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Opinión

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Handke y yo

Por
  • Javier Sebastián
ACTUALIZADA 11/10/2019 A LAS 02:00
Peter Handke, premio Nobel de Literatura.
Peter Handke, premio Nobel de Literatura.
Georg Hochmuth / Efe

Una vez me encontré al escritor austríaco Peter Handke en París. Guardapolvo negro, melena al viento, gafas ovaladas de miope. Sí, era Peter Handke, no había duda. Yo todavía buscaba un escritor a quien imitar y él era uno de los mejores. No podía desperdiciar la ocasión. Cuando me planté delante de él, dio un respingo. Por aquella época se había significado apoyando a los serbios en la guerra de Yugoslavia y eso le estaba causando problemas. Al ver que no iba a hacerle nada, me cogió del brazo y me invitó a que lo acompañara, la acera era estrecha. Fue entonces cuando ocurrió. Caminábamos directos hacia una mierda de perro. Yo estaba hablando nada menos que con Peter Handke, encima en un idioma que no era el mío, y la tensión era máxima. Aun así, me dio tiempo a pensar que si no lo apartaba, se iba a acordar de mí durante una buena temporada. Y estar en la cabeza de Peter Handke siempre es un honor. Aunque sea para mal. Yo no sé cómo pude pensar eso, pero lo pensé. Handke estaba cada vez más cerca del desastre, pues, en vez de mirar hacia adelante, me miraba a mí mientras hablaba. En el último segundo opté por el olvido: sin que él supiera por qué, lo aparté un poco y esquivó el obstáculo. 

Peter Handke, claro, no se acordará de mí. Yo de él, sí. Y más ahora, siendo que mi próxima novela la publicará la misma editorial que últimamente publica las suyas en España. Una casualidad.

Javier Sebastián es escritor

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