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Opinión

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Campus inteligentes

Por
  • José María Gimeno Feliu
ACTUALIZADA 14/01/2020 A LAS 02:00
Opinión
Campus inteligentes
F.P.

Entre los grandes retos de la sociedad en el siglo XXI nos encontramos, junto al de la despoblación, con el del correcto diseño de las denominadas ‘smart cities’ (ciudades inteligentes), que se refieren a un tipo de desarrollo urbano basado en la sostenibilidad que es capaz de responder adecuadamente a las necesidades básicas de instituciones, empresas, y de los propios habitantes, tanto en el plano económico, como en los aspectos organizativos, sociales y ambientales. A tal efecto, las instituciones europeas llevan tiempo preparando una estrategia para lograr un crecimiento urbano sostenible con un enfoque ‘inteligente’ para las grandes ciudades y su área de actuación. Son varios los aspectos a tener en cuenta en estas ‘ciudades inteligentes’: la economía, la movilidad, el medio ambiente, la calidad de vida de sus habitantes, su forma de vida y la administración (Pol Goetzinger).

Pues bien, dentro de las distintas opciones parece evidente que las universidades, por su capacidad de investigación e innovación (también por su reconocimiento social), deben jugar un papel de palanca para impulsar esta transición hacia modelos avanzados de ciudades inteligentes. Así, las universidades deben asumir un rol de liderazgo en la materia empezando, en primer lugar, por repensar su propia organización y objetivos para cumplir esta nueva función. Así, el gran reto actual de nuestro modelo universitario (claramente transversal, por lo que se comprende mal la decisión de separar del Ministerio de Universidades la ciencia y la investigación) es generar campus universitarios inteligentes, al servicio del entorno, que promuevan e impulsen los cambios organizativos, tecnológicos, económicos y sociales que las nuevas exigencias y compromisos de las ciudades demandan.

Campus universitarios inteligentes, estos, que se deben caracterizar por una nueva organización de la gestión (simplificada y permeable a las nuevas tecnologías) que favorezca e impulse la creatividad; por una mejor relación con instituciones y empresas para detectar necesidades y aportar soluciones innovadoras (en lo tecnológico y en lo social) flexibilizando los mecanismos de colaboración e incentivando esta nueva cultura entre todo el personal universitario (estudiantes, personal de administración y servicios o profesorado); por un compromiso con la responsabilidad estratégica, con atención a la sostenibilidad social y ambiental desde distintas perspectivas; por una nueva cultura del conocimiento transversal (tanto en lo docente como en la transferencia de conocimiento) y del trabajo en equipos interdisciplinares y por una vocación de ser motor de los objetivos ODS 2030 de Naciones Unidas, haciendo de los mismos seña de identidad de la propia institución.

Los campus universitarios inteligentes, como generadores de innovación y de mejora de la calidad de vida de los ciudadanos (y como elementos de reflexión, para poder abordar y corregir problemas como la despoblación), exigen planificación y anticipación, compromiso y solidaridad, inconformismo, flexibilidad y rendición de cuentas. Lo que obliga, quizás, a una nueva cultura universitaria más abierta y menos desconfiada, que ponga el acento en la excelencia al servicio de los ciudadanos (salvaguardando siempre la equidad social). Los campus universitarios inteligentes son la herramienta para unas mejores políticas públicas y para unos mejores servicios públicos, lo que exige, de la universidad, una nueva política de formación permanente (flexible) a lo largo de la vida y capacidad de adaptación a nuevas necesidades sociales; y también, de la sociedad, una adecuada financiación y mejor reconocimiento a la propia misión de la universidad. Las experiencias existentes (sirva de ejemplo la ciudad de Lyon, entre otras muchas) deben servir de estímulo para afrontar este nuevo escenario que permite mejorar la calidad de vida.

En ello, la Universidad de Zaragoza (referente nacional en el ámbito institucional en esta materia), por sus capacidades y por su propia singularidad institucional en Aragón tiene un importante rol a desempeñar. Ahora es el momento.

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