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Opinión

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En recuerdo de Joaquín

ACTUALIZADA 19/10/2019 A LAS 02:00
FOTOS GRUPO HERALDO PARA LA NUEVA WEB / 06-03-2013 / FOTO: GUILLERMO MESTRE
¿Tenemos derecho a leer los escritos de una persona que ha fallecido?
Guillermo Mestre

Hace unas semanas envié un email deseándole lo mejor a un querido colega, que falleció sin llegar a abrirlo. Hablando de esto último con un amigo, quizás porque lo banal nos evade de lo ominoso, abordamos el tratamiento que ha de darse a un texto en estos supuestos, desde una notificación bancaria, hasta una declaración amorosa. Nos preguntamos si se tiene derecho a leerlos.

Respecto a lo anterior, mi respuesta era que no, debido a que faltaría el permiso necesario. De ahí pasamos a considerar el caso de aquellas obras de Franz Kafka que vieron la luz póstumamente, habiendo traicionado su depositario la voluntad expresa del genio checo. Y esto hizo que consideráramos la cuestión de si han de pesar más los derechos de un individuo sobre el destino de su obra, o el bien público de la literatura universal. Yo me adherí a lo primero, creyendo defender bienes superiores, como la privacidad, la palabra dada y la confianza.

Recordando aquella conversación de tintes kafkianos, he supuesto cuánto hubiera disfrutado de ella el destinatario de aquel mensaje nunca abierto. Joaquín de Carpi, jurista, hombre leído y melómano, me enviaba estimulantes comentarios a mis columnas de prensa, respetando siempre mis creencias, que sabía muy distintas a las suyas, fervientemente religiosas. Por eso, sé que, si Joaquín viera escrito aquí su nombre, habiéndome tomado una libertad que él, por humildad, no me hubiera concedido, me indicaría con humor que he contravenido la ética que afirmo sostener. Además, seguro que disculparía la vanidad implícita en este sentido y sincero recuerdo de su persona.

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