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CASAS QUE INSPIRAN, OCIO Y CULTURA

Ricardo Calero vive con Goya

El artista, que acaba de presentar en la Lonja su mejor exposición, reside y trabaja en Fuendetodos, enfrente del Museo del Grabado y muy cerca de la casa natal del pintor.

El estudio de la primera planta: Calero, que trabaja la escultura, la fotografía, el dibujo y las instalaciones, prepara más exposiciones.
El estudio de la primera planta: Calero, que trabaja la escultura, la fotografía, el dibujo y las instalaciones, prepara más exposiciones.
Antón Castro

La historia de amor de Ricardo Calero con Fuendetodos empieza con un encargo goyesco. En 2005, el Consorcio Goya-Fuendetodos le pidió una colección de ‘disparates’ y durante tres meses acudió al pueblo desde Zaragoza a trabajar, hizo uno de su habituales proyectos de arte y naturaleza, y contó con la colaboración del agricultor Antonio Grasa. Al año siguiente, en tiempos de preparación de la Exposición Internacional de Zaragoza, le expropiaron su estudio de Movera, donde llevaba 18 años. "A la par me encargaron otra obra, el ‘Disparate interior de Fuendetodos’, que realicé en Mediana, en un campo de tiro de la Guardia Civil. Y al final de la tarde, solía venir a Fuendetodos. Un día, al ir a despedirme de la gente del Museo del Grabado, enfrente, vi una casa en ruinas con el cartel ‘Se vende’".

Llamó por teléfono, habló con el sobrino de su propietaria, que vivía en una residencia, y se entendieron de inmediato: la casa, declarada en ruinas, abandonada, no tenía techo. "Consulté con Carlos y con el maestro de obras Antonio Pazarán, y me recomendaron que la comprase. Me dijeron que había muchas posibilidades", dice, y confiesa algo más, determinante: "Me había enamorado del pueblo, de su silencio, de la luz y de sus horizontes".

Desde hace más de una década, esa casa rehabilitada es su vivienda, su taller, su refugio, el laboratorio donde brotan y cristalizan las ideas: series, fotografías, intervenciones e instalaciones, esculturas, dibujos... Ahora mismo, tras la exposición de la Lonja, ‘Espacios del sentir’, por la que pasaron casi 20.000 personas en tiempos de la covid, prepara obra para Lérida, Madrid, Alemania...

Interiores

La casa-estudio, que se remonta a mediados del siglo XIX, tiene una cadiera de 1856, que está restaurando, consta de tres plantas y da a la calle Ignacio Zuloaga. En la planta baja, que comunica con un corral o un jardín salvaje con parrales e higueras, ha instalado el taller, "donde hago la obra en bruto, la escultura más sólida, es el espacio de la materia. Ahora restauro una cadiera y construyo una gran silla de madera y enea". Ahí, al final de la escalera, hay una cadiera para conversar, y se ven restos de un pozo.

En la primera planta ha creado un gran espacio de trabajo, que arranca con una mesa alargada donde dibuja, escribe y hace sus diseños, e incluso recibe a sus amigos. A la izquierda hay una cocina, y se sale a una suerte de distribuidor, lleno de libros y de piezas, que lleva a almacenes, más o menos disimulados, y a una biblioteca. En la segunda planta, conviven el dormitorio y dos talleres: uno, no muy grande, que también hace de almacén con muchas estanterías y archivos, y otro que es como una estancia de reposo. "Voy depositando proyectos, tentativas, y miro a ver cómo resisten el paso de los días, si me convencen o no".

Ricardo confirma que Goya ha calado en el pueblo, y que él, de otro modo, también. Dice: "Llevo una vida tranquila y solitaria, y siento que me aprecian. Este es el estudio de mi vida".

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