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Ocio y Cultura

LITERATURA

Bárbara Armstrong: "El erotismo aporta una suave violencia a los poemas"

Bárbara Giménez Próspero (Monzón, 1991) acaba de publicar con la editorial Zoográfico su primer poemario ‘Las chicas ya no leen cuentos’.

La poeta, fotografiada esta semana en Zaragoza.
La poeta, fotografiada esta semana en Zaragoza.
Guillermo Mestre

Con ese apellido imagino que será usted familiar de astronautas...

También pudiera serlo de ciclistas o trompetistas. No. Me apellido Giménez Próspero, pero en su momento empecé escribiendo con un apellido ficticio en las redes sociales. Todo viene de cuando tenía 16 años y me encantaba el punk americano. Era muy fan de Green Day, estaba enamoradísima de Billie Joe Armstrong y cogí su apellido prestado para mi heterónimo poético.

Me cuentan que lo vendió todo en la última feria del libro aragonés de Monzón.

Llevamos poco más de medio centenar de ejemplares y sí, se vendieron todos. Presentamos el libro allí y fue toda una experiencia porque yo siempre había vivido la feria desde el otro lado del estand.

¿Cuándo empezó a escribir?

De pequeña, pero entonces no lo hacía en verso, me gustaba más la prosa poética. Después comencé con los microrrelatos y me sentí muy arropada en los círculos de Zaragoza: la Bóveda del Albergue, las Noches de Poemia, los Altercados ‘Slam’... Colgaba algunos textos en Facebook y tenía mi blog, La Luz Roja de Roxanne.

Curioso nombre...

Estuve de Erasmus en Ámsterdam y me impresionó mucho ver a las mujeres expuestas en una vitrina en el barrio rojo. Me chocó. Me sentía como una acosadora, como si las consumiera, se desnudaban delante de un público diverso y lo hacían con dignidad.

La mujer es un tema que está muy presente en su poemario.

No solo hay poemas explícitamente feministas –que creo que es una característica transversal del libro–, sino también textos más introspectivos sobre la disociación personal, la búsqueda de una identidad, las taras de nuestra generación...

También hay poemas muy carnales y muy físicos.

Quizá tenga que ver que estudié Psicología y Terapia de Pareja. Me interesa mucho una esfera del conocimiento íntimo y creo que el erotismo añade un golpe sensible, una suave violencia a los poemas.

¿El amor se esbafa?

Jajajá. Ese es uno de los guiños que hago al aragonés en un texto. Me siento identificada con la cultura popular, con un lenguaje poético pero también cercano y sencillo. Me gusta la fusión de un léxico más añejo y elevado junto a algo en apariencia simple: también se puede hacer una metáfora cuidada hablando de tangas.

Incluye citas de Miguel Hernández o Eduardo Galeano.

Recuerdo muchos de sus poemas con cariño porque me han ido acompañando en los últimos años. Igualmente aparecen autoras como Mary Wollstonecraft, Virginia Woolf, Alejandra Pizarnik o la aragonesa Begoña Abad.

Y combina referentes históricos y televisivos.

Juana de Arco o Kaleshi tienen la capacidad de generar una emoción, sentirte removido, no dejar indiferente. Lo bueno de la poesía contemporánea es que ha roto muchas barreras y ha buscado nuevos registros para acercarse a la emotividad del lector.

¿Cómo es su proceso creativo? ¿Escribe de día, de noche, en soledad, compañía...?

Es muy arbitrario y al margen de mi control. Voy con mil libretas porque de pronto me surgen ideas y tengo que apuntarlas. Un día en clase a un niño de seis años se le cayó un diente de leche y me preguntó: "Bárbara, ¿ya soy viejo?". De ahí surgió un poema.

Viniendo de internet, ¿es un logro editar un libro físico?

¡Es una fantasía! Todo este proceso lo he vivido como una colegiala entusiasta. De pequeña mi tienda favorita eran las papelerías y las librerías. Quería regentar una, pero ahora me conformo con ver mi libro ahí, en un estante.

¿Qué libros recomendaría para regalar esta Navidad?

No se suele recomendar teatro y ‘Donde haya ministros un final feliz es imposible’, de Carlos Espejo, es un texto maravilloso. También regalaría cualquier novela de Lorenzo Mediano o algún poemario de Antoine Lamarck.

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