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Ocio y Cultura

Una Torre Nueva metálica en el corazón del viejo Madrid

Un estudio de Manuel García Guatas revela datos desconocidos de esta pieza, realizada por el zaragozano Valero Tiestos en 1874 para el Arqueológico Nacional

La maqueta de la Torre Nueva, tal y como se expone en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.
La maqueta de la Torre Nueva, tal y como se expone en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.
Enrique Cidoncha

Quienes visiten el Museo Arqueológico Nacional en Madrid descubrirán una pieza curiosa en una de las salas de arte medieval: la reproducción de una torre mudéjar en metal, de gran belleza y elaborada con mucho detalle. Solo los visitantes aragoneses más avispados, al comprobar su inclinación, sospechan lo que confirma su cartela: es una reproducción de la antigua Torre Nueva de Zaragoza. Pero ¿qué artista hizo una pieza tan bella y con tanto detalle? ¿Cómo llegó allí?

La respuesta a estas preguntas las da el historiador del arte Manuel García Guatas en el último ‘Boletín del Museo Arqueológico Nacional’. «Esa pieza le fue encargada en 1874 por el propio museo, junto a otra maqueta más, de la Puerta del Sol de Toledo al metalista zaragozano Valero Tiestos –relata–. Era uno de los mejores artesanos de su época, y las maquetas las realizó en zinc repujado. Se da la circunstancia de que la maqueta de la Puerta del Sol de Toledo desapareció durante la guerra civil española».

La maqueta es interesante en muchos sentidos pero, principalmente, porque se conservan muy pocas fotografías de la torre antes de 1878, año en que se eliminó el triple chapitel que la coronaba.

En el cuerpo central de la maqueta pueden verse, por ejemplo, los escudos de Zaragoza que poseía, y que tampoco suelen verse en las fotos. Uno de ellos se conserva en el Museo de Zaragoza.

La maqueta mide 230 por 30 centímetros y está pintada de color marrón, imitando el color del ladrillo. Según García Guatas, Valero Tiestos pidió 10.000 reales por las dos piezas y el museo accedió a pagarle 8.000.

La obra debió tener una gran aceptación en su época, hasta el punto de que el Ayuntamiento de Zaragoza le pagó 400 pesetas para que realizara otra pieza similar, ésta en hoja de lata repujada, «a escala de dos centímetros por metro, que sirva para recordar constantemente el edificio de que se trata».

Nada se sabe del paradero de esta otra maqueta, que seguramente fue la que se presentó en la Exposición Regional Aragonesa de 1885

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