime García Añoveros, Luis-Manuel Cosculluela Montaner (nacido en Barbastro, que fue ministro de Administración Territorial entre julio y diciembre de 1982) y Juan-Alberto Belloch, próxima –y merecida– Medalla de Oro de Zaragoza. Falta para completar la lista de los ministros aragoneses en democracia Román Escolano Olivares, que lo fue en el último Gobierno de Rajoy, entre marzo y junio de 2018. Su padre, también de nombre Román, fue un queridísimo amigo mío y uno de los grandes coleccionistas de arte de la ciudad, y su madre, Carmen Olivares, una prestigiosa catedrática de Filología Inglesa en nuestra Universidad. En la entrada de mi casa cuelga un dibujito de José Manuel Broto que Román padre me regaló cuando me casé.

Confieso que mi preferido fue siempre el republicano y foralista Gil Berges (ministro con Pi y Margall y con Castelar), nacido en Jasa, autor del prólogo a la edición del Latassa de Miguel Gómez Uriel y del conocido ‘Los Mostrencos en el Tribunal Supremo’, y de quien escribió una pequeña biografía su sobrino Joaquín Gil Marraco. Algunos de sus libros, con sus iniciales grabadas en los lomos, están hoy en mi casa por generosa donación de sus descendientes. A Oliván lo retrató George Borrow en ‘La Biblia en España’, Piniés viajó con Alfonso XIII a las Hurdes, pero la anécdota más emotiva es la del oscense Agustín Viñuales, ministro de Hacienda en la II República en sustitución de Jaume Carner y que fue quien medió ante sus compañeros del claustro de la Universidad de Granada para que ‘ayudaran’ a terminar la carrera a un desmotivado García Lorca. En agradecimiento, éste le dedicó el poema ‘San Gabriel’ del ‘Romancero Gitano’, lo que ha facilitado su recuerdo mucho más que su paso por el Ministerio de Hacienda.

Algunos de estos 32 ministros no tienen calle en Zaragoza y casi todos ellos la merecen. Otro motivo de reflexión como el de las lápidas del otro día. ¿Por qué nos cuesta tanto querernos? ¿Por qué no recordarlos en el callejero?

Etiquetas