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crítica de música

Delicias de la Costa Oeste

Por
  • Gonzalo de la Figuera
Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 28/07/2022 A LAS 20:30
El músico Kelley Stoltz.
El músico Kelley Stoltz.
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Residente en San Francisco, Kelley Stoltz pertenece a la categoría de los orfebres del pop, de los artistas/artesanos que se aplican en la tarea de hacer canciones atemporales desde posiciones secundarias, ajeno a la popularidad, sin el brillo de los grandes escenarios ni copar portadas, solo para solaz y esparcimiento propio y de un puñado de buenos aficionados y conocedores.

Stoltz, que lleva más de veinte años de carrera y casi otros tantos álbumes, visitó el miércoles La Lata de Bombillas y nos deparó un apetitoso concierto, de esos que dan sentido a la imprescindible labor de las pequeñas salas como La Lata.

En teoría, el cantante, compositor y multiinstrumentista americano venía a presentar su trabajo más reciente, ‘The stylist’, pero en realidad dio un amplio repaso a piezas de su extensa discografía. Por cierto, que el título de su último álbum le va como anillo al dedo, pues Stoltz es efectivamente un fino estilista del pop-rock, manejándose dentro de una muy variada gama de registros: en sus canciones caben influjos de Scott Walker y The Beatles, de Brian Wilson o Robyn Hitchcok, ramalazos psicodélicos con cierto aire a Echo & The Bunnymen (de los que fue guitarrista en directo hace no muchos años), toques garajeros y muchas cosas más.

Acompañado por un trío de guitarra, bajo y batería, este californiano de adopción fue desgranando una ristra de canciones de alto contenido melódico y dotadas de sello propio, como ‘The quiet ones’, ‘She likes noise’, ‘Team earth’, ‘You had to be there’, ‘Turning into you’ o ‘Double exposure’. 

kelley stoltz ****
Presentando su último disco, ‘The stylist’.

En todas ellas se percibe el talento de un autor que reelabora con clase y buen gusto diversos códigos e influencias, al tiempo que imprimiendo su personalidad y dejando la sensación de estar ante uno de esos pequeños grandes músicos que no necesitan del reconocimiento masivo para seguir dejándose la piel en el desempeño de su oficio; salvando las distancias sonoras y estilísticas, algo así como un Cuti Vericad de la Costa Oeste. Es decir, un músico de verdad.

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