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POESÍA. OCIO Y CULTURA

Angélica Morales: “Soy una ferviente esclava de la poesía, y la mía es pura conmoción”

Con una larga lista de galardones a sus espaldas, la poeta turolense gana el premio Gabriel Celaya con ‘Mi padre cuenta monedas’

Angélica Morales, al menos desde 2011, cuando ganó el premio Miguel Labordeta, se ha hecho con más de media docena de galardones poéticos.
Angélica Morales, al menos desde 2011, cuando ganó el premio Miguel Labordeta, se ha hecho con más de media docena de galardones poéticos.
Archivo A. Morales.

La poeta, directora teatral y actriz Angélica Morales (Teruel, 1970), afincada en Huesca, ha ganado el V Premio Internacional de Poesía Gabriel Celaya (dotado con 10.000 euros), de la Diputación Foral de Guipúzcoa, con su poemario ‘Mi padre cuenta monedas’. Harkaitz Millan, diputado de Cultura, dijo: “Es una magnífica noticia que el premio de este año tenga nombre de mujer, y pongamos la poesía, su compromiso con la reflexión y con la cultura en primera línea”. La poeta explica a HERALDO.ES algunas claves de su poemario.

¿Cómo es el poemario, qué buscaba, es un homenaje al padre?

El libro es un intento de entender a mi padre, de buscar en qué momento se abrió un abismo entre los dos, por qué no nos pudimos querer, ver, oler, tocar. Desde el principio hubo una guerra entre los dos y buscando entre mis recuerdos encontré que el motivo había sido el hecho tan absurdo de que a los tres meses le arañé la cara cuando él quiso darme un beso. Eso mi padre no me lo perdonó nunca. Es un poemario muy duro porque me enfrento por primera vez al horror de lo que fue un maltrato continuado, algo que quien lo ha sufrido siempre intenta esconder. Ha sido una escritura dolorosa pero me ha servido para aceptar una verdad. No me he curado. No se trataba de buscar culpables o de perdonar sino de escribir lo que fue, agarrarlo muy fuerte y después soltarlo.

Es una historia tremenda...

Mi padre era un alcohólico y un maltratador, pero no estaba bien de la cabeza, de eso me di cuenta más tarde. También él sufrió de niño, todo tiene siempre un porqué. Pero, mire, me compraba libros, todos los libros que tengo me los compró él, no era tacaño en eso, y hacía cola en la escuela de idiomas desde las cinco de la mañana para matricularme. Todo menos darme dinero, control total. Luces y sombras de una vida y una relación. Cuando me casé dejó pagado mi convite y un autobús que partió con familia desde Valencia, también les pagó el hostal a los invitados. Recuerdo que no fui con mi madre a comprarme el traje de novia sino con él, elegí el más caro a propósito, un diseño exclusivo de Joan Peiró, un millón de pesetas de la época (6.000 euros de hoy), lo pagó a tocateja. Contaba los billetes en la tienda, las dependientas pijas abrían sus ojos como platos, pasamos de ser dos pobres infelices a que nos abrieran las puertas. Mi padre se parecía al cineasta Antonio Mercero, con pelo largo y patillas, era igual, con su manojo de llaves colgando en un pantalón viejo en una tienda de novias de lujo en la plaza del Ayuntamiento de Valencia, fallera y pepera, hasta champán le daban. Fue nuestro único momento feliz, solo nuestro.

"Es un poemario muy duro porque me enfrento por primera vez al horror de lo que fue un maltrato continuado, algo que quien lo ha sufrido siempre intenta esconder. Ha sido una escritura dolorosa pero me ha servido para aceptar una verdad", dice Angélica Morales

¿Cuál es la prehistoria e historia del libro?

Pues yo creo que todo empezó con otro libro publicado por Prensas de la Universidad de Zaragoza que se llamaba 'Monopolios'. Ese libro también trata de mi padre, pero tiene una mirada más dulcificada, a través de las fotografías me hago preguntas sobre mi infancia y la relación con el padre ausente, sin embargo nunca llego a decir lo que ahora digo en 'Mi padre cuenta monedas'. Me faltó valor. No supe mirar a la verdad de frente y me quedé con mal sabor de boca, como si me hubiese mentido a mí misma. Entonces un día recordé a mi padre contando monedas, lo hacía cada mañana, montones de monedas de cien pesetas que caía sobre la mesa provocando un ruido hechizando. Pero yo nunca tenía acceso a esas monedas que eran el símbolo de nuestra relación, monedas de oro que nunca llegaba a poseer, como si la luz del cariño se me escapara cada mañana entre sus manos avariciosas.

