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Eros Jaca: "Cuando algo te apasiona mucho, no supone un sacrificio"

El violonchelista nacido en Zaragoza en 1988 y residente en Suiza, ofrecerá este martes a las 19.30 un recital en el Auditorio de Zaragoza junto al Ensemble Bayona.

Eros Jaca, pensativo junto a su violonchelo en el Auditorio de Zaragoza, donde este miércoles tocará.
Eros Jaca, pensativo junto a su violonchelo en el Auditorio de Zaragoza, donde este miércoles tocará.
Toni Galán

¿Cómo está viviendo estos meses tan extraños y complicados tanto en lo personal como en lo profesional?

La travesía está siendo complicada para todo el mundo y personalmente he pasado por muchos estadios emocionales. La primera ola supuso un cierto alivio, ya que, a pesar de haberse cancelado muchos conciertos, tenía una excusa inevitable para bajar el ritmo y dedicarme a otras cosas más mundanas. Lo llegué incluso a disfrutar. Pero ya esta segunda ola, donde esta experiencia no tiene ninguna novedad, ha sido más dura.

¿Cuándo y dónde nace su pasión por la música?

El colegio siempre me parecía un poco aburrido –por supuesto había maravillosos profesores pero esto no tenía que ver con ellos– y el tocar el chelo era un reto en todos sentidos: intelectual y socialmente, ya que era el que llevaba «el ataúd» (la funda del chelo) por la calle. De alguna manera, me sentía ya un antisistema dentro de un pequeño ecosistema. Cuando estudiaba, era el momento donde podía ser yo mismo, sin mirar a nadie. El hecho de pensar independientemente me ha dado mucha libertad, aunque siempre con un coste. Y la provocación forma parte de mi personalidad.

¿Qué hay detrás de una carrera como la suya cuando era niño y adolescente?

Cuando algo te apasiona mucho, no lo puedes entender como sacrificio. Estoy muy agradecido a la música, ya que me ha permitido viajar por medio mundo y tener experiencias que de ninguna otra manera hubiese tenido. Y ganarte la vida con tu pasión es un lujo. Soy muy afortunado.

¿Qué profesores le han marcado?

Todos te marcan, para saber qué es lo que quieres hacer y lo que no. Si tuviese que definir algunos de ellos, diría que Asier Polo es la pasión; Conradin Brotbeck, la locura; Cuarteto Casals, la perfección, y Louise Hopkins, el entendimiento. Si me permite, hablaré de una experiencia que marcó mi vida: escuché en vivo al gran maestro Ferenc Rados tocando las ‘Kinderlszenen’ para piano de Robert Schumann. Fue una experiencia extrasensorial: conforme iba tocando, en mi cabeza se definía con más detalles la imagen viva de Schumann en su buhardilla de Viena, en una atardecer, componiendo esa música. Al finalizar el concierto, compartí con mis compañeros el viaje que había tenido y para asombro, todos habían tenido la misma visión. Desde entonces esa es mi meta, es transportar a la gente a otra época, a otra vida y olvidarnos por un momento de quienes somos.

¿Qué importancia han tenido los numerosos premios que ha ido ganando para estimular su carrera?

Cuando era más joven, les daba bastante importancia pero con el tiempo te das cuenta que su importancia es relativa. Sin duda suponen un impulso, una motivación pero nunca deben ser un fin en sí mismos. Ser artista va más allá de la opinión de un jurado.

Ha trabajado con el gran compositor aragonés Antón García Abril. ¿Cómo fue esa confluencia?

Ha llovido mucho desde ese encuentro, pero lo recuerdo con cariño. Antón me abrió las puertas de su casa para que pudiéramos trabajar su sonata ‘Atardeceres’ y se portó de maravilla conmigo. La verdad que me encantaría verle de nuevo y sobre todo aquí en Zaragoza, haciéndole un homenaje como se merece.

Este 2020 ha editado su primer disco, ‘Parfums Sonores’. ¿Cómo ha sido la experiencia?

¡Ardua! Soy una persona extremadamente perfeccionista en lo referente al sonido. Aprovecho la ocasión para agradecer a Jorge Nava, el pianista, y a Federico Prieto, el maestro del sonido, por su bendita paciencia. Estoy muy orgulloso del resultado y con muchas ganas de presentarlo en Zaragoza.

Este martes actúa en el Auditorio de Zaragoza con el Ensemble Bayona, formación que usted fundó. ¿Qué ha supuesto este proyecto en su trayectoria?

Un paso más dentro de una evolución personal y artística. El Ensemble es en sí mismo una expresión de mi parecer de la actualidad musical. La sociedad está cambiando en los últimos tiempos muy rápidamente, y nosotros no podemos quedarnos atrás.

¿Qué repertorio abordarán?

Es un viaje por el imaginario sonoro del siglo XX, en el que las referencias y los préstamos van pasando desde lo etnomusicológico hasta las músicas urbanas, haciendo una radiografía musical de cómo la sociedad pasó de ser eminentemente rural a cosmopolita a través de la música académica. Quien quiera olvidarse de la covid por un rato, ¡que venga!

¿Cómo es su vida en Lucerna? ¿Qué le aporta su labor como profesor?

Estoy y estaré siempre muy agradecido a la acogida que me ha dado Suiza. Además, ahora con las buenas conexiones que hay... Y mi vocación como profesor viene de muy lejos y ya en la adolescencia tenía claro que quería enseñar. Por suerte, tengo una plaza que me da flexibilidad para compaginarlo con mis proyectos y conciertos. En Suiza, así como en Alemania, la música está considerada un elemento imprescindible dentro de la formación de una persona. Tanto es así, que está incluso está protegida por su constitución.

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