Opinión

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¿Qué ocurrirá?

Los ocho principales candidatos a la presidencia de la DGA coincidieron en el debate organizado por HERALDO en que la despoblación es el principal problema de Aragón

Con las ideas más claras que en los pasados comicios, los votantes se preparan para abordar la última semana de una campaña electoral que, pese a su naturaleza mucho más próxima, no logra romper con la corriente de la política nacional. 

La pregunta que más veces se repite estos días de campaña es la que busca dar anticipada respuesta a los resultados del próximo 26-M. Aunque los debates electorales organizados por HERALDO (autonómicas y municipales de Zaragoza) han servido para descubrir una pequeña parte de la naturaleza política de los candidatos, confirmando que la relación frente a sus contrarios es uno de los mejores mecanismos para conocer su personalidad pública, solo se puede dar por contrastado –a tenor de las encuestas– que la corriente nacional ni se ha detenido ni ha cambiado de dirección. El PSOE sigue disfrutando de su particular primavera política, mientras los bloques (izquierda y derecha) no registran fisuras ni fugas. La gran movilización de la izquierda continúa siendo consecuencia directa de la presencia de Vox y buena parte de la ganancia de Ciudadanos procede del PP.

El análisis es tan sencillo como rotundo, aunque en estas elecciones locales el peso y valor del candidato pueden ser determinantes. Con demasiada facilidad suelen despreciarse los méritos del cabeza de cartel frente a la fuerza de las siglas, otorgando un pequeño porcentaje de ganancia o pérdida en virtud de su grado de conocimiento y valoración, pero en esta cita sí que parece que la percepción que proyecta el candidato posee más importancia de lo habitual.

Hay candidatos con un indiscutible tirón político, pero para esta campaña se diseñaron ‘tickets’ o parejas electorales, cara y cruz de un mismo cartel, que buscaban, a modo de red protectora, ofrecer un único producto empaquetado para las autonómicas y municipales. Simples compañeros de viaje o parejas bien avenidas, el discurrir de la campaña ha confirmado en más de un caso que los desequilibrios no eran tales y que quien iba a ser arropado ha terminado por sostener al otro. El tándem electoral tiene sus riesgos y al igual que se comparten los aciertos también hay que tragarse los errores del compañero. No hay duda de que en Aragón habrá candidatos que aguantarán sus siglas e, incluso, que superarán los datos porcentuales de su formación, pero si en ocasiones es difícil convivir con las directrices nacionales puede resultar imposible una campaña en la que no se marque un paso compartido.

Todos los partidos se juegan mucho el 26-M, pero en el caso del PP un descalabro del poder territorial desataría la contenida y todavía silenciada reacción del fracaso de las generales. Aragón no sería ninguna excepción y si los resultados no acompañan se augura una etapa de importantes cambios y renovaciones. Los socialistas saben, por su parte, que un fracaso en las autonómicas y municipales, entendiendo fracaso como sinónimo de quedarse fuera de esos gobiernos pese a un posible aumento de escaños –tal y como hoy señala la tendencia descrita por la encuesta de A+M para HERALDO–, implicaría un movimiento de Pedro Sánchez (Ferraz) contra el poder territorial de Javier Lambán, que también sería víctima de una renovación impuesta.

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