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Opinión

Amaral, ni tan mal

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 26/08/2022 A LAS 05:00
La concejal Sara Fernández, con Nacho Royo y Jordi Puig, organizadores del Vive Latino de Zaragoza, inspeccionan el montaje de escenarios para el festival.
La concejal Sara Fernández, con Nacho Royo y Jordi Puig, organizadores del Vive Latino de Zaragoza, inspeccionan el montaje de escenarios para el festival.
Oliver Duch

En Zaragoza son tan chulos que en el primer movidón musical de carácter internacional que se monta desde la Expo, el Vive Latino, van y sitúan a dos de casa entre los principales reclamos: Kase.O y Amaral.

El rapero se va a presentar con el gancho añadido de que está en retirada, de carácter «indefinido» y anunciada para marzo próximo, y se van agotando las posibilidades de verle en directo. En el caso del dúo, el atractivo extra lo dará que es su único concierto de este 2022, que Juan Aguirre y Eva Amaral están dedicando a cocinar su próximo disco.

Para estos, será una doble prueba de fuego. Deberán superar el ‘trauma’ por su anterior participación en un Vive Latino: en su versión original norteamericana, en Ciudad de México, en 2006, dejaron su concierto a medias ante los abucheos y lanzamiento de objetos por algunos espectadores que querían ver al grupo que iba tras ellos. Además, aquí, Amaral estará actuando en sustitución de Bunbury, que era el gran señuelo del festival zaragozano desde que se anunció por primera vez en 2019; otro músico de casa y que, como Kase.O, abandona los escenarios; este de forma radical, para siempre y llegando a dejar inconclusa una gira que se había convertido en la de su despedida y que era la que le iba a traer a la Expo la próxima semana.

Poder situar en letras grandes del cartel de un gran festival a artistas locales de hip hop o pop-rock es una muestra del mucho vigor que ha tenido aquí la música popular en años pasados. Pero estas escenas se encuentran hoy en decadencia, sobre todo la segunda. Hay cambio de ciclo y no se adivinan recambios claros, menos en la proximidad. Si el Vive Latino, que se dice Festival Iberoamericano de Cultura Musical, repite en Zaragoza, habrá que buscar también las estrellas en otros caladeros estilísticos y geográficos. Por ejemplo, ¿entre quienes practican esos ritmos agrupados bajo la etiqueta de ‘urbanos’, a uno y otro lado del Atlántico que han hecho que el español sea ahora más internacional que nunca, llamativamente ausentes?

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