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Opinión

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Tras la sentencia del ‘procés’

ACTUALIZADA 20/10/2019 A LAS 02:00
Torra mantiene Cataluña paralizada.
Torra mantiene Cataluña paralizada.
Alejandro García / Efe

No pudo tomarse mejor decisión. La retransmisión en directo del juicio del ‘procés’ aportó en Cataluña un relato distinto al que oficialmente había defendido la Generalitat. Quien quiso pudo ver y escuchar por televisión los argumentos y explicaciones de la Fiscalía y las defensas, y formarse un criterio mucho más ajustado a lo ocurrido que la sesgada visión construida por el separatismo. Propietarios de un relato distorsionado, pero convenientemente extendido y repetido, la visión única hace años que se apropió de una gran parte de la opinión pública catalana gracias a una maquinaria bien engrasada y que profusamente también trabajó la mirada desde el extranjero. Cualquier sentencia del Tribunal Supremo, salvo la absolución de los reos, hubiera sido criticada, pero con las cámaras retransmitiendo en directo nadie pudo discutir unos procedimientos que quedaron sujetos a la más estricta legalidad. Podría resultar una reflexión menor, en especial tras la semana vivida en Cataluña, pero el acceso por televisión a las diferentes sesiones del juicio anuló muchos de los argumentos independentistas y, por primera vez, perdían la batalla en el exterior.

La semana que termina también ha descubierto otros cambios en Cataluña. La actuación de los Mossos, alejada de lo vivido hace dos años en los incidentes del 1-O, refleja la presencia del Estado en la Comunidad y la debilidad y el temor con los que se conduce Joaquim Torra. Más alborotador que ‘president’ de la Generalitat, se ha situado en una disparatada contradicción mostrándose en un permanente absurdo. La tarea de los Mossos, velando por el orden público y eludiendo cualquier comportamiento ajeno a su papel policial, refleja la recuperación de un tono de orden y sentido democrático que no se descubrió en el pasado. Su actuación para intentar frenar a los radicales violentos y la coordinación con la Policía Nacional y la Guardia Civil han servido para ordenar una situación que se sumaba a la terrible sensación de desenganche.

Pese a todo, el elemento más significativo de estos días ha sido la ruptura interna vivida en el independentismo, una indisimulada fragmentación del bloque que, pese a las fisuras existentes, se había mostrado más o menos sólido. Descubrir a Torra anunciando en el Parlament un nuevo referéndum ilegal sin que ninguno de sus supuestos socios fuera conocedor, con el consiguiente malestar posterior, solo refleja que la improvisación se ha apoderado plenamente de la presidencia de la Generalitat. Con los Comités de Defensa de la República (CDR) gobernando la calle y con ERC dispuesta a pelear por unos buenos resultados en las generales que le permitan abrir otras puertas distintas a las actuales, Torra se ha demostrado solo y oculto tras la sombra de Carles Puigdemont. Acodados en el agravio, la Generalitat ha confirmado la pérdida de cualquier liderazgo y su entrega al victimismo. Una pésima decisión que parece abocar a Cataluña a unas nuevas elecciones autonómicas y que describe a la perfección la actitud adoptada por Torra en los dos últimos años. 

La sentencia del ‘procés’ puede discutirse, pero debiera ser una pieza para la recuperación de la normalidad en Cataluña. Al contrario de lo que está haciendo la Generalitat, respetar y acatar el fallo, especialmente desde las instituciones, como solicitaba el fiscal Javier Zaragoza, es una condición imprescindible para pasar página y abrir una etapa que pueda recuperar la convivencia.

miturbe@heraldo.es

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