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Lugar secreto y con contraseña: así es la moda de los bares clandestinos que ha llegado a Zaragoza

Los 'speak easy' tienen localización secreta y a ellos se accede con reserva y mediante una clave. La capital aragonesa ya cuenta con el primero, se llama Calling Room y estas son las pistas que se pueden dar de él.

A Calling Room se va a guardar el secreto. Incluso si eres periodista, la profesión menos amiga de esas cosas. Y es que solo así permanece intacta la esencia de esta propuesta: la clandestinidad. Calling Room es el primer bar secreto de Zaragoza, Y para que lo siga siendo se requiere el compromiso no solo del hostelero, sino también de los clientes, ya que el misterio y la sorpresa son ingredientes tan indispensables en este caso como los de los cócteles que allí se sirven. 

'Speak easy' es la denominación en inglés de esta moda que llega de Europa y que está triunfando en lugares como Londres, de donde los impulsores de Calling Room (que quieren mantener su anonimato) se traen la idea. A su vez, la tendencia está inspirada en los locales ilegales donde se vendía alcohol durante la época de la Ley Seca en Estados Unidos, a principios del siglo pasado. A estos bares escondidos se les llamaba 'speak easy' (que se puede traducir en español como 'hablar bajo'), ya que la discreción era clave para mantenerse al margen de las autoridades.

El que desee 'jugar' a los bares secretos con Calling Room debe proceder de la siguiente manera. Primero, reservar un turno  (de jueves a domingo) a través de su cuenta en Instagram (@callingroom). Desde la organización, el mismo día de la cita por la mañana se da la ubicación y una contraseña. Ya en el lugar indicado, se habrá de buscar a una chica con el pelo azul, a la que el cliente le deberá decir las palabras clave. Solo así se le conducirá hasta la puerta secreta de entrada al 'speak easy'. Ella es también la encargada de poner a los invitados en situación, explicándoles el concepto y el origen de la idea.

Entramos en el primer 'speak easy' de Zaragoza

Aunque la intriga es crucial hay algunas cosas que se pueden revelar de Calling Room. Por ejemplo, que en la estancia solo se admite a 30 personas por turno y que cada turno es de dos horas, aproximadamente. No hay límite de personas por grupo, si bien se recomienda que no sea excesivo. También se puede solicitar el alquiler del local entero. Es ese espacio de tiempo, los clientes podrán disfrutar de una selecta carta de cócteles, la especialidad de Calling Room, aunque también hay cervezas artesanas y champagne. No se sirve comida, salvo algún 'snack' para acompañar las bebidas. Durante las dos horas de experiencia en 'Calling Room' el cliente puede salir cuando guste. Para regresar deberá mostrar una pulsera que se le pondrá al entrar.

Bares clandestinos: ¿tienes la contraseña?
Los cócteles se cuidan al máximo en Calling Room: los hielos se sellan frente al cliente con las iniciales del bar.
Toni Galán

Dos maestros cocteleros se encargan de los combinados, Sonia Díaz y Roland López, que trabajan con una carta de espirituosos centrada en alcoholes de procedencia española, si bien hay asimismo internacionales. Todo en este aspecto está muy cuidado. Incluso los hielos, traídos ex profeso desde Madrid y que, en cada copa que se sirve, son sellados delante del cliente con las iniciales del nombre del bar (la c y la r) mediante una herramienta especial. La hostelería más clásica y glamurosa está presente, con los camareros uniformados y un carro que va pasando por las mesas para preparar ciertos combinados.

La idea de exclusividad incluye, cómo no, la decoración. Es de estilo clásico inglés, a la manera de los clubes de 'gentlemen', con sillones orejeros, 'chestertons', traídos desde Inglaterra. También hay constantes guiños al nombre del negocio, con curiosos teléfonos por doquier. La coqueta sala incluye una pequeña barra donde se puede ver en primera fila el trabajo de Roland y Sonia.

"Hemos abierto este lugar porque es a lo que a nosotros nos gustaría ir", dicen los dueños, que animan a la clientela a 'jugar' con ellos y mantener el secreto, pese a que los móviles (y sus cámaras) estén permitidos. 

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