Angélica Morales ha publicado en Pregunta en 2021 'Angélica ha vuelto'.
Angélica Morales ha publicado en Pregunta en 2021 'Angélica ha vuelto'.
Archivo A. Morales.

Hay en su obra un acento surrealista y a la vez telúrico, casi teatral. ¿No sé si lo ve así?

Sí, sí por supuesto. Sin embargo no es algo que yo haya cultivado, es innato en mí. Desde niña por mis circunstancias he crecido escondida en mi habitación imaginando otros mundos, otras vidas. He sido una niña miedosa y solitaria que solo tenía la imaginación para escapar de la cruda realidad. Eso me ha hecho ceñirme ese halo de surrealismo, de teatralidad. Yo era para mi familia una especie de mono de feria, irrumpían en mi habitación, ponían el tocadiscos y decían; baila, y yo bailaba, o recitaba, Siempre fue así. Una cosa muy extraña, como si fuese una cíngara que estaba secuestrada. Mi imaginación no paraba de volar. El teatro me salvó la vida. Por eso está siempre en mí. Yo soy muy trágica aunque tengo mucho sentido del humor.

"Yo era para mi familia una especie de mono de feria, irrumpían en mi habitación, ponían el tocadiscos y decían; baila, y yo bailaba, o recitaba, Siempre fue así. Una cosa muy extraña, como si fuese una cíngara que estaba secuestrada"

Realiza una especie de defensa o afirmación de su condición de mujer...

Sí, mi condición de mujer marca mi obra, yo no quiero ser poetisa, soy poeta, a veces digo que soy ‘hombra’, eso lo escribo mucho en mis poemas. No creo en las etiquetas ni en los sexos, me da mucha rabia que me marquen como si fuese ganado literario y tenga que parecerme a alguien por obligación, yo no quiero ser más que yo y me daría lo mismo ser planta o lucecita de neón, pero yo, con mi impronta. Defiendo a cuchillo mi condición de mujer, y de poeta periférica, me pierdo en los laberintos y en los bosques curvos, abomino de la rectitud.

¿Cuál es su actitud ante la poesía, cómo se ofrece o se entrega usted?

La poesía es entrega, yo soy su esclava, no puede dejar de ser poeta aunque me lo proponga así que he acabado aceptando eso, que soy una ferviente esclava de la poesía, tengo muy claro que es ella la que me escribe y no yo.

¿Nace en usted la poesía para ser declamada, representada?

Sí, es una de mis obsesiones, llevar la poesía al escenario, por eso escribí mi último poemario publicado por Pregunta ‘#Medeahavuelto’, con la intención de llevarlo a escena , de convertirlo en un montaje teatral. A mí me gusta que mis lectores sean también los espectadores de mis obras y que se sientan en un teatro imaginario. Me preguntaba un periodista de ‘El Diario Vasco’ qué qué iba a hacer con la el premio en metálico. Me ha dado la risa y le he dicho que desde luego comprarme un chalet en Miami, no, pero sí quiero darme el gusto de grabar junto a mi compañero Luis Trébol ‘Medeahavuelto’ y convertirlo en un audio libro. Lo que me apasiona de verdad es eso, declamar poesía, conmover. Diría que mi poesía es pura conmoción.

Otro retrato de esta mujer radical y apasionada a la que le gusta dramatizar la poesía.
Otro retrato de esta mujer radical y apasionada a la que le gusta dramatizar la poesía.
José Manuel Ubé.

Díganos otra cosa, ¿quiénes son los poetas de su vida, sus estímulos principales?

Tengo muy claro los poetas que me han marcado y son todos hombres porque el primer acercamiento a la poesía en la escuela siempre ha sido masculina, también en el teatro. Pero los que más me han marcado han sido César Vallejo, Fernando Pessoa y Federico García Lorca. Siempre, siempre regreso a ellos, estoy yo ahí en mitad de sus silencios.

"Quiero darme el gusto de grabar junto a mi compañero Luis Trébol ‘Medeahavuelto’ y convertirlo en un audio libro. Lo que me apasiona de verdad es eso, declamar poesía, conmover. Diría que mi poesía es pura conmoción"

¿Los tres libros que más le han marcado, los que se llevaría al paraíso?

Voy a ser original y voy a decir sin dudar ‘El marinero’ de Pessoa, que es una extraña pieza entre teatral, poética y ocultista y que representé en teatro y me fascinó. Fue mi primer contacto real con la poesía, el pellizco que me dijo que la poesía estaba en mí. Me levaría también 'Poeta en Nueva York' de Lorca y todos los libros de César Vallejo, por supuesto.

¿Y Gabriel Celaya?

Gabriel Celaya es un poeta que siempre ha estado presente en mí, al que admiro profundamente y cuya poesía es sinónimo de valentía y verdad.

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