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Pedro Avellaned: "A mis 83 años, me gusta tener proyectos pendientes"

El fotógrafo premio Aragón-Goya de 2016 permanece hasta el 21 de diciembre en el museo Pablo Serrano con la exposición ‘Para calmar la sed’. Y prepara para octubre un libro sobre el cine italiano.

Pedro Avellaned posa ante la obra ‘Natura Morta’ en su exposición en el Museo Pablo Serrano.
Pedro Avellaned posa ante la obra ‘Natura Morta’ en su exposición en el Museo Pablo Serrano.
Guillermo Mestre

¿Cómo está viviendo estos meses tan extraños?

Con mucho trabajo en mi casa de Gelsa. Soy muy casero y no he tenido muchos problemas. He estado muy ocupado preparando la exposición en el Pablo Serrano. Casi no me ha dado tiempo en pensar en nada más.

¿Le ha afectado en lo creativo?

Soy un poco anárquico trabajando. La exposición ‘Para calmar la sed’ es consecuencia de haber ganado el Premio Aragón-Goya en 2016 y, entre una cosa y otra, no se ha inaugurado hasta el pasado julio. En junio me llamaron para decirme que iba a inaugurar el 1 de julio. Corriendo mucho, llegamos a tiempo.

¿Está satisfecho con el resultado final?

Sí. Los artistas somos muy perfeccionistas y siempre queremos que las cosas queden mejor. Pero estoy contento con el resultado final. Las opiniones que me han llegado son muy positivas. Y el catálogo ha quedado muy bien.

La muestra abarca medio siglo de su trayectoria, desde 1970 a 2020.

No fue algo premeditado. En ningún momento pretendí hacer una exposición retrospectiva o antológica porque eso no me gusta. Al ser el espacio tan grande, lo que sí era inevitable era que no solo hubiera obra nueva, algo inasumible para mí a los 83 años. He rescatado obras de distintas épocas. Los ‘collages’ son seguramente lo más antiguo, de 1970, cuando comencé a hacer fotografía. Pero la mayoría de lo expuesto es obra nueva. Algunas incluso se estaban enmarcando el mismo día inaugural.

En el catálogo se habla de la cámara Fowell que le regalaron sus padres a los 22 años. ¿Es el mejor regalo que le han hecho?

Seguro. Cuando me la regalaron, estaba pasando una crisis nerviosa muy seria. Me dieron la cámara para tratar de que me distrajera. Yo jamás había hecho fotografía. Comencé a hacerlas con esa cámara tan sencilla y barata que con tanto esfuerzo compraron mis padres. Fue el botón de salida para comenzar a interesarme por la fotografía. Era muy aficionado al cine, pero esa cámara y la fotografía me cambiaron la vida.

¿La conserva?

No. Es curioso, porque conservo todas mis cámaras menos esta. No sé qué ha sido de ella. Era de baquelita y estaba rota por una esquina por la que entraba luz y la apañaba con un esparadrapo negro. Teniendo en cuenta que he cambiado 17 veces de domicilio, en alguna de esas mudanzas se habrá perdido.

Citaba antes el cine. ¿Fue su primera gran influencia?

Sí, el cine me abrió muchas puertas mentales.

¿Qué películas le impactaron con mayor virulencia?

La primera película que me impactó fuertemente fue un ‘western’ titulado ‘Duelo al sol’ (1956). Tiene uno de los finales más duros, sobre todo para un muchacho en plena dictadura franquista. Todavía hoy sigo pensando cómo pudo pasar inadvertido para la censura. Es una escena muy sexual, aunque sugerente, no evidente. Es una secuencia en la que se van buscando los dos por el desierto armados con una escopeta, se van acercándose disparándose mutuamente y, al mismo tiempo, tratando de aproximarse para darse el último abrazo. Me conmovió profundamente.

Aunque fueron los cineastas italianos los que le robaron el corazón.

Tanto me lo robaron que fui a Roma a los 20 años. Fue un viaje iniciático. Descubrí un nuevo mundo. Era la primera vez que salía de España. La situación de represión política, moral y religiosa aquí era la que todos sabemos. Me encontré con una ciudad en la que alucinaba cuando iba por la calle. Veía cosas imposibles como un cartel del Partido Comunista. Hasta la gente vestía diferente que nosotros, más alegres, más modernos. En España predominaba el marrón, el gris, el azul marino, colores tristones.... Roma es la ciudad que más veces he visitado, por placer y por trabajo. Es una urbe inabarcable, nunca le haré todas las fotos que me gustaría. Es la ciudad más hermosa del planeta: es caótica, es sucia y la gente es gritona.

¿Piensa plasmar esa pasión en un formato físico?

Estoy ultimando un libro sobre el cine italiano. Llevo muchos años recopilando material para hacer esta obra. Soy un gran apasionado del neorrealismo italiano, un cine que se hacía con muy pocos medios. Visconti, Antonioni, Passolini tenían que jugarse el pellejo para rodar películas. Hablo de todo ese cine que yo descubrí entonces y que no me ha abandonado a lo largo de mi vida. El cine ha sido, es y será importante en mi vida. Todavía no tengo el título definitivo. Si el coronavirus no lo impide, la intención es presentarlo en la Feria del Libro en octubre.

¿Cree que en algún momento calmará la sed interior?

No, rotundamente, no. Espero que no la calme nunca porque eso significaría que ya estoy saciado y no tengo cosas que hacer ni pensar. Quiero seguir trabajando mientras pueda. A mis 83 años, me gusta tener proyectos pendientes, aunque sean utópicos. La sed se acabará cuando me acabe yo también.

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