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Ocio y Cultura

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Raquel Garrido: "El álbum ilustrado es un escaparate del arte, el diseño y la cultura"

La profesora de la ESDA y coeditora de Apila publica un ensayo basado en su tesis doctoral sobre es género de la literatura infantil y juvenil

Raquel Garrido. El álbum ilustrado.
Raquel Garrido es profesora de la Escuela Superior de Diseño de Aragón y coeditora de Apila.
Archivo Garrido.

Raquel, como profesora de la Escuela Superior de Diseño de Aragón y madre, ¿cómo vive la cuarentena, con niños en casa?

En mi caso se trata de una cuarentena con adolescentes. No sé si decir que es peor o mejor que con niños. Pero en ambos casos creo que lo importante es procurar que todo sea normal dentro de lo anormal que es todo.

¿Esta época, de psicosis y de enclaustramiento forzoso, se puede remediar con cuentos, con juegos, cómo lo hacen?

Por las mañanas es tiempo de deberes, de estudio, de trabajo. Pero también de participar en las tareas de la casa. Las tardes están destinadas a lo lúdico. Es el momento de compartir cuentos y juegos. Las redes sociales se están llenando de cuentacuentos y de actividades para niños. La imaginación es un importante refugio, cuando estamos absortos leyendo un libro o viendo una película se nos olvida nuestra realidad y el tiempo vuela.

¿Qué presencia y qué importancia tiene el álbum ilustrado dentro de la literatura infantil? Acaba de publica ‘Texto e imagen. La experiencia lectora en el álbum ilustrado’ (Cénlit).

En las últimas décadas el álbum infantil se ha convertido en el principal género literario para el público entre dos y siete años. El hecho de que en el álbum se den cita no solo el texto y la imagen (la literatura y la ilustración artística) sino también la comunicación, la estética, las emociones y los sentimientos, la pedagogía y los valores educativos, etc., ha contribuido a hacer del álbum ilustrado un producto bibliográfico en alza.

¿Y pedagógico?

Claro. Actualmente incluso muchos maestros y maestras utilizan álbumes para generar actividades y contenidos curriculares para las aulas de infantil y primer ciclo de primaria. Parece indudable que en la sociedad del futuro a corto y a medio plazo la imagen va a ser la protagonista en la comunicación, el ocio, la cultura… Por ello, cada vez es más necesario enseñar a los niños a leer las imágenes y un instrumento de enorme utilidad en ese sentido es, sin lugar a dudas, el álbum ilustrado.

En el libro, más que entrar a saco definiendo el álbum, tomas otro camino: dice lo que no es. ¿Podría recordar qué es un álbum ilustrado?

Ja , ja, ja. La característica por excelencia del álbum es la importancia de la imagen frente al texto y su mayor presencia física, pero hay muchos libros para niños que, aun compartiendo esa característica, no pueden definirse como álbum. Un género de la literatura, especialmente de la infantil, pero sin olvidar el álbum para adultos que está empezando a cobrar cada vez más importancia, con la ilustración como seña de identidad, con una cuidada edición, que le lleva más allá del libro para convertirse en libro-objeto.

Raquel Garrido. El álbum ilustrado.
Una de las imágenes del elefante Babar, pionero en el álbum infantil.
Brunhoff.

¿Qué diferencia existe entre un libro y un álbum ilustrados?

La diferencia fundamental es, no solo la cantidad de imágenes, sino el hecho de que si perdiera esas ilustraciones el significado de la historia quedaría incompleto. Las imágenes condicionan la percepción del lector de los ambientes, los personajes y las situaciones, potenciando el mensaje del texto e, incluso, contribuyen a generar en él emociones, sentimientos y empatía. Sin duda la ilustración es lo esencial en su definición. Por eso es un error valorarlo solo desde aspectos literarios, como se hace en ocasiones desde el ámbito de la investigación, y por eso también los expertos en comunicación y arte visual son los más indicados para su estudio y crítica.

¿Desde cuándo puede hablarse de álbum ilustrado propiamente, en qué país nació?

