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Opinión

Tragedias demasiado frecuentes

Por
  • Heraldo de Aragón
OPINIÓNACTUALIZADA 05/08/2019 A LAS 02:00
A woman places flowers at the site of a mass shooting where 20 people lost their lives at a Walmart in El Paso, Texas, U.S. August 4, 2019. REUTERS/Jose Luis Gonzalez [[[REUTERS VOCENTO]]] TEXAS-SHOOTING/
Unas flores recuerdan a las víctimas del tiroteo de El Paso.
José Luis González / Reuters

La muerte de 30 personas en dos tiroteos ha conmocionado a Estados Unidos y avivado las críticas al presidente Trump por sus inaceptables expresiones racistas, que han podido ser la espoleta en al menos uno de los casos. Este tipo de tragedias son demasiado frecuentes en aquel país y resulta imposible no relacionarlas con una cultura y unas leyes que facilitan la posesión de armas de fuego. Pero la reflexión sobre estos hechos nunca lleva a tomar medidas.

A los dos sucesos de este fin de semana, en El Paso (Texas) y en Dayton (Ohio), habría que añadir el de Gilroy (California) el 28 de julio, con tres muertos; un rosario de masacres que suma 33 víctimas en apenas una semana. Pero es que en lo que llevamos de 2019, en Estados Unidos se han producido 36 tiroteos masivos, al menos ocho de ellos con más de cuatro muertos. Si bien los autores de estos crímenes no forman parte de una organización, el fenómeno puede compararse al del terrorismo. Especialmente cuando, como en el tiroteo de El Paso, el asesino trasluce una intencionalidad política, en este caso racista y supremacista. Lo que, además, pone en evidencia la grave irresponsabilidad que supone que, desde la presidencia del país, se fomente la aversión hacia grupos sociales como los hispanos

Este tipo de crímenes, con disparos indiscriminados, son tristemente frecuentes en Estados Unidos, pero lo cierto es que, aunque provocan una gran conmoción, nunca dan lugar a una reacción política que ataje uno de los factores que permiten a los criminales desatar su violencia: la fácil obtención de armas de fuego. El desorden y la falta de control sobre las armas de fuego que existe legalmente en EE. UU. sería impensable en un país europeo. Y tiene sus trágicas consecuencias. Para la mentalidad europea resulta incomprensible que las autoridades estadounidenses, en lugar de tomar medidas para limitar la posesión de armas, simplemente se sienten a esperar la próxima masacre.

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