Los antecedentes podemos verlos en Inglaterra, en el último cuarto del siglo XIX, de la mano de editores como Edmund Evans o George Routledge y de autores como Randolph Caldecott, que empezó a utilizar en sus libros las imágenes para contar cosas que las palabras no decían y las palabras para explicar lo que las imágenes no expresaban, o de Kate Greenaway cuyo libro A apple pie es considerado el primer precedente claro del álbum ilustrado por la importancia en él del peso visual.

Habla de alguien tan familiar como Babar.

Sí. En 1931 el pintor Jean Brunhoff comenzó a dibujar las historias que su mujer inventaba para sus hijos convirtiéndolas en cuentos ilustrados protagonizados por un elefante de líneas sencillas, Babar. Pronto se convirtieron en una colección de libros ilustrados que encajan perfectamente en lo que hoy llamamos álbum y de los que deriva su concepto de obra de arte. En este sentido, los años 60 supusieron la consagración del género tal y como lo entendemos en la actualidad con la publicación de varios libros que consolidaron al álbum como un campo para la experimentación visual; ‘Pequeño azul, pequeño amarillo’ y ‘Frederick’ de Leo Lionni, ‘Los tres bandidos’ de Tomi Ungerer, ‘Donde viven los monstruos’ de Maurice Sendak y ‘La oruguita glotona’ de Eric Carle.

¿Cómo hay que verlo, cómo hay que leerlo?

No basta con verlo, hay que mirarlo. No es suficiente con leerlo, hay que comprenderlo. Hay que dejarse llevar por las ilustraciones y prestar atención a los textos; jugar y dejarse enredar al mismo tiempo con las palabras y con las imágenes, igual que con una película subtitulada. Un buen álbum nos permitirá leerlo y recorrer sus imágenes una y otra vez porque siempre podremos encontrar algo nuevo, un pequeño detalle, un guiño al lector, un significado distinto.

Aunque no todos son iguales, ¿cuál es la relación entre texto e imagen, debe haber un equilibrio o no?

Se suele considerar álbum al libro ilustrado con un peso superior al 50% de la imagen sobre el texto, pero a partir de ahí caben muchas posibilidades. Hay álbumes sin palabras, por ejemplo. Muchas veces depende de la idea, de la historia. Hay historias que necesitan pocas palabras y que demandan un mayor soporte visual y viceversa. Es muy importante para los autores y los editores que exista una armonía entre ambos sin que eso signifique un reparto equilibrado.

¿En qué medida el álbum ilustrado es un estandarte o un escaparate del arte contemporáneo?

El oficio del ilustrador siempre ha estado ligado al arte, es difícil desvincular ambos. La tradición artística, por un lado, y las tendencias actuales, por otro, son fuentes primordiales para los ilustradores, que en el álbum pueden experimentar libremente en lo formal y en lo técnico.

¿Podría darnos algunos ejemplos?

Podemos ver las huellas del Hiperrealismo en los álbumes de Roberto Innoccenti, el Näif en los dibujos de Mariana Ruiz Johnson, el Surrealismo en las imágenes de Manuel Marsol, el Expresionismo en los trabajos de Jesús Cisneros, el Minimalismo en los libros de Chris Haughton o el Cubismo en las ilustraciones de Alberto Gamón, por poner algunos ejemplos. El álbum es un escaparate del arte, la cultura y el diseño, y tiene una importante misión que cumplir: introducir a los niños en el lenguaje estético y servir como educador de la sensibilidad artística

"Aragón goza de gran reconocimiento a nivel nacional por la calidad de sus ilustradores y autores y por el impulso para su renovación proveniente de pequeñas editoriales que se van abriendo paso"

¿Qué ha pasado en Aragón en el último cuarto de siglo con la LIJ? ¿Estamos o no en una Edad de Oro?

Aragón goza de gran reconocimiento a nivel nacional por la calidad de sus ilustradores y autores y por el impulso para su renovación proveniente de pequeñas editoriales que se van abriendo paso. Nombres como los de Jesús Cisneros, Antonio Santos, Elisa Arguilé, Isidro Ferrer, David Guirao, Edu Flores, Ana Lartitegui, Grassa Toro, Sergio Lairla, Daniel Nesquens, Fernando Lalana, David Lozano, Ana Alcolea, Begoña Oro, Javier Hernández, Javier Sáez Castán o Pepe Serrano, por nombrar unos cuantos, nos ponen en la primera línea del panorama nacional de la LIJ. Aunque, tal vez, seamos los propios aragoneses los que menos valoremos nuestra realidad.

¿Qué álbumes la han conmovido especialmente de Aragón en los últimos tiempos?

La editorial Pintacoda publicó hace poco, ‘Tea’ de Alejandra González, un libro para que los niños entendieran lo que siente un niño con autismo, para que se pusieran en su piel. Me parece muy valiente y conmovedor. El álbum ‘Un árbol’ de Rodrigo Mattioli, que publicamos desde Apila hace unos meses, también me conmueve a pesar de sabérmelo de memoria y de haberle dedicado tantas horas. Cuando llego al final todavía me quedo con una sonrisa y me sigue emocionando el mensaje que tiene detrás: a veces una simple decisión puede transformar lo que nos rodea.

Elíjanos dos o tres nacionales y dos o tres internacionales.

Es muy difícil quedarme con tan solo dos o tres de cada. Pero por destacar algunos títulos muy diferentes entre sí elegiría los siguientes: Entre los internacionales… ‘Yo quiero mi gorro’ de Jon Klassen. Sus personajes aparentemente inexpresivos y estáticos, sin embargo, lo dicen todo tan solo con sus vivas miradas, son fascinantes, y su sentido del humor marcado por la ironía es genial. ‘La ola’ de Suzy Lee. Un álbum sin palabras, dos colores el azul del mar y el negro del grafito para la niña y la gaviota, es un alarde de belleza y sensibilidad. ‘Un león en París’, de Beatice Alemagna. Un libro para niños de corta edad con textos muy breves que relatan la historia de un león perdido en París a través de unas divertidas ilustraciones vanguardistas de collage y grafito.

"Los niños son grandes devoradores 
de álbum infantil"

¿De los nacionales?

‘Soy un artista’ de Marta Altés, publicado en Inglaterra. Un gran ejemplo de cómo el texto necesita de la imagen en el álbum. Un homenaje a las técnicas artísticas y los elementos plásticos a través de la mirada incomprendida de un niño. Divertido y provocador. ‘El príncipe de los enredos’ de Roger Olmos con texto de Roberto Aliaga. Una fábula inteligente con un texto poético y unas ilustraciones minuciosas que consiguen generar en el lector el desasosiego que la historia trasmite. ‘Leotolda’ de Olga de Dios. Muy arriesgado a nivel estético con ilustración a tres tintas de colores flúor con los que la autora crea un mundo singular, un paraíso visual en el que recrearse siguiendo a los singulares protagonistas en la búsqueda de su amiga Leotolda.

Apila consolida su trayectoria y sus premios. ¿Qué aportan al panorama de la edición?

Nuestra apuesta es por el álbum ilustrado y nuestro compromiso el de cuidar la calidad plástica y literaria para hacer libros pensados para los niños y disfrutados tanto por niños como por adultos. Además, apostamos por nuestros propios proyectos, no compramos derechos de libros ya publicados en otros países. Así surge también nuestra iniciativa de dar la primera oportunidad a ilustradores noveles a través del Premio Apila Primera Impresión. El último lo ha ganado Vera Galindo. Por eso cada nuevo álbum es para nosotros, para Edu Flores y para mí, un reto. Cada álbum que publicamos lo cuidamos, lo acompañamos y lo mimamos. Nuestros libros llegan, en castellano, a todos los rincones de España y a prácticamente toda Latinoamérica y EEUU, y traducidos a otros idiomas, a múltiples rincones de todo el mundo.

¿Cómo reciben los niños el álbum ilustrado?

No hay nada mejor que ver la carita de los niños cuando descubren un álbum que les gusta y les atrapa con sus imágenes y su historia. Los niños son grandes devoradores de álbum infantil.

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